Ya se que están hartos del asunto de Carmelita y sus Secuaces, pero hay un tema alterno que se toca mucho en estos lares y del cual me gustaría dar mi opinión, cobijado bajo los laureles de la sacrosanta libertad de expresión. Dicho en otras palabras, me voy a cagar en todo el mundo.

La libertad de expresión es un término absoluto: hay o no hay. Es como estar muerto o embarazada, no hay medias tintas. En México gozamos de cabal libertad para decir lo que nos venga en gana, donde queramos y en el tono que más nos plazca. De ahi a que haya represalias porque al aludido no le gusta lo que dices, es otra cosa y si es un tema que debería cuidarse más, pero eso no vulnera que puedas acusar a un narco de serlo o a un político de ratero. Eso SI lo puedes hacer y ahi radica la libertad.

Lo que me patea las gónadas son todas las personas que confunden este derecho de la humanidad con estar de acuerdo con sus ideas. A raiz del diferendo MVS-Aristegui, todo mundo sale a dar su opinión en favor de alguna de las partes. Lo que me parece inconcebible es que, partiendo de la base de lo que dice la periodista que “es un vendaval de intolerancia y un ataque flagrante a la libertad de expresión, la que por cierto no existe en este país” (hice un mashup de lo que dijo con lo que dijeron otros y con lo que entendí, y que dicho sea de paso, me parece una afirmación dicha en total libertad de hacerlo), cualquiera de una opinión distinta a ésta es, por decir lo menos, una puta del sistema.

Permítanme diferir. Cualquier persona puede decir lo que quiera. En eso radica la libertad de expresión. En las calles, todos los días, hay manifestaciones, pintas, publicaciones, conferencias de prensa, mítines, etc, en los que se dice santo y seña de todos los temas imaginables. Estar a favor de un tema, aunque sea el más impopular, es mi derecho y también puedo decir lo que me toque los huevos acerca de él, además de poderme cagar en la opinión de los demás. La libertad de expresión no es un concurso de popularidad; es un ejercicio social que permite escuchar a todos en igualdad de circunstancias y emparejar el terreno para que desde ahí, todos seamos equivalentes.

Escuchar a @fernandeznorona decir que en México no hay libertad de expresión y que el presidente es un asesino que deberían colgarlo de las bolas en la misma frase, es una joya de la contradicción, una paradoja lingüistica que lo que logra es incrementar la de por sí ya marcada polarización que hay. Básicamente está diciendo: el que no piense como yo está equivocado. Para los que se erigen como paladines de la democracia, me suena un poco fascista esta linea de pensamiento. Tal vez solo sea yo.

Creo que vivimos en una confusión total con respecto a nuestras libertades, obligaciones y responsabilidades. Somos como el burro lechero que lo sueltan y no sabe que hacer, retomando el camino de siempre. Ayer escuchaba a Aristegui hablar de “echeverriísmo”. La mitad de la gente que vive en este país no tiene idea de lo que está hablando, ya que está mencionando un país que ya no existe. Hace 40 años estábamos en otro camino, los que vivieron esa época están muertos o en camino a estarlo, las condiciones mundiales eran diferentes y un eterno etcétera. No perdamos de vista que todos estos términos lo que buscan es fomentar el miedo, al más puro estilo de Bush con su guerra al terrorismo o de los regímenes totalitarios de mediados del siglo XX. En una sociedad de puertas abiertas a la información como la que tenemos hoy día estos desfiguros son inimaginables. Hay demasiadas puertas de entrada y salida como para querer cubrirlas todas. He leído incluso a gente que dice que vivimos en Corea. Me encantaría que los que piensan así se den una vuelta por allá para que vean lo que si es vivir en terror. Tres rayitas menos al azote no nos caerían nada mal.

No hay libertad sin responsablidad. Perdernos en la semántica es peligroso en un país que siente y no piensa. Seamos claros y respondamos a nuestros dichos, defendamos nuestro pesamiento y seamos congruentes. A México le urge claridad y dejar de flotar en un limbo que ya tiene varios lustros y que lo único que está logrando es sacarnos poco a poco del esquema mundial.

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