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El remedio, el trapito y úntemelo usted tantito.
4Hoy tuve el honor de ser invitado a participar en una conferencia organizada por la Secretaría de Gobernación llamada Ciudadanía 2.0, en la que se están tocando temas concernientes al uso de las plataformas digitales para la creación de una nueva forma de actuación ciudadana. El tema que me tocó tratar fue el uso de las redes sociales como un vehículo para lograr la recaudación de fondos para organizaciones no lucrativas y utilizamos el tema de la Twittposada (la fiesta tuitera que hicimos en diciembre y de la cual recaudamos fondos para hacer un centro de cómputo para la Casa Hogar Alegría). La presentación muy divertida, eramos cuatro panelistas (pateandopiedras.com, Twestival, Telmex y su servidor), todos dimos nuestros puntos de vista, compartimos nuestra experiencia, dimos tips creo que muy aterrizados y hasta aplausos nos dieron. Todo iba perfecto hasta llegar al momento de las preguntas y respuestas; tomó la palabra un compadre -que según me explicaron había estado haciendo eso todo el día- y se dedicó no solo a cuestionar específicamente las razones que nos llevó a hacer la posada sino incluso a descalificar la labor ya que no tenía un alcance universal. Yo que soy de mecha corta en ese sentido, la verdad le contesté medio feo, pero fui altamente reconocido porque el compa ya tenía hasta el gorro a todos con el mismo discurso. Y al salir me puse a pensar.
Es muy facil criticar; las razones por las que decidimos donar el dinero y no revantárnoslo en un viaje de 80,000 pesos fueron puramente sentimentales. Creiamos en el proyecto y en los principios que nos llevaron a hacerlo. No, no curamos el cáncer. No, no descubrimos cómo darle de comer a la humanidad. Pero si le dimos a 32 niñas un centro de cómputo nuevecito, salido de la caja, que les permitirá tener acceso a un mundo que antes no tenían. Pero este tipo de personas son exactamente a las que me he referido en el pasado, esos quejumbrosos que todo lo quieren peladito y en la boca, que llegan con una mano en la cintura a criticar la labor de los demás sin hacer absolutamente nada. Esos que siguen creyendo que el mundo les debe algo y que los que nos plantamos frente a ellos para compartirles ideas -que dicho sea de paso, no tenemos porqué- y que son incapaces de pensar de manera original, de sintetizar lo que se les está diciendo y de proponer nuevas formas de generar recursos para lo que sea.
Este tipo de personas me dan entre rabia y tristeza. Son el ejemplo perfecto de lo que nos tiene en el suelo como país. El veneno en lo que decía se olía a kilómetros. Ni una palabra positiva de los que hicimos. Ni una. Solamente sus ideas de cómo debe funcionar el mundo, que se podría resumir en: “me das el remedio, el trapito y úntemelo usted tantito”. Ni hablar. Seguiré promoviendo el trabajo hormiga como base para salir del hoyo en el que estamos.
Comenten y aporten.
¿Qué le dicen a Simón?