Redes sociales

Jon “Maddog” Hall en Campus Party México

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Jon “Maddog” Hall from Alex Simon on Vimeo.

Chespirito y la vorágine informativa.

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Hace unos días desperté con la noticia que Chespirito, a sus 82 años, está en Twitter. Esto levantó una ola bastatnte peculiar, de defensores y detractores, que logró que el creador del Chavo generara decenas de miles de seguidores en sólo unas horas (al momento de escribir esto, tiene más 600,000).

Pero esta es solo la primera de las cosas de las que me debo ocupar en mi travesía por el mundo digital; me entero de lo “último” de la Guardería ABC, debo chutarme los pormenores de las celebraciones del triunfo de los equipos deportivos de los que son hinchas, enterarme que jugará México contra Cuba en algún torneo. Me mandan decenas de ligas, las cuales reviso, que van desde chismes de farándula hasta la última mejora de Windows Wathever para que dependas más de los antivirus. Todo esto sin contar las expresiones personales, los dolores de amor, las pedas sabatinas, los poetastros y las damas sexosas. Las cenas, los escándalos, los desayunos, los buenos días y las buenas noches. Y apenas son las 8 de la mañana. Y apenas he revisado el timeline de Twitter.

Si me pongo a revisar mi(s) correo(s), la situación es similar. Peticiones de cotización, información de clientes, newsletters a los que estoy suscrito, los RSSs, los Daylies y los blogs. Además, entro a las páginas que habitualmente reviso, busco en google alguna información que quedó pendiente de la semana o que se me cruzó en el camino. Y no he salido de mi casa.

Tengo evento de mis hijos y su escuela. Salgo y tengo que revisar las nuevas rutas para salir de casa, ya que toda la ciudad está en obras. Al pasar por Periférico, veo todos los mensajes de la información de la obra: cuanto tiempo me voy a ahorrar, cuanto se está invirtiendo, a cuantos habitantes va a beneficiar (supongo que soy uno de ellos). Voy pasando por calles y avenidas que me dicen que refresco tomar, con qué crédito embarcarme, qué condón usar para estar seguro, a dónde dirigirme si soy una muchachita embarzada, el teléfono del consumiro si soy víctima de un abuso, cientos de bellas mujeres se me presentan en los anuncios, tratando de convencerme con su imagen de consumir desde colchones hasta rasuradoras. Y todavía no llego al estadio donde es el juego de mi hijo.

Llego con los papás, me tengo que acordar de la última vez que los vi, sus nombres, de qué hablamos, del nombre de sus hijos, sus posiciones en el juego. Me tengo que acordar de hacer checkin de Foresquare, porque solo me faltan 5 visitas al Starbucks para ser el mayor. Mientras me tomo mi café, tuitéo. Me tengo que acordar de las conversaciones vigentes, de los temas de los que se hablaban. Recibo una llamada de un cliente. Tengo que recordar todo de su proyecto, el status y la liga donde debe revisar sus cosas. Y son apenas las 11 am. Y ya quiero que me hagan una lobotomía para sacarme de la cabeza toda la información que he tenido que procesar en las últimas 3 horas.

Yo me considero una persona bastante capaz. Pero hay momentos que, de plano, me dan ganas de tirar la toalla. La vorágine de estímulos informativos que tenemos que procesar todos los días en enorme, dispersa, contradictoria. No hay modo que un país con 8 años promedio de escolaridad la gente pueda tomar decisiones correctas con la paella informativa que se le presenta. Y mi teoría es que todo esto es un plan perfectamente bien orquestado para mantener a la gente dentro del huracán y que nunca pueda salir de ahí.

Y Chespirito, ¿qué?

Comenten, aporten y síganme los buenos. Porque yo como digo una cosa, digo otra.

El fin del mundo

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Estamos a menos de 100 días del siguiente fin del mundo. Les quiero compartir este texto que escribí el año pasado. Si. El mundo también se iba a acabar el año pasado. (Entran risas grabadas).

Disfrútenlo.

Tras algún tiempo de ausencia, retomamos esta bonita costumbre de vaciar las ideas en el blog. Muchas cosas han pasado en mi vida; si las quieren saber, les recomiendo que me mejor me inviten unas cervezas, ya que no suelo ventilar mis asuntos personales así como así.

Pero hoy nos compete algo mucho más importante: el fin del mundo. Como este puede ser mi último post, preferí dejar por escrito, en caso de que sobrevivan los servidores que amablemente hostean estas palabras, mi opinión con respecto a esto.

Cada cierto tiempo, los agoreros de terror nos dicen la hora y el día en el que dejaremos de existir. Hoy, gracias a todos los que participamos de las redes sociales y de los medios digitales, logramos darles una amplificación que nunca hubiera pensado el loco con el cartel colgando en el cuello. Recibimos como verdades absolutas cualquier contenido que pasa por nuestras manos, móviles y computadoras. Las repetimos hasta el cansancio. Como dijo Hitler, mientras más se repita una mentira, más pronto se convertirá en verdad (o algo así).

Nunca he creido en estas maldiciones; estoy convencido que el orden cósmico es perfecto y el día que nos cargue el payaso no tendrá que ver nada con nosotros o con nuestras supersticiones. Pero como hay que que abonar al terror colectivo, les voy a pasar la lista de las cosas que es imprescindible tener para pasar un fin del mundo como Dios manda.

Primero y antes que nada, una conexión móvil a internet. No creo que haya nada más molesto que ver venir una ola de 2 kilómetros de altura y no tener nadie con quien compartirlo. “Estamos a punto que nos cargue la chingada. Pls RT”

Por supuesto, tenemos que tener cerca a todos nuestros políticos. Debemos estar absolutamente seguros que también se van a extinguir, no vaya a ser.

Tener cerca a tu pareja es opcional. Siempre cabe la posibilidad que en el último momento te vaya a decir lo que realmente piensa de ti y esa no es una buena manera de irte.

Yo optaría por estar completamente desnudo cuando el meteorito nos acabe. Por ninguna razón en especial, solo me gusta andar encuerado.

Por múltiples razones que sería banal describir aquí, tener una botella del vino más fuerte y una banderola de Universidad.

Si crees en eso, ten cerca todos tus objetos religiosos. Total, te falta muy poco para ver lo equivocado que estuviste toda la vida.

Definitivamente es un momento de reflexión. Un espejo sería ideal para lograr esto.

Todas las demás cosas que estuvieron acumulando durante la vida, desde sus cepillos de dientes hasta sus iPads, van a desaparecer en unas horas. No vale la pena traer nada de esto. Como desde el principio no valía la pena.

Por último, si se sienten muy exclusivos y no desean formar parte de una orgía de cadáveres sanguinolientos, una cápsula de cianuro siempre es efectiva e indolora. En caso de que no se acabe el mundo, hay muchas personas a las que se las recomendaría de cualquier manera.

Comenten y aporten, en caso de que les alcance el tiempo.

Que tengan un feliz fin del mundo

Jarros de Tlaquepaque

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Para mis lectores asiduos (si, les hablo a ustedes dos) les pido una disculpa por la demora en postear algo. Ya saben que esta pobreza no se va air sola y alguien tiene que pagar los ambigús (sean curiosos y busquen esta palabra).

Pero entremos en materia. Top Gear. Para ustedes que no tienen cable o no hablan inglés, este programa les sonará lejano o desconocido. El tema no es el programa, que en lo personal lo he visto algunas veces, se me hace ácido y bastante divertido. El tema es la facilidad con la que vemos la paja en el ojo ajeno y nunca, pero nunca, la viga en el propio.

El asunto es que los conductores de este programa, que se caracterizan por un estilo bastante rasposo, tuvieron a bien comentar acerca de un auto mexicano, el Mastretta (si alguno de ustedes había oído hablar de él, felicidades; para mi fue primera noticia) e hicieron comentarios en el estilo que siempre han manejado en el show, burlándose de su condición de auto mexicano y hablando acerca de los mexicanos y de México. Aquí está el video para que saquen sus propias conclusiones.

YouTube Preview Image

Independientemente de la calidad de los comentarios, que si son abiertamente burlones de México y los mexicanos, es interesante ver la reacción de la gente que se enteró -que cabe destacar que fue mínima-, del embajador de México en Gran Bretaña y de la bola de azotados en las redes sociales. El consenso casi general fue que, de tenerlos enfrente, a los conductores de Top Gear les sacarían el corazón en la piedra de sacrificios del templo mayor para mandarlo en pedazos de vuelta al Palacio de Buckingham.

Estos son los momentos en los que hay que ser mexicano para entender esta actitud. Porque solo así se puede entender que alguien que glorifica en televisión los chistes de negros, españoles, chinos o gays se puede sorprender e incluso molestar porque hablen mal de él. Así entenderían porqué solo nosotros tenemos el derecho divino de hablar mal de México y le prohibimos al resto del mundo hacerlo. Sabrían porqué podemos solidarizarnos con haitianos o egipcios y nos importa muy poco lo que sucede todos los días en la esquina de nuestra casa. Tendría clara la razón por la cual nos sorprendemos de que un programa de TV en otro país hable basura de nostros y no se percata del narco, la corrupción, la falta de solidaridad, la pobreza y todos los males que nos aquejan. No nos gusta que piensen que andamos en burro y dormimos bajo un nopal, pero tampoco hacemos mucho por cambiar esa imagen, ni nosotros ni el gobierno. Nos parece “simpático” que un compadre se vaya a mear a la flama perpetua de los caídos de la Segunda Guerra Mundial en Francia (lo que es un insulto mayor) y no lo censuramos; por el contrario, le apludimos los “huevos de enseñarles a esos pinches franceses lo chingones que somos” (este es un quote que le oí a alguien que por supuesto suprimí de mi lista de amigos).

Como pueblo no podemos tener una doble moral tan absurda. No está bien, no es sano y no nos lleva a ningún lado. Las críticas hay que recibirlas sin tanta agresión; por el contrario, debemos leer entre líneas que nos quieren decir, entender que la percepción es la realidad. En México somos capaces de soltar un chiste de yucatecos bajo todo el estereotipo que esta condición conlleva. Mi familia es de Yucatán y les juro que nadie habla así. Pero eso no tiene nada que ver con la vox pópuli, que ya decidió que así es y que esa es la realidad. Pasa lo mismo con los ingleses que tuvieron la “osadía de hablar mal de nuestra patria” (esto fue leído en Twitter *unfollow directo).

Ahí les va una para que se sigan enojando. No sean Jarros de Tlaquepaque. Panzones, prietos y sentidos.

Comente, aporten y no se me llenen de tamales. Feliz Candelaria

Ya viene la Twittposada 2010

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Esto logramos el año pasado. Vamos por más.

Ciudadanía 2.0

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En Junio me invitaron a participar como panelista en Ciudadanía 2.0 para hablar de la #Twittposada como un ejemplo de recaudación de fondos para instituciones no lucrativas utilizando las redes sociales.

Los principios de este evento se pueden resumir en este texto, tomado de la página de Ciudadanía 2.0

En la construcción de una nueva relación  horizontal gobierno-sociedad, en la que los ciudadanos y las instituciones crean en conjunto políticas públicas,  ser  ciudadano 2.0, es un esfuerzo que nos permite reflexionar cómo nos re-inventamos cómo ciudadanos habilitando tecnologías de información  para generar  mayor compromiso cívico.Este espacio es una plataforma de reflexión sobre nuestro ser ciudadano. Podrás informarte, comunicarte, asociarte, y generar conocimiento para poder transmitir a cada vez más personas esta transformación hacia una ciudadanía 2.0.

Les comparto el video completo. Si quieren saber más, visiten el sitio

Ecotweet, ayudando al mundo un twitt a la vez

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Ayer tuve la oportunidad de asistir,invitado amablemente por @isopixel, a la presentación formal de Ecotweet (www.ecotweet.com), una plataforma que utiliza Twitter para lograr la reducción de la huella de carbono de los usuarios que deciden utilizarla. Ecotweet es una empresa de PlanetUp, la cual se dedica a la compra de bonos de carbono en los mercados internacionales para utilizarlos en proyectos verdes, especialmente en la reforestación y en energía eólica.

EcoTweet es un original de cliente web de Twitter que pretende concienciarnos sobre la necesidad de frenas el cambio climático, donando pequeñas cantidades de dinero cada vez enviamos un tweet desde él. PlanetUp.

La integración de redes sociales en la conservación del planeta no ha ido más allá de el activismo que se detona a través de ellas. Lo interesante de Ecotweet es la liga que se hace entre la inversión publicitaria en la red y la utilización directa de estos recursos en proyectos reales y tangibles. El funcionamiento básico es entrar en la página (la que se encuentra en una versión Beta, no se me asusten si les faltan funciones) y actualizar los estátus desde ahí. Al estar identificado por IP, Ecotweet la registra y dedica una pequeña parte de sus recursos, obtenidos de dinero destinado a publicidad online, a un proyecto de conservación en la zona geográfica de la actualización. Se tiene pensado ampliar el alcance a otras redes sociales como Facebook y a generar aplicaciones móviles para Smartphones. Por lo pronto solo se puede hacer desde web.

Ecotweet no es la solución, es un hecho. Pero es definitivo que nos tenemos que preocupar por nuestro planeta; la suma de todas las acciones, desde no tirar basura, reciclar, utilizar menos nuestros vehículos y apagar focos hasta actualizar nuestro status de Twitter via Ecotweet aumentarán la posibilidad que no suframos un desastre ecológico que nos podría llevar a la extinción. Cada pequeña acción cuenta.

Si quieren más información acerca de Ecotweet o de PlanetUp, sigan en Twitter a Ian Wolff encargado en México de esta iniciativa.

Comenten, aporten y reciclen.

Bits, bytes y palmeras.

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Ya sabemos que estamos en un mundo interconectado. Y muchos de nosotros (me incluyo) sufrimos ya de estar en un ambiente hiperconectado. Hace varios años, leí una definición de este término que decía que los hiperconectados eran los individuos que recibían por lo menos una llamada a un teléfono fijo, una a celular, un correo electrónico y un fax al día. Por lo del fax se podrán dar cuenta de las fechas en que leí esto y ya desde entonces yo me consideraba en esta categoría. Hoy, con el arribo de la web 2.0, podríamos redefinirlo e incluir redes sociales, blogs, mensajes de texto y cuanta conectividad le quisiéramos incluir.

Ahora que se avecinan las vacaciones, leo en mis redes la preocupación de muchos de manterse en esta vorágine de conexiones en los sitios más recónditos a donde se irán a “desconectar” unos días.

La pura contradicción en los términos me dice muchas cosas; por ejemplo: estar al lado de una alberca, degustando de una bebida con una sombrilla de colores y viendo los gráciles cuerpos de hombre o mujeres semidesnudos tostándose al sol es un momento perfecto para tomar de entre nuestra playera o bolso nuestra BlackBerry, iPhone o cualqier teléfono inteligente para postear en Twitter o en Facebook el momento, despertando la oleada de envidias o felicitaciones de parte de la red, dependiendo de su estátus vacacional. Y de paso, porqué no revisar el correo y ver la última entrada del blog de Alex Simón, que siempre es divertidísima y súper interesante, además de ver el video que nuestro cuate subió a Vimeo o a YouTube. Todo esto sucede en un momento en el que nos estamos tratando de “desconectar” de nuestra rutina diaria, lo que me lleva a una segunda reflexión.

¿De qué nos queremos desconectar? Es claro que de nuestras redes no. Sin importar dónde nos encontremos, buscamos la manera constante de estar compartiendo nuestras vidas con aquellos que conocemos, con los que no conocemos o incluso con aquellos que sabemos que no nos tragan. Hemos generado relaciones de confianza con personas que probablemente nunca vamos a ver. Hablamos como somos y de los que pensamos si reparo alguno y vamos configurando nuestras tribus con nuestros similares. De eso no nos queremos despegar, tratamos denodadamente de estar ahí presentes. De lo que si queremos huir es de nuestras vidas diarias, del trabajo, la familia, las cuentas, el tráfico. Todo esto lo vemos como resposabilidades, como “lo que tenemos que hacer” no necesariamente lo que queremos hacer.

Pensar que estar amarrados a un aparatito es algo que queremos hacer nos coloca en un contexto muy distinto. Sabemos que ese pequeño aparato es una ventana a un mundo de experiencias, conocimiento y diversión, a nuestros amigos y familia que están en cualquier lado, a conversaciones a las 4 am tirando netas y a poder compartir nuestras borracheras, dolores, amores y rompimientos. ¿Cómo vamos a querer desconectarnos de todo esto?

Ahora que se vayan de vacaciones, los que lo van a hacer, llévense su máquina, su BB o su iPhone y compartan con nosotros sus experiencias. No se nos desconecten.

Punto y coma.

Quiero dejar constancia, antes de irme y para que quede plasmado en este medio electrónico por toda la eternidad el asco que me da saber que alguien pueda matar a una niña discapacitada de 4 años, meterla en una bolsa y dejarla debajo de una cama. En este momento no se sabe quién es el responsable de la muerte de la pequeña Paulette Gebara, aunque hay muchas dudas con respecto a la participación de uno o de los dos padres. Si fueron ellos, no me imagino dormir en una casa donde sabes que está el cadaver de tu hija que tu mataste. Pero hasta este momento y sin acusar a nadie, solo suponiendo, la pura idea me revuelve el estómago.

Gracias por chutarse este final.

Comenten y aporten.

La culpa no es del tuitero…

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Han pasado cosas terribles en los últimos días. El terremoto en Haití, con sus cientos de miles de muertos, la ayuda que no llega, la apatía de su pueblo. La represión brutal que los estudiantes venezolanos está sufriendo en Mérida en manos de su dictador Hugo Chavez. La inminente junta de los promotores del Acuerdo Antipiratería (ACTA) que se lleva a cabo en secreto. El ataque a Salvador Cabañas, delantero del América de México. Y en todos estos eventos, Twitter ha jugado un papel muy importante en conectar a las personas para informar, de primera mano, acerca de lo que está pasando.

Twitter como medio de comunicación tiene ventajas y desventajas. La principal es que normalmente es información en bruto, visto sólo a través del que publica, con las cargas educativas, emocionales o particulares que tenga el tuitero. Pero esto también es una de sus grandes ventajas, ya que por lo general no existe un interés particular más allá de dar un punto de vista. De ahí viene mi comentario.

Los medios, especialmente la prensa, se han dedicado a tener un grupo de personas que están moitoreando Twitter para saber de que va la conversación del momento. Identifica a algunos, los siguen, ven sus comentarios y a partir de ahi generan una nota que por lo general no tiene nada que ver con lo que en realidad se está discutiendo, ya que se editorizaliza en función de los intereses del periódico. Y no me refiero a los periodistas serios que utilizan Twitter para interactuar o como medio adicional, como Pepe Cárdenas, Carlos Urdiales, Leon Krauze o Jairo Calixto Albarrán, sino al medio como institución, que se nutre de fuentes para dar su punto de vista y que generalmente distorsiona.

Un ejemplo claro de esto fue el rumor que corrió acerca de la foto de Salvador Cabañas baleado. Inmediatemente surgieron voces en la prensa que los “tuiteros” (esos tuiteros revoltosos) la estaban haciendo circular, mientras justificaban esta “denuncia” publicando una imagen que además de ser muy violenta, levanta muchas cejas, las cuales no voy a comentar en este espacio.

Las redes sociales están diseñadas para que la gente comparta experiencia e ideas, no para ser fuente de información de periodistas mediocres. Me recuerdan un poco a #clientepitero, que son básicamente expertos de escritorio y que no son capaces de buscar sus propias experiencias e imprimírselas a su trabajo. La labor que los que estamos en las plataformas digitales desde nuestra trinchera está matizada definitivamente por nuestra percepción personal y por nuestros intereses; en ningún momento intentamos (salvo excepciones) imponer nuestro criterio. La mayoría queremos conocer gente con experiencas comunes, ayudar a una comunidad, desahogarnos de nuestro día a día. No pretendemos ser modelo de nada y si a alguien le interesa lo que decimos, sea bienvenido como comparsa o como crítico. Es por eso que en lo personal me molesta muchísimo que las instituciones informativas, pretendiendo ser muy “actuales, plurales y tecnológicas” se agarren de dos o tres comentarios de cualquiera que esté aquí y pretendan extrapolarlo a la opinión de una comunidad que si algo tiene es su diversidad.

Mejor ponganse a trabajar y den su opinión. Les van a comer el mandado.

Comenten y aporten.

Estrategia fallida para conversar

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Emilio el gobernador amigable

Emilio el gobernador amigable

Quiero darles la bienvenida a la nueva casa de Simón dice…, en alexsimon.com.mx. Desde aquí comenzaremos a compartir muchas más cosas con ustedes que nos hacen el favor de leernos.

Entrando en materia. El día de hoy recibí dos correos que me llamaron mucho la atención, ya que venían dirigidas a una cuenta que tengo publicada en el sitio del negocio, www.videocorporativo.com.mx. Era un correo de Emilio González, gobernador de Jalisco, en el que me anuncia que ya comenzó la construcción de la línea 3 del tren Ligero, que “incluye ciclovías, camiones tradicionales, trolebús, Macrobús y por supuesto más líneas de Tren Ligero”, según el texto del correo. El formato es muy simple, sin brandeo de ningún tipo y trae dos ligas a JaliscoWeb, su canal de YouTube (Liga 1, Liga 2). El correo está firmado simplemente como “Saludos cordiales, Emilio”.

Le agradezco profundamente al señor Gobernador la deferencia del mandarme un correo tan personal para informarme de su labor de gobierno y de las acciones que en materia de transporte, obra pública y cuidado al medio ambiente se están llevando a cabo en su estado y hermosa capital, Guadalajara. Pero también me hace levantar una ceja. Primero, porque no tengo el gusto de conocer al señor González, no tenía su correo electrónico y dudo que él haya tenido el mio, por lo que no entiendo porqué me manda un correo a mi de su cuenta y firma como si me conociera. Segundo, porque yo no vivo en Guadalajara y por más gusto que me de que los habitantes de la Perla de Occidente hoy cuenten con una tercera línea del tren Ligero, con ciclovías, camiones tradicionales, trolebús y Macrobús, no me reporta ningún beneficio y no se de qué me sirve enterarme.

Puedo deducir varias cosas que para muchos de los que me hacen favor de leer son lógicas y básicas, pero que evidentemente para el equipo de comunicación social del Gobernador no lo son tanto.

Primero. Me están spameando. Están buscando en la red la mayor cantidad posible de páginas con correos abiertos y publicados para mandar sus comunicados sin tomar en cuenta edad, religión o preferencia sexual. A ellos lo que les vale es mandarle a su jefe el numerote en el que diga “mire, patrón, mandamos 152,321 correos electrónicos con información de la labor de gobierno”, sin informarle al interfecto que por lo menos el mio no sirve para nada y quiero pensar que no soy el único.

Segundo. Lo están quemando, mi gober. Yo no se quién es usted y evidentemente usted no tiene idea de quién soy yo y sin embargo, algún genio le dijo “mire, firmamos solamente como Emilio. Así lo hacemos más personal y cercano a la gente”, y ¡zaz!, me mandan un correo en el que parece que somos cuates. No les crea. Lo único que genera es desconfianza (leer primer punto) ya que la mayoría de este tipo de correos que vienen de supuestos personajes públicos son virus.

Tercero. No conocen a su público, por no decir a sus posibles electores. Ni siquiera se están ayudando de herramientas, que no domino pero se que existen, para hacer búsquedas geográficas o demográficas, que para eso es la red. Ahi todos vamos dejando nuestro caminito de migajas electrónicas en la que decimos quién somos, donde vivimos, a qué nos dedicamos y con quién nos relacionamos y que sirven precisamente para no tener un desperdicio en la comunicación. Para eso está López Dóriga o la final del fut, no una base de datos de correos o de redes sociales.

Cuarto. Esto ya es un asunto de gusto. Por los comentarios que uno puede publicar libremente en YouTube, las menciones hacia la persona del gobernador no son lo más gratas, ya que van desde descalificaciones hacia su labor como a la elástica moral de su progenitora (sin que de este último punto yo tenga referencia válida en uno o en otro sentido). Si ya le están mentando la madre, ¿cuál es el sentido de hacer las mentadas públicas, digo yo?

Yo solo observo. Le sigo aprendiendo a esto de la red y a la manera como se usa para beneficios reales de comunicación y negocio, pero esto es a todas luces una batida por parte de un equipo de comunicación social que sigue pensando como hace 10 años, que son eones en términos del avance social en la red.

La conversación se está llevando a cabo, pero de una manera diferente. Si queremos hablar a nuestros públicos, ya no basta con informarles y menos de una manera tan mal hecha como un correo spam. Los que saben de redes sociales todo el tiempo lo dicen: hay que interactuar para conocer el pulso de lo que se dice, de lo que el público quiere escuchar y de lo que es necesario decir. Las implicaciones de la conversación también son importantes. Lo comentábamos hace un par de semanas con el supuesto regreso de Beltrones al Twitter. Hay que tener piel de acero para la crítica, más si eres un político impopular (creo que esto es pleonasmo). Si el resultado de la “estrategia” de comunicación en plataformas digitales se limita a venirme a decir que han hecho, es un FAIL con letras mayúsculas. Ya no quiero que me digas. Quiero que me escuches, que me tomes en cuenta y que estés dispuesto a aplicar lo que te digo. Los que estamos aquí no somos campesinos ni obreros, con el respeto que me merecen estas labores. Somos habitantes digitales que sabemos lo que está pasando en el mundo porque estamos conectados a él. Queremos que nos traten en consecuencia.

Y por ahí te mando la liga de mi blog, amigo gobernador. La firmo como “Saludos sinceros, tu amigo Alex”

Gracias por leernos ahora en nuestra casa nueva. Comenten y aporten.

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