Opinión

Lo que pienso de las cosas

Chespirito y la vorágine informativa.

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Hace unos días desperté con la noticia que Chespirito, a sus 82 años, está en Twitter. Esto levantó una ola bastatnte peculiar, de defensores y detractores, que logró que el creador del Chavo generara decenas de miles de seguidores en sólo unas horas (al momento de escribir esto, tiene más 600,000).

Pero esta es solo la primera de las cosas de las que me debo ocupar en mi travesía por el mundo digital; me entero de lo “último” de la Guardería ABC, debo chutarme los pormenores de las celebraciones del triunfo de los equipos deportivos de los que son hinchas, enterarme que jugará México contra Cuba en algún torneo. Me mandan decenas de ligas, las cuales reviso, que van desde chismes de farándula hasta la última mejora de Windows Wathever para que dependas más de los antivirus. Todo esto sin contar las expresiones personales, los dolores de amor, las pedas sabatinas, los poetastros y las damas sexosas. Las cenas, los escándalos, los desayunos, los buenos días y las buenas noches. Y apenas son las 8 de la mañana. Y apenas he revisado el timeline de Twitter.

Si me pongo a revisar mi(s) correo(s), la situación es similar. Peticiones de cotización, información de clientes, newsletters a los que estoy suscrito, los RSSs, los Daylies y los blogs. Además, entro a las páginas que habitualmente reviso, busco en google alguna información que quedó pendiente de la semana o que se me cruzó en el camino. Y no he salido de mi casa.

Tengo evento de mis hijos y su escuela. Salgo y tengo que revisar las nuevas rutas para salir de casa, ya que toda la ciudad está en obras. Al pasar por Periférico, veo todos los mensajes de la información de la obra: cuanto tiempo me voy a ahorrar, cuanto se está invirtiendo, a cuantos habitantes va a beneficiar (supongo que soy uno de ellos). Voy pasando por calles y avenidas que me dicen que refresco tomar, con qué crédito embarcarme, qué condón usar para estar seguro, a dónde dirigirme si soy una muchachita embarzada, el teléfono del consumiro si soy víctima de un abuso, cientos de bellas mujeres se me presentan en los anuncios, tratando de convencerme con su imagen de consumir desde colchones hasta rasuradoras. Y todavía no llego al estadio donde es el juego de mi hijo.

Llego con los papás, me tengo que acordar de la última vez que los vi, sus nombres, de qué hablamos, del nombre de sus hijos, sus posiciones en el juego. Me tengo que acordar de hacer checkin de Foresquare, porque solo me faltan 5 visitas al Starbucks para ser el mayor. Mientras me tomo mi café, tuitéo. Me tengo que acordar de las conversaciones vigentes, de los temas de los que se hablaban. Recibo una llamada de un cliente. Tengo que recordar todo de su proyecto, el status y la liga donde debe revisar sus cosas. Y son apenas las 11 am. Y ya quiero que me hagan una lobotomía para sacarme de la cabeza toda la información que he tenido que procesar en las últimas 3 horas.

Yo me considero una persona bastante capaz. Pero hay momentos que, de plano, me dan ganas de tirar la toalla. La vorágine de estímulos informativos que tenemos que procesar todos los días en enorme, dispersa, contradictoria. No hay modo que un país con 8 años promedio de escolaridad la gente pueda tomar decisiones correctas con la paella informativa que se le presenta. Y mi teoría es que todo esto es un plan perfectamente bien orquestado para mantener a la gente dentro del huracán y que nunca pueda salir de ahí.

Y Chespirito, ¿qué?

Comenten, aporten y síganme los buenos. Porque yo como digo una cosa, digo otra.

La Chilanga Chinga

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En 1972, un grupo variopinto de académicos, industriales, filósofos y científicos publicaron un reporte derivado de una investigación colectiva de un año, en la que detallaban las consecuencias de un crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos.

En Los Límites del Crecimiento, el Club de Roma hace análisis muy estrictos con respecto a la manera como el crecimiento no puede ser ni ilimitado ni caótico. Esta publicación, cercana a los 40 años, podría ser un gran libro de cabecera para los que hoy están planeando (?) la nueva cara de la Ciudad de México.

Desde hace algunos años, la Ciudad de México ha sufrido una cirugía mayor. Avenidas, pasos a desnivel, metrobuses, líneas del metro, segundos pisos, centros comerciales, edificios, nuevas zonas habitacionales, etc. Amigos, conocidos y familiares que se fueron a vivir a otro lado y que regresan por cualquier razón, se sienten aplastados y anonadados de estos cambios, al grado de no reconocer los caminos que tantas veces transitaron. Los edificios, con miles de departamentos, están tomando zonas donde antes había naves industriales. Avenidas que antes eran fundamentales para el desahogo de vehículos, hoy están siendo transformadas en paso casi exclusivo del transporte público. Y estos son solo algunos ejemplos de lo que hoy acontece aquí y de lo que me gustaría, con la venia del respetable, dar mi opinión.

La Ciudad de México siempre ha sido el campo de batalla favorito de todos los mexicanos. Aqui se viene a dirimir desde una disputa laboral en Chiapas hasta la firma de unos análisis médicos para uan operción en Caborca. Con los esfuerzos de descentralización, uno pensaría que esta dinámica ha cambiado, pero no es así. Miles de cosas que deberían pasar en otro lado siguen pasando aquí, lo que implica una alta concentración de gente que nada tendría que estar haciendo el DF. Este factor hace que la Ciudad de México siga siendo el corazón de México y no en el mejor sentido de la palabra.

Una buena parte de las grandes inversiones en infraestructura se siguen haciendo aquí. Cada vez más gente viene a vivir al DF, lo que ha hecho que zonas enteras cambien el uso de suelo para albergar a más y más gente, que requiere agua, luz, teléfono, celulares, transporte, alimentos y vestido. Las periferias tienen un ritmo descontrolado de crecimiento; la voracidad de políticos y empresarios por ganar votos y dinero dan cabida a cuanto proyecto aparece, sin que estos tengan un sustento real en lo que en cualquier parte del mundo sería planeación urbana básica. Las adecuaciones de vialidades existentes para colocar transporte público son contraproducentes y en la mayoría de los casos, improvisadas. Y ni hablar de las nuevas vialidades, en las que el tranporte público no está ni siquiera contemplado.

En el caso de la vivienda, los grandes conjuntos y los edficios surgen como hongos. En lugares donde había una casa con 4 personas, un auto y dos baños, hoy hay edificios de 12 pisos, con 36 departamentos, 72 baños y 80 autos, sin que la infraestructura hidráulica y de energía eléctrica se haya modificado. Zonas como Polanco e Interlomas son claros ejemplos de esto. Y ni empecemos con  los grandes conjuntos habitacionales, colocados en zonas industriales, deonde antes llegaban obreros en transporte público y hoy hau miles de departamentos, miles de coches y además están aderezados con cines, centros comerciales y restaurantes, con un consumo masivo de recursos que es a todas luces insostenible.

Las ventajas del desarrollo urbano son evidentes. Pero estas deben llevar planeación. Falta muy poco, desde mi perspectiva, para que la Ciudad de México se vuelva un lugar inhabitable. La ilusión de las obras de infraestructura está haciendo que cada vez seamos más aqui y estemos más cerca del otro, sin espacio vital. Yo escribo esto muy cerca de un lugar que estará cerrado durante los siguientes 8 meses, si bien nos va, y que es una arteria fundamental para conectar el poniente con el centro de la ciudad. Se nos avisó apenas hace unos días y eso fue en su mayoría de boca en boca.

Tenemos que cambiar nuestra dinámica como ciudad. Desde los que habitamos aquí hasta la absurda concentración de responsabilidad que tiene la capital del país. Yo tengo la teoría que, si en el DF no tenemos las balaceras que hay en otras partes del país, es por el tráfico. Nada más ridículo que un grupo de sicarios que fue acorralado en Tezontle y eje 6 por un autobús que se quedó atravesado en la avenida. Pero por otro lado, los niveles de tolerancia de los habitantes están bajando de manera alarmante. La agresividad con la que la gente se conduce es preocupante. Y esto es resultado directo, según yo, de la ceguera y sordera de políticos y empresarios a entender que si algo necesita la Ciudad de México es hacerse más pequeña y no más densa.

Por lo pronto, para quien le interese, les dejo el link para que sepan las obras que se están llevando a cabo en la ciudad y planeen lo que puedan.

Comenten y aporten. Total, les quedan dos horas en el coche.

Jarros de Tlaquepaque

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Para mis lectores asiduos (si, les hablo a ustedes dos) les pido una disculpa por la demora en postear algo. Ya saben que esta pobreza no se va air sola y alguien tiene que pagar los ambigús (sean curiosos y busquen esta palabra).

Pero entremos en materia. Top Gear. Para ustedes que no tienen cable o no hablan inglés, este programa les sonará lejano o desconocido. El tema no es el programa, que en lo personal lo he visto algunas veces, se me hace ácido y bastante divertido. El tema es la facilidad con la que vemos la paja en el ojo ajeno y nunca, pero nunca, la viga en el propio.

El asunto es que los conductores de este programa, que se caracterizan por un estilo bastante rasposo, tuvieron a bien comentar acerca de un auto mexicano, el Mastretta (si alguno de ustedes había oído hablar de él, felicidades; para mi fue primera noticia) e hicieron comentarios en el estilo que siempre han manejado en el show, burlándose de su condición de auto mexicano y hablando acerca de los mexicanos y de México. Aquí está el video para que saquen sus propias conclusiones.

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Independientemente de la calidad de los comentarios, que si son abiertamente burlones de México y los mexicanos, es interesante ver la reacción de la gente que se enteró -que cabe destacar que fue mínima-, del embajador de México en Gran Bretaña y de la bola de azotados en las redes sociales. El consenso casi general fue que, de tenerlos enfrente, a los conductores de Top Gear les sacarían el corazón en la piedra de sacrificios del templo mayor para mandarlo en pedazos de vuelta al Palacio de Buckingham.

Estos son los momentos en los que hay que ser mexicano para entender esta actitud. Porque solo así se puede entender que alguien que glorifica en televisión los chistes de negros, españoles, chinos o gays se puede sorprender e incluso molestar porque hablen mal de él. Así entenderían porqué solo nosotros tenemos el derecho divino de hablar mal de México y le prohibimos al resto del mundo hacerlo. Sabrían porqué podemos solidarizarnos con haitianos o egipcios y nos importa muy poco lo que sucede todos los días en la esquina de nuestra casa. Tendría clara la razón por la cual nos sorprendemos de que un programa de TV en otro país hable basura de nostros y no se percata del narco, la corrupción, la falta de solidaridad, la pobreza y todos los males que nos aquejan. No nos gusta que piensen que andamos en burro y dormimos bajo un nopal, pero tampoco hacemos mucho por cambiar esa imagen, ni nosotros ni el gobierno. Nos parece “simpático” que un compadre se vaya a mear a la flama perpetua de los caídos de la Segunda Guerra Mundial en Francia (lo que es un insulto mayor) y no lo censuramos; por el contrario, le apludimos los “huevos de enseñarles a esos pinches franceses lo chingones que somos” (este es un quote que le oí a alguien que por supuesto suprimí de mi lista de amigos).

Como pueblo no podemos tener una doble moral tan absurda. No está bien, no es sano y no nos lleva a ningún lado. Las críticas hay que recibirlas sin tanta agresión; por el contrario, debemos leer entre líneas que nos quieren decir, entender que la percepción es la realidad. En México somos capaces de soltar un chiste de yucatecos bajo todo el estereotipo que esta condición conlleva. Mi familia es de Yucatán y les juro que nadie habla así. Pero eso no tiene nada que ver con la vox pópuli, que ya decidió que así es y que esa es la realidad. Pasa lo mismo con los ingleses que tuvieron la “osadía de hablar mal de nuestra patria” (esto fue leído en Twitter *unfollow directo).

Ahí les va una para que se sigan enojando. No sean Jarros de Tlaquepaque. Panzones, prietos y sentidos.

Comente, aporten y no se me llenen de tamales. Feliz Candelaria

Bravo Chile.

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Dejar pasar oportunidades como esta es inadmisible. Es necesario dejar huella de la maravilla humana y tecnológica que ocurrió en Chile el 13 de Octubre de 2010, fecha en la que 33 mineros fueron rescatados de las entrañas de la tierra, que se los había tragado 70 días antes y que estaban condenados a una muerte segura. El coraje, la suerte y el trabajo incansable de miles de personas lograron recuperarlos de su tumba en vida. Y, para variar, en México tampoco dejamos pasar la oportunidad de hacernos las víctimas a costillas de los éxitos de los demás.

A primera vista, los que sucedió en Chile y lo ocurrido en Pasta de Conchos en 2006 suena similar: un accidente minero con personas atrapadas. Pero hay diferencias fundamentales. Mientras que en Chile ocurrió un derrumbe en la que los mineros quedaron varados en una zona con servicios de comunicacion, agua, alimentos, sanitarios y espacio suficiente, en México ocurrió una explosión de gas que mató casi instantáneamente a la mayoría de los que estaban ahí y malhirió a los demás. En Chile pudieron esperar 70 días, incluso con toda la calma del mundo para rescatarlos gracias a las condiciones en las que se encontraban. En México, la explosión, los gases, la situación de muertos y heridos hizo que incluso unas pocas horas fueran críticas con una muy baja posibilidad de éxito. Los recursos millonarios que se metieron en la mina chilena fueron aportados por muchos países a lo largo de las semanas, incluso con motivaciones tan básicas como reflectores en los medios internacionales o deducir impuestos. En Pasta de Conchos no hubo ni siquiera la oportunidad, por el tiempo, de conjuntar todos estos recursos. Por lo menos desde mi punto de vista, las diferencias entre los dos eventos son evidentes; tratar de compararlos es un acto de necedad que a todas luces lleva cualquier otra intención que no es reconfortar a las víctimas o a sus familiares, sino a jalar una vez mas agua a un pozo político utilizando la vieja técnica del perro apaleado para ganar simpatía.

Portarse como víctima usando los éxitos de los demás es una de las formas mas bajas de ganar simpatía. Lo sucedido en Chile podría calificarse de milagro: tantas condiciones de suerte son difíciles de conjuntar. En México es simple y llanamente una tragedia causada por la negligencia y por las condiciones peligrosas propias de un trabajo. Las víctimas fueron las familias de los trabajadores que perdieron a sus esposos, padres o hijos; las víctimas no fueron los mexicanos ni los políticos ni los líderes sindicales que con fuerza impulsan sus ideas a partir de utilizar el dolor ajeno (insértese aquí Guardería ABC). Los culpables son los empresarios tiburones que no les importan las condiciones de trabajo de sus empleados y que recortan costos de seguridad para mantener un margen mayor de ganancia; el culpable no es Fox ni Calderon ni el gobernador por no haber estado en el brocal de la mina removiendo escombros y abrazando a cada uno de los deudos. Este es un ejemplo más de que la clase política en México nomás no es capaces de ver las cosas como son y siempre tratan de personalizar los problemas para demostrar que ellos están bien y los demás mal, con la única intención de ser los siguientes que firmen la chequera.

Realizar todo tipo de trabajo peligroso, como la minería, la extracción de petróleo o la protección publica debería estar regulado de manera especial, en la que la seguridad de los trabajadores esté supervisada de manera incluso exagerada. Es lo mínimo con lo que le podemos retribuir a estos héroes que todos los días se juegan la vida para que nosotros, los de a pie, gocemos de los beneficios de lo que ellos producen. Eso si es función de un gobierno, regular estas condiciones y exigir que se cumplan. Pero reclamare al presidente de México, que ni siquiera lo era durante la tragedia de Pasta de Conchos, que porque no utilizaron la misma técnica ahí para rescatar posibles sobrevivientes o los restos de los muertos, se me hace un ejercicio, además de inútil, insultante para aquellos que lo único que tienen de sus muertos es la foto y el recuerdo.

Comenten y aporten. Bravo Chile.

No lo olvides

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Y que pasa otro dos de Octubre. Y que los recalcitrantes que viven en el pasado no dejaron que se nos olvidara. Con respecto a este evento, yo tengo mis puntos de vista y como este es mi blog, me dispongo a exponerlos.

Antes de que se me avienten a la yugular, yo NO estoy de acuerdo con la decisión del gobierno de balacear estudiantes y miembros de otras organizaciones. Yo NO estoy a favor de este tipo de represión, que se me hace lo mas salvaje que hay. Y yo NO le aplaudo a nadie que utilice la violencia para hacerse escuchar. Dicho lo anterior, continuo.

El dos de Octubre de 1968 fue una fecha aciaga en la historia moderna de nuestro país, ni hablar. Yo considero esa fecha como uno de los grandes parte aguas del despertar ciudadano y de la descomposición gradual del sistema político mexicano, junto con el asesinato de Colosio y el temblor del 85. Mas que recordarlas, creo que tenemos que aprender de estas fechas, porque si, el que olvida su historia esta condenado a repetirla. Pero de ahí a mantener una lucha anacrónica como bandera política actual hay una gran diferencia.

1968 fue uno de los años mas revueltos en la historia moderna del mundo. En muchos países hubo revueltas que cambiaron la configuración socio política del planeta y México no fue la excepción. Aquí el movimiento comenzó como un reclamo sindical y a partir de una agresión de la autoridad a una preparatoria prendió en la comunidad estudiantil como reguero de pólvora. Poco a poco, los líderes sindicales se echaron para atrás, dejando como primera línea a estudiantes que, en su mayoría, iban a echar relajo y a perder clases. Y un gobierno represor y ciego decidió cortar de tajo la protesta y se llevó a cientos o tal vez miles entre las patas. Si. En 1968.

Estamos en las postrimerías de la primera década del siglo 21. Han pasado mas de 40 años desde aquel obscuro día y como sociedad hemos avanzado. No se si en la dirección correcta, pero hemos avanzado. Pensar que podemos analizar los acontecimientos actuales con la misma visión que tenían nuestros padres e incluso nuestros abuelos (tomemos en cuenta que un estudiante de 1968 podría llegar a tener 65 años hoy) es no nada más un error de perspectiva, sino un insulto a lo que como sociedad hemos logrado.

Hoy, una represión similar seria simplemente impensable. Vivimos en una sociedad informada o por lo menos con un gran acceso a la información. Aunque tratemos de negarlo y nos resistamos a creerlo, si estamos insertos en un mundo globalizado que nos pide a gritos que nos demos cuenta y decidamos participar. Hemos sufrido vaivenes políticos brutales, del centro a la izquierda y a la derecha y aquí seguimos, bastante pasivos desde mi punto de vista, pero trabajando y creciendo. Los políticos que perpetraron semejantes atrocidades ya no están, se murieron o perdieron su poder. Somos un país mas rico que hace 40 años, lo malo que peor distribuido.

A lo que voy es que en México tenemos todas las condiciones para ser un gran país. Lo que hace falta es involucrarnos, ser responsables con esta patria que ha sido tan golpeada por políticos y ciudadanos por igual. Andar por la vida con lastres nos hace lentos y pesados. Dejar que grupos nos venden los ojos con discursos anacrónicos y no nos dejen ver la maravilla de país que podríamos tener debería estar penado por la ley. Azuzar a jóvenes que nada tienen que ver con los ideales que tenían nuestros padres o abuelos que estuvieron metidos en aquella época con ideas estúpidas de revoluciones armadas o anarquía es absolutamente irresponsable. Las condiciones no son ni serán las mismas. Nunca más. Esa debe ser la enseñanza que nos deja la sangre de los que la derramaron, sabiendo o sin saber.

Comenten y aporten. Paz.

México. No creo en ti.

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No hay fecha que no se cumpla. Al fin llegó el tan ansiado bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicanas. Y por mas que intento emocionarme con estas fechas que en teoría son parte aguas en la historia moderna de nuestro país, nomas no me sale lo azteca ni lo criollo y mucho menos lo mexicano. Me explico.

Ser ciudadano de un país no se circunscribe a donde naciste; esta por lo general es una herencia maldita y contadas son las personas en el mundo que realmente están contentas con el lugar donde viven. Siempre hay una queja del gobierno, del clima, de las demás personas, de la situación política y social, etc. Somos unos quejicas que nomas nada nos embona. La diferencia radica, a mis ojos, en el orgullo que podemos sentir por formar parte de una sociedad, de un país y de una tierra. Y este orgullo es algo que se modela a través de generaciones enteras. Lo que recibimos como sociedad es lo que devolvemos como orgullo. La verdad, desde hace mucho tiempo, los mexicanos no hemos recibido nada que nos permita sentirnos orgullosos de serlo.

Yo voy a cumplir 43 años. Desde que tengo un uso razonable de la memoria, por allá de mediados de los años 70, vivimos en crisis. Mis papás construyeron una casa a la que nos tuvimos que mudar sin pisos ni puertas, las que tuvimos varios años después, por la famosa primera devaluación de 1976. Apenas si la libraron. Después vinieron las épocas de Lopez Portillo, que para que abundo en ellas. El temblor del 85, con el despertar de la sociedad civil a la enorme y patente ineptitud de sus autoridades; la estrepitosa caída de la bolsa del 88, que me llevo entre las patas con los pocos ahorros que tenía. El asesinato de Colosio y el desastre político que se desencadenó. La nueva crisis del 94 con una paliza peor que la anterior. Y así me podría seguir año con año, evento por evento hasta llegar a todo lo que esta pasando hoy.

México me ha enseñado que no puedo confiar en el. Que la gente que aquí vive no es de fiar, que me van a torcer en el momento que puedan, que no hay autoridades que me van a defender, que no hay planes que se van a cumplir, que no hay programas de largo plazo ni visiones de estabilidad verdaderas. Me ha dicho por los últimos 35 años que aquí cada quien se rasca con sus uñas y que mas te vale ser astuto y sagaz, porque si intentas hacer las cosas como se debe seguramente no te van a salir. Me ha dejado claro que lo interesante es lo malo, que la mentira no se castiga y que es mejor robar que producir. México se ha empeñado en hacerme creer que la mejor manera de vivir es estirando la mano, sintiéndome siempre de segunda, menos que cualquier otro ciudadano de cualquier país, siempre que no sea africano o de la Micronesia. Todos los días me recuerda que para triunfar hay que irse de aquí, porque no me va a dar oportunidades reales a menos que pague por ellas y a unos costos brutales. Me repite una y otra vez que se puede ser exitoso sin tener ningún talento, siempre y cuando conozca a la persona indicada y que en el momento que lo logras más te vale irte a vivir a Miami o a Los Angeles porque aquí seguramente te van a asaltar. Me enseña con tristeza que el agua, la tierra y el aire no son importantes. Me embarra en la cara que ser proactivo y emprendedor es poco menos que un pecado, penado con el desprecio popular. Me dice que ser indio es lo peor que te puede pasar, no una característica que debe generar respeto y admiración.

Un país lo hacemos todos. No es el gobierno, no el presidente, no tu diputado. TODOS. Y todos, en mayor o menor medida, hemos contribuido a hacer de nuestro país la porquería en la que estamos parados. Vivimos agarrados de tres hilitos, de los que dos están a punto de reventar. Los que tenemos un estilo de vida relativamente cómodo es porque nos hemos metido en una burbuja que cada día se ve más y más amenazada. Los que han sufrido las crisis están a nada de salir a reclamar fuerte y claro. El río está muy revuelto y ante la impunidad la delincuencia está en su apogeo. Y todo esto tiene una gran, enorme capa de barniz de que todo esta bien. No. No esta bien. Las condiciones para crecer como persona, como empresario, como profesional no están dadas y la gente se esta hartando, o peor aun, ya no le importa y esta dejando el país a la deriva y en manos de verdaderos chacales que le van a exprimir hasta la ultima gota de sangre mientras nosotros los vemos complacientes y pasivos.

Yo no voy a celebrar nada porque creo que no hay nada que celebrar. Prefiero levantarme todos los días, dar gracias por estar vivo y ver como le voy a hacer para que mi burbuja no se rompa y poder incluir a mas personas dentro de ella. Hacer de mi círculo cercano un buen lugar para vivir. Todavía no me doy por vencido. Creo que hay salidas y que estas no están en la situación imperante. La estructura se tiene que mover y derrumbar lo que no sirve, podar las ramas viejas y darle luz a las nuevas.

Dejemos de creer que aquí nos toco vivir. Nosotros determinamos donde y cómo queremos vivir. En serio, no es broma. Eso si se puede. No es orden divino ni la virgencita. Salgamos hoy, olvidándonos de estas mamarrachadas del bicentenario a crear nuestro país. Si se puede.

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NiNis

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Salio una nota el día de hoy acerca de los NiNis (Ni estudian, Ni trabajan). Según el Rector Narro de la UNAM, suman cerca de 7 millones los individuos que no dan golpe en México. Advierte de los peligros sociales que esto puede acarrear, bla, bla, bla. Y para variar, yo me pongo a pensar.

Definitivamente, México no es el país de las oportunidades, por lo menos de las legales. La estructura que tenemos, política, social y económica, no permiten amasar grandes fortunas, bueno, siquiera vivir dignamente si no eres amigo del amigo del amigo. Pero de ahi a tener como decisión de vida no hacer nada, NADA, creo que hay un abismo de diferencia. Y no me refiero a las comunidades o individuos que por su marginación, ignorancia o discriminación no sean productivos. Esos grupos requieren de nuestra atención y ayuda urgentes para integrarlos. Me refiero a los porros, muchos políticos, eternos becados (que se supone que estudian pero viven una vacación permanente), juniors, hombres y mujeres mantenidos que explotan a sus conyuges y un gran etcétera. Estos parásitos que nos cuestan a todos, porque de hambre no se están muriendo. Todos los días le bajan al baño, comen, se visten, se mueven. Y lo hacen con algún tipo de recurso que por lo visto no sale de sus bolsas.

Un parásito es aquel ser vivo que se nutre a expensas de otro ser vivo de distinta especie sin aportar ningún beneficio a este último. Los virus y las bacterias se clasifican en esta definición. Y los NiNis, según mi visión, son igual o peor de dañinos para una sociedad como sus microscópicos compinches. Su aversión por ser productivos los hace presa muy fácil de depredadores como narcos, zetas o delincuentes comunes, ya que su visión del camino sencillo hace eco en los principio que rigen a estas organizaciones.

Y no creo que se trate de aplicar programas asistencialistas, a menos que sea absolutamente necesario. El problema creo que reside en la visión que como individuos tenemos de nosotros. Nos hemos convertido en un país con una visión aspiracional. Todos queremos ser gueros, guapos, altos, espigados, ricos, licenciados, doctores, ingenieros, pero ya nadie quere ser agricultor, artesano, cerrajero, plomero, cargador. Todos estos son trabajos dignos, que llevan comida a la mesa y que si se hacen bien y con amor pueden prosperar y crecer. El mundo no está formado de ricos, está formado de gente con ganas de salir adelante y poder disfrutar la vida en los términos que le toca vivir a cada quien. Pensar que está bien no dar golpe es un insulto al circulo cercano y a México en general. ¿Con qué derecho esta gente usa los caminos que yo ayudé a construir? ¿Por qué toma del agua que yo ayudo a traer? ¿Por qué vive a mis costillas?

Los problemas de México son muchísimos, eso está claro. El desempleo es una realidad que aqueja a muchos. Pero aquel que pierde su trabajo busca otro y otro y otro hasta que lo encuentra. Recuerdo un tipo que nomás se cambiaba de esquina y que llevaba por lo menos 7 años tirando pelotas en un alto. Eso no es una etapa de transición. Es un cinismo que debería ser penado por la ley.

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Un año después.

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Se acerca el primer aniversario del blog. A pesar que no ha tenido las visitas que las estrellas de la red tienen (estoy arañando las 7,000 visitas desde su primera versión en WordPress.com), escribirlo ha sido una de las cosas más satisfactorias que me han sucedido en la vida. Y todo esto tiene una razón de ser.

Me refiero específicamente al número de visitas porque ahí es donde puedo partir para medir un impacto. Son 7,000 personas que voluntariamente se tomaron 5 minutos de su día para leer lo que a este compañero le dio a bien pergeñar. Alguna de esas personas fue impactada fuertemente por lo que dije (no es presunción, me lo dijeron y me encantó) y generó un cambio chiquito en su vida, pero cambio al fin. Muchas de las palabras que aquí se han vertido en este año han pasado desapercibidas, pero otras no y esa creo que es la magia de tener acceso a esta maravillosa ventana que es la red.

Estos blogs son como los llamados a misa, si quieres vas y si no, pues no. Casi todos los que escribimos y que no nos leen tantos lo hacemos más por un ejercicio diario o semanal de no olvidar la palabra escrita como el medio ideal para que luego no digan que yo no dije. Me gusta sostener mis ideas y a las palabras se las lleva el viento. Hoy mismo, Javier Matuk decía en Desde el Teclado la permanencia cuasi infinita de lo que se escribe en la red. No podemos echarnos para atrás los que se nos ocurre decir tal o cual cosa de algo o alguien. Y eso es algo que simplemente me encanta debido a mi personalidad sociópata.

¿Qué he ganado con escribir durante un año lo que Simón dice…? Además de algunas enemistades, principalmente de los #clientespiteros del mundo, la enorme alegría de saber que tengo un espacio en el que puedo decir lo que quiera, cuando quiera y cómo quiera y saber que alguien lo está leyendo. Y la mayor de todas es cuando comentan y aportan. Saber que hay alguien que se toma la molestia de escribir un par de líneas o un ensayo (como en alguna ocasión pasó) a partir de una opinión mía, me da la esperanza que hay espacios para el debate, para la confrontación sana de las ideas y para construir a partir de conceptos y no de madrazos.

Gran parte de lo que he escrito y de lo he nutrido este espacio se lo debo a Twitter. Ahí me he empapado de miles de opiniones tanto profundas como banales y que han servido como inspiración para esto. Les quiero agradecer a todos los que, sabiéndolo o no, me han ayudado a plasmar mi retorcida mente aquí.

Hoy tenemos  todos la posibilidad de ser escuchados como nunca antes en la historia. Desde un café internet perdido en la sierra hasta la computadora más sofisticada, lo importante, al final, es el que está golpeando las teclas. Estamos en el mejor de los mundos posibles; lo malo es que no nos damos cuenta y utilizamos nuestro ancho de banda para retroceder en lugar de para avanzar. Yo se que no soy el autor que el mundo está esperando, pero me congratulo de hacerme el tiempo para escribir. No solo porque me encanta que me lean, por qué no decirlo, sino porque voy dejando migajas de mi alma cada vez que lo hago. Y nada me podría hacer más feliz.

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El extraño retorno de #clientepitero

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De entrada y antes que me digan algo: si, soy un hocicón. Prometí no volver a trabajar con #clientepitero y lo estoy haciendo. No tengo más razones que mi deseo incontenible de volverme rico lo más pronto posible y la esperanza de lograr mejorar los métodos de trabajo de los ejecutivos de las empresas para con sus proveedores. Pero como soy un ser en busca constante de la sabiduría, les quiero compartir mis hallazgos de este último asalto.

No todo el #clientepitero es pitero. Había tratado con un área que evidentemente no hace constantemente el servicio que yo les presto. En esta ocasión, estoy tratando con el área que se especializa en estos menesteres y si hay una gran diferencia en el trato y en la manera de pedir las cosas. De ahi se deriva mi primera recomendación. Si vas a tener a alguien pidiendo cosas, de menos capacítalo o que se asesore con un experto interno. Si no existe un experto interno, confía en la experiencia de tu proveedor de cómo se deben hacer las cosas.

Se es #clientepitero de la cabeza para abajo. Tras un análisis transaccional de los usos y costumbres de #clientepitero pude llegar a esta conclusión. El cerebro de la organización determina el comportamiento de la misma. Las altas esferas van a enseñarle a los miembros a moverse de acuerdo a sus necesidades y a portarse en consecuencia. Entonces, como no se le pueden pedir peras a un olmo, no se le puede pedir a una organización que sea amable, inteligente o arriesgada si la dirección no lo es. No se tiene fuera lo que no se lleva dentro.

No le hago feo al dindero, pero si es desgastante. Por eso, les prometo una cosa. De mi cuenta corre que estos compadres dejen de ser #clientepitero no solo por mi bien sino por el de todos los demás que desean ingresar a sus filas de proveedores. Soy un santo, lo se.

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El remedio, el trapito y úntemelo usted tantito.

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Hoy tuve el honor de ser invitado a participar en una conferencia organizada por la Secretaría de Gobernación llamada Ciudadanía 2.0, en la que se están tocando temas concernientes al uso de las plataformas digitales para la creación de una nueva forma de actuación ciudadana. El tema que me tocó tratar fue el uso de las redes sociales como un vehículo para lograr la recaudación de fondos para organizaciones no lucrativas y utilizamos el tema de la Twittposada (la fiesta tuitera que hicimos en diciembre y de la cual recaudamos fondos para hacer un centro de cómputo para la Casa Hogar Alegría). La presentación muy divertida, eramos cuatro panelistas (pateandopiedras.com, Twestival, Telmex y su servidor), todos dimos nuestros puntos de vista, compartimos nuestra experiencia, dimos tips creo que muy aterrizados y hasta aplausos nos dieron. Todo iba perfecto hasta llegar al momento de las preguntas y respuestas; tomó la palabra un compadre -que según me explicaron había estado haciendo eso todo el día- y se dedicó no solo a cuestionar específicamente las razones que nos llevó a hacer la posada sino incluso a descalificar la labor ya que no tenía un alcance universal. Yo que soy de mecha corta en ese sentido, la verdad le contesté medio feo, pero fui altamente reconocido porque el compa ya tenía hasta el gorro a todos con el mismo discurso. Y al salir me puse a pensar.

Es muy facil criticar; las razones por las que decidimos donar el dinero y no revantárnoslo en un viaje de 80,000 pesos fueron puramente sentimentales. Creiamos en el proyecto y en los principios que nos llevaron a hacerlo. No, no curamos el cáncer. No, no descubrimos cómo darle de comer a la humanidad. Pero si le dimos a 32 niñas un centro de cómputo nuevecito, salido de la caja, que les permitirá tener acceso a un mundo que antes no tenían. Pero este tipo de personas son exactamente a las que me he referido en el pasado, esos quejumbrosos que todo lo quieren peladito y en la boca, que llegan con una mano en la cintura a criticar la labor de los demás sin hacer absolutamente nada. Esos que siguen creyendo que el mundo les debe algo y que los que nos plantamos frente a ellos para compartirles ideas -que dicho sea de paso, no tenemos porqué- y que son incapaces de pensar de manera original, de sintetizar lo que se les está diciendo y de proponer nuevas formas de generar recursos para lo que sea.

Este tipo de personas me dan entre rabia y tristeza. Son el ejemplo perfecto de lo que nos tiene en el suelo como país. El veneno en lo que decía se olía a kilómetros. Ni una palabra positiva de los que hicimos. Ni una. Solamente sus ideas de cómo debe funcionar el mundo, que se podría resumir en: “me das el remedio, el trapito y úntemelo usted tantito”. Ni hablar. Seguiré promoviendo el trabajo hormiga como base para salir del hoyo en el que estamos.

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