Opinión

Lo que pienso de las cosas

No soy Charlie

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Lo que pasó en París está muy cabrón. Meterse a una empresa a balacear gente porque no les cuadra lo que dicen no debería pasar en ningún lado. Pero esto me pone a reflexionar acerca de la tan llevada y traida “Libertad de Expresión”
Para la religión musulmana, burlarse de Mahoma es simplemente inaceptable; dibujarlo, representarlo de algún modo distinto a sus cánones está penado incluso con la muerte. ¿Qué necesidad tiene alguien de estar haciendo esto? Dicen que los perros se lamen el culo porque pueden. También cualquiera puede decir lo que sea de quien sea, pero todo tiene consecuencias. Escudarse detrás de la Libertad de Expresión para burlarse de las creencias de otros y esperar que no pase nada es muy irresponsable.
Porque este es el punto medular. Son creencias. No son hechos refutables. Si alguien me discute que la tierra es cuadrada o que los dinosaurios convivieron con los humanos es un argumento facil de destruir, pero cuando pasamos al terreno de la fe, el juego es otro. La gente está muy loca y es capaz de lo que sea con tal de defender sus creencias.
Esto no se limita a los musulmanes, que tienen larga cola que les pisen… en los últimos 15 años. Si nos arrancamos con la iglesia católica, tenemos 2,000 de muy amenas historias de matanzas por contradecir sus creencias. Se espantan porque matan a unos caricaturistas que se burlan abiertamente de la fe de un pueblo pero ni chistan cuando les recuerdan las quemas de mujeres librepensadoras (millones, según algunas fuentes) por no cuadrarse ante la fe católica.
La libertad lleva responsabilidad. Si le rascas los huevos al tigre dudo que te de las gracias. Y estos compas se los patearon y quemaron y echaron ácido durante muchos años. Siempre hay un loco. Siempre.
Ojalá respetaramos más y nos dejáramos de meter en lo que no nos importa. Si los demás quieren vivir cubiertos en sangre y eso los hace felices, ¿a mi que?

Inicio de año

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Desde que tengo razón, la gente dice que el año que termina estuvo muy difícil, las empresas solo hablan de años “complicados”, pura crisis y que no hay nada de que estar contento u orgulloso. No se de verdad como hemos sobrevivido.

Hay tiempos buenos y malos. Ni siquiera son cíclicos. Algo pasa que descompone todo y de pronto pasa otra cosa que lo compone. La verdad es que la humanidad nunca ha estado tan bien. Estamos, aunque no lo parezca, en el periodo más largo en muchísimo tiempo con los menores conflictos bélicos. La gente en general en el mundo come mas y mejor. La tecnología nos tiene mas comunicados que nunca. La expectativa de vida es mayor que en ningún otro momento de la historia.

Pero también tenemos a la sociedad más cínica, nefasta e impaciente que se tenga memoria. Parecemos niños chiquitos que nos quitan la paleta y hacemos rabieta porque las cosas no funcionan como queremos. Nos enojamos ante el pequeño milagro que es tener una computadora portátil que se comunica con el espacio para que subamos la foto de nuestros perros a internet solo porque se queda pensando un poco. Cada vez convivimos menos. Creemos que convivimos porque estamos en las redes “sociales”,que de eso no tienen nada. Nos polarizamos ante ideas porque queremos pertenecer y parecer que nuestra opinión vale. Ya no vemos al otro como igual, lo vemos como enemigo solo porque no piensa como nosotros.

Para mi, estas son las razones por las que siempre vemos todo mal. Nos gana la avaricia, nunca nada es suficiente, todo nos urge. Somos la generación a la que ningún Chile le embona. Vivimos en un perpetuo estado de insatisfacción. Y todo es por decisión.

Cambien el switch. Vean mas a los ojos que a las carteras de las personas. Cuando alguien les pregunte a qué te dedicas contesten “a ser feliz” en vez de explicar su curriculum. Hagan un acto random de bondad. No quieran cambiar al mundo. Sean menos nocivos con el.

Que tengan un buen inicio de año.

¿Estado fallido?

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La soltura con la que utilizamos los términos en México es pasmosa. “Estado fallido” es un lugar donde el colapso es tal que nada funciona, hay revueltas en las calles, escasea el alimento, los servicios básicos son inexistentes, etc. Dense una vueta por Irak o por Burma.

Lo que aquí nos pasa es un descontento de los grupos que no han accedido a la chequera. Usan el financiamiento de los partidos para pagar grupos de choque que desestabilizan todo. Y en estos grupo también está metido el gobierno federal. Todo se hace con la intención de mantener pendiente a la gente de lo urgente y que no vean lo importante.

¿Y qué es lo importante? Que a pesar de que tenemos todo para ser uno de los principales actores en el concierto mundial, no dedicamos a discutir idioteces que los países que nos están rebasando ya pasaron hace décadas: China, India, Chile, el mismo España con todos sus problemas, Nueva Zelanda y un vergonzoso etcétera. Todos están trabajando, produciendo, creciendo. Y nosotros, discutiendo de la casa de una actriz como si eso fuera lo que va a cambiar el rumbo de un país.

Como ejemplo. ¿Ustedes creen que la construcción del tren México Querétaro se detuvo por una mala licitación? Mi padre compró un terreno a 15 km de Qro hace 40 años porque allá íbamos a vivir, ya que se iba a contruir un tren de alta velocidad entre México y Querétaro. ¿Se contruyó? Pos no. Y por las mismas razones que este tren se volvió a detener: por presión de los transportistas (uno de los gremios más corruptos y sucios que se tenga noticia) y por el negocio que se le va de las manos a gobiernos federales, estatales y municipales si sacas de circulación cientos de autobuses por un servicio más eficiente, seguro, rápido y limpio. Que la gente se joda. Que todos tengamos que seguir transportándonos por carreteras en mal estado o en autobuses de dudoso grado de conservación. Todo sea por que los grupos de dinero mantengan su estado actual.

Sigamos haciendo el juego de los políticos. Sigan creyendo a un lado o a otro. Todos son lo mismo, no tienen mayor interés que ver cómo le meten mano a las arcas públicas. Y nosotros pidiendo por Ayotzinapa, que está más manoseado y podrido que nada.

‪#‎QueNoRenuncienQueTrabajen‬

El contenido que uno quiera

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Les tengo una pregunta seria a mis adorados activistas de bolsillo: ¿donde dice que las televisoras tienen la obligación contractual con el gobierno que les da la concesión de que toda su programación debe ser de calidad?
Si analizamos la oferta de contenido de televisa hay cosas rescatables (las menos para no ser linchado). Pero eso no es el punto. El punto es que la gente tiene la opción y la libertad de consumir el contenido o las ideas que quiera. Si quieres ser idiota, es el ultimo de los derechos que deberían quitarte. Así como leer el Manifiesto del Partido Comunista o los discursos del Peje, si quiero llenar mi cabeza de las historias vacías de Televisa es MI DERECHO. Al final, Proceso también provee contenidos (desde mi punto de vista de cuestionable calidad) y hay gente que los consume como si fueran la Biblia o el Coran. Y eso no esta mal. Es SU DERECHO.
El problema es cuando se erigen los dueños de la verdad diciendo que televisa es una mierda y proceso es lo que rifa.
A mi me parece que la diversidad es buena. ¿Cómo voy a saber que una telenovela es de dudosa hechura si nunca he visto una película de Woody Allen? Y eso que hay gente que todavía no entiende su humor.
No es responsabilidad de un productor de entretenimiento educar a la población. Es responsabilidad de los maestros que prefieren andar de revoltosos, de grillos, “queriendo cambiar al gobierno y buscando la igualdad social”. Ese no es su trabajo. Ese es de todos. Que ellos lleven conocimientos a las aulas y que abran la mente de los alumnos y de las generaciones que vienen. Su trabajo es en los salones, no en las calles.

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2 de Octubre. ¿Y si ya lo olvidamos?

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Otra vez es 2 de Octubre. Otra vez saldrán miles de personas a la calle a protestar por un México que ya no existe. Otra vez tendremos que soportar esos discursos retrógrados que lo único que logran es anclarnos al pasado y que vulneran nuestra capacidad de establecernos en el futuro. Otra vez.

Entiendo perfectamente lo traumático que es un evento de esta naturaleza. Cada generación tiene el suyo. Lo que me parece más sorprendente es la capacidad que ha tenido el 2 de Octubre para convertirse en algo parecido a la mitología popular. Hoy, casi ninguna persona que se presenta a protestar por esta fecha estuvo en el evento; bueno, ni siquiera vinculada. La gran mayoría ni siquiera habían nacido. Entonces, ¿de donde viene la fascinación por esta fecha?

Yo creo que es la base de la actitud que tenemos los mexicanos hacia todo lo que nos pasa. Necesitamos tener un culpable y de preferenica que no seamos nosotros. Por eso la figura sempiterna de un gobierno represor, que no me deja crecer y que solo ve por sus interese y nunca por los del pueblo, que paga con su sangre la afrenta de levantar el rostro para intentar ver el sol, es un gran pretexto para evitar avanzar por nuestros propios medios. ¿Para qué esforzarse si el gobienro al final se va a quedar con todo? Bastó un día, el 2 de Octubre de 1968, para dejar en el inconciente colectivo la idea que al gobierno no se le habla de de frente.

Han pasado casi 50 años (46 para ser precisos) y México y el mundo son otros que en 1968. Por supuesto que hay libertad de expresión. Está representada en las cámaras, que antes estaban copadas por el PRI. En cualquier teléfono uno puede verter veneno en contra de Enrique Peña NIeto y hasta donde se, no pasa nada. Cualquier noticiero de radio dice lo que quiere, los periódicos están repletos de crítica, las redes sociales ni se diga. Y ni así estamos contentos.

Yo lo que creo es que no sabemos que queremos. Somos como ese niño que en la escuela estaba enojado con todos pero nadie sabía por qué. No importaba que lo cambiaran de lugar, que le dieran el balón, que lo dejaran tocar la campana; todo, absolutamento todo, estaba mal y en su contra. Así estamos. Con los pies en el pasado, sentados en el presente y dándole la espalda al futuro, esperando que mágicamente las cosas se solucionen por la intervención de un gobierno, que sin importar sus colores, siempre es represor, perverso, mala leche y anexas. Ya nadie se salva. Le han dicho represor a todos los presidentes desde Díaz Ordaz. ¿En serio? ¿Todos los presidentes, sin excepción alguna y sin importar sus creencias personales y partidarias, todos son unos represores? Aunque estadísticamente esto es muy poco probable, la lógica nos dice que es una idiotez. Si asi fuera, yo no podría ni siquiera escribir esto para que lo lean 15 personas y un personaje como Martí Batres ya lo hubieran desparecido hace mucho tiempo.

México es otro. Nosotros somos otros. Seguir con un gancho en el pasado es la mejor manera de no avanzar. Las decisiones que un gobernante y una sociedad tomaron en un momento dado son puntos de inflexión de los cuales cambiamos la tendencia para evolucionar. Continuar con el discurso de Juárez, de Cárdenas, del 68 o de Calderón solo nos ancla al pasado. Revisemos la historia, saquemos conclusiones y a otra cosa. Creo que ya es momento de olvidar el 2 de Octubre de 1968 y centrarnos en el 2 de octubre de 2014. O mejor aún, en el 3.

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El rey a punto de morir.

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Ya se me quemaban las habas por regresar al blog. Bueno. Por regresar. Cuando estás perdiendo el camino dejas abandonado lo que te gusta y escribir aplica muy alto en esta lista.

Bueno. Basta de de quejas. A lo que te truje.

Hoy quiero compartir mis impresiones con respecto a lo que ha sucedido en últimas fechas (casi dos años diría yo) en la industria del contenido, definido como textos, imágenes, videos y audios originales que deben poblar no solo la blogósfera (ay que bonito término) sino todos los medios a los que estamos expuestos.

Algo está pasando en México. No solo son razones económicas, las que sigo sin entender porqué estamos tan jodidos, sino también son razones creativas: nos hemos vuelto huevones intelectuales, poco profesionales y pichicatos a la hora de generar. Los contenidos que consumimos en la televisión y radio nacionales los dejo aparte, porque su patetismo me parece insultante; adoramos a figuras que no aportan, entronamos ideas sin fundamento. Desde los noticieros y programas de revista hasta las emisiones puramente de entretenimiento, llenamos de vacío horas y horas del día. Y la televisión por cable no se queda atrás. nos atascan el buche con programas iguales, en lo que cambia es el personaje pero no la aportación.

Internet se está contagiando de este mal. Los sitios de noticias publican información sin respaldo, con fuentes ridículas o refritos de sitios internacionales. La repetición hasta el cansancio, amplificada por las redes sociales, que lo único que logran es ampliar la confusión, ha logrado una indigestión digital de la que veo dificil que podamos salir bien librados. El exceso de información como la clave de la desinformación.

Pienso que hemos perdido el respeto por el contenido. Consumimos lo que sea. Mis hijos (que imagino que serán reflejo fiel de su generación) pasan horas viendo videos que lo único que promueven es la idiotez, la violencia y el desapego. Basta con que alguien exprese una opinión contraria en Twitter o Facebook para que los verdugos de las buenas ideas la estandaricen, la ataquen y la destruyan. YouTube puede contener cientos de millones de horas de video pero muy poco aporta, educa o sorprende. Estamos en el vértice de una estrepitosa caida hacia el vacío de las ideas.

A los que nos dedicamos a la producción de contenido como una forma de vida y queremos aportar de verdad las puertas se cierran por presupuestos raquíticos o ejecutivos miopes que son incapaces de ver una buena idea aunque estuviera envuelta en Bárbara Mori. Se van por el camino más fácil, tienen pánico a innovar. Con copiar está bien, con seguir la moda de poner un hashtag basta, con hacer una promoción y ganar likes en Facebook están conformes. A pesar del altísimo consumo de contenido (sin importar su calidad) que existe hoy, continúan usando fórmulas que contravienen los principios más básicos de la comunicación. Y así estamos, tratando de sacar al buey de la barranca.

O nos quitamos la venda o nos vamos a dar de frente contra la pared. El contenido es el rey y parece que se está muriendo. Si no lo respetamos, falta poco para que la realidad de esa aldea global nos devore por completo. Ya perdimos varios encuentros. A ver si no perdemos para siempre el campeonato.

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El ojo infinito

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El Ojo Infinito • Foto de Lorena Cejudo Rodríguez

La primera vez que tuve una cámara entre las manos tenía 9 ó 10 años. Era una cámara Kodak 126, de las que usaban flash de cuadrito. Los rollos eran unas cápsulas sensacionales, donde para mi se escondían las personas y los paisajes que les tomaba foto. Mi mamá se los llevaba (supongo que se los daba a mi abuelo, que era un clavado de la foto) y unos días después volvía un sobre lleno de caras, paisajes, comidas y recuerdos. Quedé atrapado para siempre.

La foto en tiempos de mi infancia no era un arte ni mucho menos. Era una manera de atrapar el momento, la sonrisa, el grupo que se repetía en cada evento y que por alguna razón extraña pensaban que si se tomaban una foto tendrían recuerdos indelebles y que con solo verla evocarían cada detalle de esa comida o de ese viaje. Nada más alejado de la realidad. Las imágenes iban a parar a un album que rara vez se veía y, por si fuera poco y como me enteré años más tarde, mi madre tiraba (si, querido lector, dije bien) TIRABA los negativos. Su lógica era que si ya tenía las fotos, ¿para qué quería los negativos?

Viví en este engaño durante toda mi adolescencia. Las fotos eran meros apéndices de comidas familiares que no llegaban a ningún lado. No recuerdo que nadie nunca dijera “que buena foto tomaste cuando fuimos a Tepetlaoxtoc” (este lugar si existe); nadie en mi familia consideraba la foto como una forma de vida o siquiera como algo más allá del album. Para mi, en cambio, la foto era una urgencia. Me encantaba tener una cámara en las manos, aunque fuera una 110, esos remedos plásticos ochenteros que tenían un cartucho por rollo y que a la fecha es el peor formato posble, pero que me permitía guardar lo que yo quería: edificios, flores, paisajes, todo lo que no tuviera una persona presente. Bastantes grupos de tios y primos había visto para mancillar mis fotos. Todos me decían que para qué quería una foto en la que no salía nadie. La verdad nunca supe que contestar, pero la mera idea de tener a alguien parado enfrente de la torre Eiffel o de una puesta de sol solo para recordar que estuvo ahí me daba mareos.

Para mi la imagen tenía que ser pura. Algo que comunicara por si misma. Las personas eran simples elementos que le dieran fuerza, no los protagonistas de un recuerdo vago y vacío. Cada vez me fui metiendo más y más, experimentando y haciéndole moño el hígado a mis compañeros de viaje cuando regresaba con diez rollos y tres fotos con alguno de ellos presente. Empecé a comprar libros de foto, mejoré la calidad de mis cámaras, estudié. Pero esto tuvo un downside. Mis fotos empezaron a ser técnicamente correctas pero perdieron algo que creo que es fundamental en la fotografía: el alma.

Cuando un fotógrafo se lleva la cámara al ojo no solo está capturando un momento: le está imprimiendo su espíritu. He visto a decenas de personas que sin ningún entrenamiento previo logran imágenes de una fuerza sorprendente. A muchos de estos les he ayudado a conocer sus cámaras, explicándoles conceptos como encuadre, composición, exposición o proporción aurea. Pocos entienden de que hablo, pero sus imágenes hablan solas. Y yo, que tanto amo la fotografía, perdí en algún momento ese ojo infinito que puede ver más allá de los elementos y que deja plasmado un sentimiento, un instante mágico. No digo que no lo he logrado, pero la proporción de fotos que tomo (un promedio de 1,500 imágenes en un viaje de una semana) contra las que me siento realmente orgulloso es muy dispar.

Hoy vivo de la imagen. En mi productora me dedico principalmente a vender y a fotografiar en video. Pero no es suficiente. Cada vez me siento más frustrado de no lograr esa ballena blanca, esa imagen que con solo verla se ponga la piel de gallina, la que cualquier persona quisiera tener en su casa; decenas de miles de fotos después, mi ojo está perdido y yo desesperado por recuperarlo. Quiero desaprender, regresar a esa inocencia de ver más allá y que sea natural. Mi primer paso, fue regresar a la cámara de rollo, que mi buen amigo Jazzrockman me hizo favor de venderme (que, dicho sea de paso, siempre fua la cámara de mis sueños, una Nikon F4s) para volver al misterio de la imagen, no saber el resultado y ser más cuidadoso al fotografiar, esperando el momento adecuado para disparar y seguir, sin tener esa satisfacción inmediata.

A mis 45 años he vivido muchas frustraciones y la fotografía sigue siendo el gran solaz en el que retozo libremente. Ahi soy yo y nadie me dice que hacer. Si de verdad quiero ser feliz, la fotografía será un elemento fundamental. Por eso quiero recuoerar mi ojo infinito.

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Shana Tova

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גמר חתימה טובה

May you be inscribed in the Book of Life for Good.

Thanks my dear friend

@dany

La trascendencia de la vida.

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No creas todo lo que te dicenEn últimas fechas no la he pasado nada bien, lo que mis fieles seguidores de redes sociales se habrán percatado y que agradezco no me hayan mandado desaparecer; por el contrario, han sido más que tolerantes con mis muinas y hasta me han apapachado un poco. Este estado de ánimo ha llevado a más de uno a recomendarme diversos métodos para relajarme, los que agradezco y consideraré utilizar. Pero también hay una corriente que me trata de convencer que mis males son pasajeros (lo que entiendo) pero sobre todo, que detrás de todo esto hay un plan fraguado por una instancia superior, a la cual le ponen varias denominaciones y que todo esto supone un aprendizaje de mi parte para mejorar en una existencia ulterior a la actual.

Now, wait a minute.

Quiero empezar por destacar que no creo en lo absoluto que exista dios. Quitando esto y siguiendo adelante, tampoco creo que formemos parte de un elaborado plan que conlleva sufrimiento actual en beneficio de gozo posterior. No creo tampoco que trascendemos como tal, aprendiendo en esta vida para tener una vida mejor después. Y tampoco creo que nos espera un premio si somos buenas personas.

Ahora, me explico.

El mal de la humanidad se llama homocentrismo. No se si estoy acuñando el término, que yo uso hace muchos años, pero se refiere a esa necesidad del ser humano a ser el centro absoluto del universo, el pináculo de la creación, el parteaguas en la naturaleza. En resumen, la vieja más buena de la fiesta. El ser humano no se puede concebir como parte de un ecosistema; tiene que ser el que lo maneja, el que manda sobre todas las cosas. Por eso se ha inventado tantas fantasías, dándose un sitio especial que proviene del hálito divino de un ser superior que no necesita justificación para existir. Desde mi perspectiva, no somos más importantes que un camarón, una hiena o una enredadera. Somos otro eslabón en la maravilla que es la vida de este planeta, pero nada más.

Pero todo esto tiene un truco: la conciencia humana. Hasta donde sabemos, somos los únicos seres de este planeta que tenemos conciencia de nuestro entorno, que lo podemos modificar e incluso podemos disfrutar de todo lo que el planeta tiene que ofrecer. Esta belleza nos avasalla a tal grado que nuestra naturaleza nos obliga a disfrutarla hasta el grado de acabar con ella. Somos seres insaciables, no tenemos medida, queremos todo y más. Esto deriva en que el gran miedo del hombre sea morir, porque al morir se acaba la fiesta. No solo queremos consumir todo lo que el mundo nos ofrece, sino que queremos seguirlo haciendo aún después de la muerte. Y así es como nos inventamos una mentira maravillosa: la trascendencia.

Esta se manifiesta en prácticamente todas las culturas, lo que más allá de debilitar mi argumento, lo fortalece: como humanos, pensamos igual. Decimos que hay vida después de la muerte, reencarnación, vida eterna, cielo, infierno, valhala, nirvana y demás. Y entiendo que todos estos cuentos se han creado para reducir el miedo a la muerte y que creamos como especie que vamos de aquí a otro lado. Hombres listos los que hicieron esto, pero hay una ilusión consensuada que esto es literal, que hay una nube con tu nombre, un caldero con tu foto, que mueres y regresas como rata o como rey (¿porqué será que nadie en una vida anterior era abogado, herrero o prostituta? todos era príncipes egipcios… o_O) o que hay cien vírgenes esperando del otro lado de la cuerda para premiarte por tus hazañas terrenales. Hombres y mujeres tontos que no entendieron el sentido figurado de la frase.

Mi visión es que, si queremos trascender como especie, tenemos que conectarnos más con la tierra que con el cielo. En serio, somos nocivos. En menos de 200 años, hemos acabado con ecosostemas completos. No existe una sola especie en el planeta que sea depredadora de tantos, incluso de la propia. Los leones comen cebras y ñus, pero no andan viendo si se joden a los cocodrilos o a las palomas solo porque no les cuadran. La vida es sabia, pero creo que la regó mal con este experiemento. Nuestra especie está destinada al fracaso si no conectamos como lo que somos, otro invitado más que tiene la oportunidad de convivir y durar algunos cientos de miles de años, si bien nos va, antes que las marsopas tomen el control.

Al principio dije que no creia en dios y por supuesto en la religión. Por eso quiero cerrar con parafraseando algo que viene de la biblia, de esas partes que escribieron pensadores y no fanáticos controladores.

Polvo (de estrellas) eres y en polvo (fertil) te convertirás.

Comenten y aporten. Namasté.

El lo entendió, lo entendió.

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Tengo la extraña sensación de estar en el limbo. No se si les ha pasado. Cuando quieres entender todo y no entiendes nada, cuando quieres todo y todo se escapa, cuando sabes cual debe ser la fuente de tu alegría y no quieres que esa sea, cuando crees que las cosas van bien y pues no. Así, normal.

He pasado por días aciagos, de esos que no le deseas a nadie. Demasiada realidad. Mucho contacto conmigo. No estoy acostumbrado. Parece que lo que más quiero me elude y soy lo suficientemente necio para no aceptarlo. No tengo idea cual será el resultado final de mi necedad; se cual quiero que sea, pero eso no depende de mi, no lo controlo y solo puedo esperar por lo mejor. He recibido grandes consejos y sorpresas -buenas y malas- de las personas que menos me lo esperaba y esto me mantiene en un subibaja emocional que no termina de detenerse, no acaba de cuajar. Esto no me exime de seguir adelante con lo que tengo que hacer, aunque no me apasione, a pesar de que no quiero hacerlo. Estoy en automático. Soy como Tom Hanks en Naufrago: otro día para seguir respirando, otro día para seguir existiendo, esperando nada más.

Entiendo -porque de verdad lo entiendo- que hay que moverse hacia adelante; sin embargo, cada que alguien me lo dice, que lo pienso, que lo racionalizo, que trato de convencerme, me doy cuenta que no necesariamente esto es lo correcto, por lo menos no para mi. La felicidad no es un estado constante. Es una serie de picos en tu vida. Pero la verdadera felicidad consiste en reconocer estos momentos que te quitan el aliento y dar la vida por recrearlos, por hacer lo que sea necesario para que no desaparezcan. ¿Dónde esta la ganancia en negarlos, en echarlos abajo de la alfombra como polvo viejo, si esos fueron los momento que le dieron y que seguramente le podrían seguir dando sentido a la efímera vida que tenemos en esta tierra? Yo no creo en la trascendencia del alma, ni en la continuidad de la la vida ni en nada que tenga que no tenga que ver con el aquí y ahora. Bastante complicado es encontrar esas chispas como para dejarlas morir lentamente en la oscuridad de los recuerdos.

Creo firmemente que la vida no son opciones sino la capacidad de tomar riesgos, de atreverte a transitar el camino más improbable, el que parece más lleno de espinas. Los valles más hermosos son los que están escondidos en lo más profundo del bosque y llegar a ellos es el verdadero premio de tomar el riesgo de buscarlos. Puedes recorrer estos caminos quejándote a cada paso o con una sonrisa en los labios, sabiendo lo que está esperando. Esas son las decisiones que hacen que tenga sentido la vida.

No estoy contento con este momento de mi vida. Hay muchas cosas que no hubiera hecho o que me gustaría cambiar para que hoy no fuera así. Pero no siempre depende de lo que uno quiera y el hubiera es el pretérito de los pendejos. Solo me queda la seguridad de que se cuanto valgo, que tengo mucho que dar, que soy capaz de dar y recibir amor y qué y quién me hace feliz. He visto la felicidad a los ojos, la he tocado y la he sentido hasta la última célula de mi ser. Si se todo esto, ¿cual es la razón para no luchar hasta el último aliento? Me lo pregunto.

Ni comenten ni aporten. Así esta bien por hoy.

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