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La sociedad digital.

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Todos estamos inmersos en el monitor, en el teclado, en el estátus. Escribimos incesantemente que nos pasa, con la esperanza de hacer eco en alguna alma solitaria que replique lo que decimos y no sentirnos tan solos. Leemos y leemos historias que podrían ser las nuestras y a veces nos quedamos en el vouyerismo digital para no involucrarnos y gritar que estamos igual de bien o igual de mal. Todo esto lo hacemos desde una computadora, un teléfono, desde un café, escondiéndonos de nuestro jefe, de nuestros amigos, desde el baño, en un semáforo o mientras esperamos el transporte. Somos jóvenes, adultos, viejos, ingenieros, licenciados, desempleados, amas de casa, choferes, estudiantes, archivistas, geeks o wanabees. No somos nadie y somos uno; somos la sociedad digital.

Mi reciente visita a Campus Party México (si no saben qué es vean este video) me mostró un mundo del que tenía mucha idea pero que nunca me había metido de lleno. Ver a más de 6,000 personas encerradas en un recinto haciendo algo que en otras épocas hubiera levantado muchas cejas fue en verdad impresionante. Decenas de mesas enormes con cables saliendo de todos lados con miles y miles de personas conectadas simultanemente, compartiendo contenidos, algunos bajando otros, otros jugando en línea, muchísimos escuchando, bebiendo las palabras de los conferenciantes, disfrutando de cosas tan absurdas como la manera de configurar un firewall o el mejor modo de cablear una computadora enfriada por aceite mineral.

Ellos, nosotros somos la sociedad digital, los que nos encontramos todos los días en las redes sociales -a pregunta expresa de un ponente, quien no tuviera Twitter que levantara la mano, nadie la levantó-, los que comprtimos desde lo más interesante hasta lo más banal, los que no nos gustas que las estrellitas de radio, TV, prensa y cine pretendan utilizarnos como vehículo comercial de sus productos. Nosotros somos la sociedad digital.

Y no estamos locos, ni estamos alienados ni somos unos raros que solo vivimos en las pantallas y en los teclados. Somos un hervidero de ideas, muchas inoperantes por las condiciones economicas y culturales de México, de proyectos que con poco dinero podrían cambiar la vida de mucha gente -recuerdo una computadora que a la vez era escritorio, desarrollado por estudiantes de la Universidad de Cuautitlán Izcalli, ideal para casas de interés social-, de una pasión por la tecnología y con la creatividad que sólo la estrechez económica puede dar. Eso somos en la sociedad digital.

Pero como en toda sociedad nos criticamos, nos bloqueamos, nos agredimos, nos descalificamos. Muchos pretenden ser lo que no son y otros no pueden ser lo que pueden llegar a ser. Tenemos rencores, disputas absurdas, cotos de poder. Nos seguimos tratando como en la escuela, cuando el nerd no dejaba copiar a sus compañeros, con la diferencia que hoy tenemos que ser la sociedad más abierta a la innovación y a las ideas, a compartir y promover el conocimiento. No podemos ser tan mexicanos (y no me reclamen, ya saben a que me refiero) si queremos ser parte de la sociedad digital global.

Tanto acceso con tan poca visión nos va a mantener al margen de una corriente que en todo el mundo está arrasando y aquí nomás no termina de despegar.

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Cuando pase el temblor.

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Antes de nada, quiero mandar mi solidaridad a todos los chilenos. Como residente de una zona sísmica y conocedor de los estragos de la fuerza de la naturaleza, los entiendo y aprecio. Espero que se levanten pronto de ésta, de lo cual estoy seguro por ser un pueblo conciente y preparado.

El terremoto de Chile es un ejemplo más de la efectividad de la comunicación digital. Casualmente, ese día estabamos trabajando en un proyecto hasta altas horas de la madrugada y me enteré casi de inmediato de lo que había pasado. Mónica Rincón (@tvn_monicar en Twitter) de TVN (Televisión Nacional de Chile) hizo una extraordiaria cobertura en vivo casi inmediatamente después del primer sismo y durante innumerables y potentes réplicas, que se había reportado de 8.8 grados, el séptimo más poderoso de la historia. Gracias a que la señal de TVN pudo continuar su transmisión a través de internet, miles de tuiteros de todo el mundo nos sumamos a replicar la información en el momento que estaba sucediendo y nos convertimos en una fuente de infomación escencial para las personas que estaban preocupadas por sus familiares y amigos en Chile. Varias personas se dedicaron durante días exclusivamente a contactar gente entre si, avisando de algún desaparecido o que simplemente no había modo de contactarlo por medios tradicionales. La red humana que se formó utilizando Twitter, Facebook y otras redes fue invaluable en este dificil momento para los chilenos.

¿Qué sucedería si esta espontánea muestra de solidaridad fuera un procedimiento estándar en estas situaciones? ¿Porqué no contar con un sistema de comunicación al cual cualquiera se pudiera referenciar y se usara el poder de la gente para mover la información? Esa noche, está claro que los medios tradicionales no se enteraron hasta horas después, por lo menos en México, de lo que estaba pasando. Ciro Gómez Leyva había hablado pestes de Twitter apenas unas horas antes en su columna del Milenio, diciendo básicamente que Twitter nos quería matar de miedo ya que la información que por ahí corría no es confiable; hasta donde yo se, el no comentó absolutamente nada acerca del temblor hasta el día siguiente. TVN lo hizo a través de una plataforma digital, ya que la TV tradicional estaba fuera de servicio por los cortes de energía. La gente se enteraba a través de los móviles, sobre todo, de lo que estaba pasando. Pero todo esto se hizo, repito, de una manera espontánea, sin cabeza ni orden y sin más lineamiento que las ganas de ciertas personas de ayudar.

Ya lo he dicho yo y lo han repetido muchos. Las redes sociales no son fuente de información, ya que son el cúmulo delas opiniones de millones de personas. En países europeos, los periodistas y los centros de recopilación de información las usan como el que tiene el scanner de la policía prendido para enterarse de lo que pasa y a partir de ahí investigar y discriminar lo que es real y lo que no. Pero lo que si es una realidad es que la gente, por lo menos la gran mayoría, no se mete a las redes a inventar cosas a ver que pasa. No niego que suceda, pero no es la generalidad. La conversación que está sucediendo puede tener un gran valor social, como quedó demostrado en el sismo chileno.

¿Cómo se puede generar un sistema de alerta y de información en casos de desastre utilizando las redes sociales como vehículo? Esperemos que no se empiece a pensar en esto cuando pase el temblor.

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La vida 2.0

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Desde hace tiempo no vivo mucho en México. Vivo en internet. Ahí es donde conozco gente, me informo, compro, vendo, me comunico, hago negocio, me enojo y me da una alegría indescritible reencontrarme con gente que ha formado mi vida. Comparto puntos de vista, me relaciono, me asesoro y ayudo. Todo desde el teclado de mi máquina o de mi teléfono.

Hace un par de meses, una persona a la que considero bastante inteligente me dijo (verbatim) que “las redes sociales no son mas que un juego para retrasados mentales que tienen miedo de relacionarse de verdad”. Además de la puñalada que sentí que me daba en la espalda, me puse a pensar que este compañero, de mi edad (yo tengo 42 otoños) está completamente alienado de la manera como se está viviendo en el mundo. Lo imagino perfecto en una papelería comprando una monografía, donde le explicará un autor de hace 35 ó 40 años los colores de la bandera. Sus hijos serán como Manolito de Mafalda, cuando la escuela entera se sorprendió porque no tenía televisión. Hoy, si no estás conectado, estás tan fuera del círculo como podría estar un bosquimano o un campesino de la Sierra Negra.

No es que tenga problemas para relacionarme. Al contrario. Pero he aprendido a convivir en otro nivel, o “multinivel”, con conversaciones no lineales, referencias cruzadas, evolución y velocidad de la tecnología, negocios en línea, facturas electrónicas y herramientas digitales que me permiten ser más eficiente y sobre todo más competitivo.

O tal vez son las tres de la mañana y yo no me puedo despegar de mi computadora.

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Estrellitas y estrellados

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La estratósfera de las redes sociales se ha plagado de estrellas. Todos los “famosos” se quieren meter, quieren ser alguien ahi, quieren tener sus clubes de fans, quieren extender la “experiencia de uso” en lo que se han convertido al plano digital. Pero desafortunadamente no están bien asesorados o sienten que lo están haciendo bien. Bueno, desde mi butaca, no es así.

Con algunas excepciones, los personajes públicos fallan terriblemente en su estrategia de ingresar a las redes sociales. Actores, escritores, cantantes, periodistas y políticos se dan de alta en una red con la intención de venderse más. Por el simple hecho de poner su nombre, un rebaño de seguidores aparece y crean verdaderos tumultos cibernéticos que normalmente no tienen ni pies ni cabeza. No se deciden si utilizar las redes como un foro de promoción, un espacio para mostrar su verdadero yo, un lugar donde intentan convivir (que en la mayoría de los casos, la convivencia se limita a escuchar cientos de alabanzas o reclamos sin contestar) o simplemente para ver y ser vistos.

Como ya hemos dicho aquí y se ha dicho en otros espacios más sabios, las redes sociales son lugares para la conversación. Y no se puede conversar con 250,000 seguidores. Ahi lo que estás haciendo es pregonar, porque no se puede platicar ni entender lo que te dicen en esas circunstancias. ¿Para qué hacerlo entonces, para qué intentar entar en un medio interactivo donde no interactúas? Porque para comunicar mensajes como los que se ilustran a continuación, creo que podríamos ahorránoslos todos:

Este es el twitt más reciente de una de las personas con más seguidores en el medio de la farándula mexicana. Si esto es elevar el nivel de la conversación, creo que el equivocado soy yo.

No se trata de citar sesudamente a los clásicos ni que cada momento de la conversación se vuelvan perlas de sabiduría. Pero tener acceso literlamente a cientos de miles de personas desde la comodidad de un teléfono o de una computadora debería llamar un poco la atención a la responsabilidad que conlleva un gran poder, parafraseando al Hombre Araña. Todas estas estrellitas tienen el poder de convocatoria suficiente para lograr grandes cosas entre sus seguidores, no solo bramar idioteces como esta. Ya tienen el foro, el público, el medio, la atención, pero les falta el contenido.

Por eso les digo a todas las estrellas que se quieren meter a este universo: ayúdenos a elevar el nivel del discurso. No sean tan banales ni superficiales. Esta no es una extensión de su escenario o de su micrófono. No pontifiquen. Escuchen, involúcrense, den la pauta para que causas importantes como la educación o la seguridad tengan cabida en sus audiencias. En pocas palabras, aplíquense y asesórense. No vayan a salir estrellados.

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