Internet
#internetnecesario
1Lunes 19 de Octubre, por la noche. Los legisladores, en uno de esos actos que nos aplican en México a cada rato, resolvieron acerca de los cambios fiscales para el año 2010. Dentro de estos cambios, decidieron aplicar un impuesto a las telecomunicaciones y específicamente a las conexiones de internet.
No soy un experto fiscalista ni abogado ni nada que se le parezca. Solo soy un muy heavy user de las conexiones a la red por todos sus medios, desde la oficina, la casa, el móvil y donde encuentro hot spots de mi servicio. El aumento del impuesto, por molesto que me parezca, no me será oneroso y podré seguirlo pagando. Lo que me interesa son los argumentos bajo los cuales se decidió gravar al internet con una sobretasa. Y esos si son preocupantes.
El Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) es una tasa adicional con la cual se gravan productos suntuarios o de categorías especiales y que pretende cobrar más por artículos o servicios relativamente superfluos o dañinos, como el alcohol o los cigarros. Esta tasa adicional se pretende cobrar en los servicios de telecomunicaciones (la verdad, no tengo en este momento claro si la telefonía celular y la TV de paga quedarán también bajo este rubro) y en específico al internet. Y yo me pongo a pensar.
Desde que uso internet hace más de 12 años, mi vida ha dado un giro solo hacia lo positivo. Me he encontrado con gente, he hecho negocios más rápido, he encontrado información que de otro modo hubiera tardad semanas en hallar, me he internacionalizado. En general, he crecido como individuo y como empresa gracias a la facilidad de poder estar conectado todo el tiempo a la mayor red de información y contactos del planeta. Por más que intento verle lo suntuario a este asunto, nomás no puedo.
Imagino comunidades perdidas en la sierra que con una batería solar y con una antena de internet satelital pueden estar en contactos con el resto del mundo a un costo mínimo. Veo escuelas rurales y de zonas marginales teniendo acceso a las grandes bibliotecas y centros de investigación del mundo con acceso a todos los conocimientos que han generado y que se generaron hoy. Si, hoy, no hace 50 años cuando se imprimió la Enciclopedia que tienen haciendo polvo en algún rincón. Y nada de esto podrá ser posible si mantenemos una visión retrógrada y alajada de una realidad globalizada.
Poner impuestos de productos y servicios de lujo a productos y servicios básicos es atentar contra la infraestructura social. Hace unos días, Finlandia declaró al internet como un derecho constitucional. Eso quiere decir que a nadie se le puede negar el acceso a la red, porque es como la educación, la salud o el agua. Y no se trata, como han dicho algunos, que nos vayamos a vivir a Finlandia. Se trata de la visión que tiene un país de su gente, que quiere que sean más listos, que sepan que sucede en el mundo, que tengan mejores niveles de educación y que gocen más de los beneficios de la tecnología. Aqui tratamos a los usuarios como piezas de caza, buscando de que manera les cobramos más a pesar que los servicios dejan mucho que desear.
Los que vivimos en la red y de la red tenemos todo el derecho de inconformarnos porque nos cobren más. Pero creo que esa no es la discusión de fondo. El problema, desde mi punto de vista, es que están rompiendo el hilo por la hebra más delgada. Para que agarrar líderes millonarios corruptos de sindicatos mafiosos -que tienen un chingo de poder- si podemos cobrarles a los “riquillos de las computadoras”. Total, otra raya más al tigre. Pero lo que no ven es que están frenando el desarrollo intelectual y social de un pueblo que le urge salir del atolladero. Sin educación, no hay progreso. Y hoy la gente se está educando de manera global, en gran medida gracias al internet. Ahi se las dejo, señores legisladores. Nos vemos en el 2012.
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La larga mano de la tecnología
0Estoy en el aeropuerto de San Francisco esperando un vuelo que me llevará lejos. Antes de salir de México, hace varias horas ya, decidí desconectar del mundo mi iPhone (redes, 3G, push mail etc.) para evitar incurrir en esos enormes gastos y atorones que Telcel me receta cada vez que salgo del país. Y cual va siendo mi sorpresa cuando, al estar desayunando un omelette tipo hule, encuentro una red de TMobile que me permite navegar desde mi cuenta de Prodigy.
Como mexicano uno siempre es reticente a estas comodidades tecnológicas. Piensa que hay costos ocultos (aún no estoy seguro que vaya a llegar una cuenta adicional, pero eso es otro cantar) o que el FBI nos va a fiscalizar. Pero el hecho de tener acceso a MI cuenta de internet en otro país con solo meter mi cliente y mi password me parece fascinante. Hasta pienso que Telmex lo está haciendo bien.
Por lo pronto, estoy en una zona de comida rápida, rodeado de la fauna internacional, tomando un café bastante correcto y escuchando a unos cantantes que me recuerdan a la nostalgia del verano del amor en la Gran Bahía. Y ustedes lo saben gracias a la larga mano de la tecnolgía.
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¿Qué le dicen a Simón?