Dando un poco de contexto.

En Facebook (ya se, ya se), escribí lo siguiente con respecto a las declaraciones de Peña Nieto del resultado de las investigaciones de Ayotzinapa. Para los que viven en una cueva, el presidente declaró, mutatis mutandi, que ya es hora de dejar Ayotzinapa atrás y seguir adelante como país.

Pocas veces estoy de acuerdo con Peña Nieto. En esta ocasión, al decir que no podemos quedarnos atrapados en Ayotzinapa lo estoy. A los agoreros de la tragedia es lo que les encanta. Buscar su 68, su halconazo, su Aguas Blancas, su guardería ABC. Las cosas pasan, buenas y malas, y en ningún caso podemos clavarnos un pie en ellas para pensar que siempre serán así. Que se haga justicia, si. Que se castigue, si. Que se legisle y se impida que pasen estas cosas, si. Que se mantenga en la memoria colectiva como un terrible y vergonzoso momento de la historia, si. Pero de ahí a moldearnos como nación y que el rumbo de todo lo determinen algunos cientos de personas, jamás.

Mi querida Ceci Yegros @ceciyegros, atinada como siempre, me preguntó:

¿Y qué podemos hacer como nación para que se haga justicia, se castigue, se legisle y sobre todo: Se recuerde? Como diría mi cuate Don Arthur Miller, “El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”

A esta pregunta, yo, desatinado como de costumbre, contesté:

Esa, mi querida Chechu Yegros, es la pregunta de los 10 millones. Te voy a contestar de manera simplista. Es responsabilidad de los ciudadanos.

 

Como sociedad, no podemos doblarnos y dejar que nos follen a su conveniencia, pero los métodos son importantes. Desorden, guerra civil, violencia no son la respuesta. Se ha demostrado y además ya no estamos para eso.

 

El asunto es que estos grupos son minoritarios. Cuando tienes una abstención del 60% en elecciones federales y mayor en intermedias, te dice mucho el tipo de sociedad que tienes. La gente no se involucra. NO le interesa. Lo que le encanta es decir que todo está mal, levantar un dedo flamígero para apuntar al gobierno, a los narcos, a los rateros, a los políticos, a todos, pero nunca lo levanta y se señala a si mismo.

 

El problema siempre está fuera. La solución siempre está fuera. Un país como Canadá o como Finlandia tienen un discurso ciudadano muy distinto. Medios distintos. Ideas grupales. Preocupación por el otro. Nuestros paises que aplauden a los toros y le rezan a la virgen de Guadalupe tienen una visión distinta a otras latitudes. Somos ladinos, vemos de lado, hablamos entre dientes, secretamente queremos ser ese antiheroe que siempre sale bien librado de sus tropelías. No nos da coraje la corrupción, nos da coraje no estar metidos en el negocio.

 

Cuando dicen que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, es cierto. Un país que propone que Cuauhtemoc Blanco, un cuasi analfabeta, que Quico, un “comediante” que no ha hecho nada relevante en 40 años, o Yuri, una cantante de valores volátiles y acomodaticios, sean sus próximos gobernantes o legisladores, es un país que se está quedando sin ideas y está apostando al bling bling político, exactamente igual de lo que se quejan con Peña Nieto -el subproducto que una televisora puso en el poder (si, este es el nivel de discurso). Si esto es lo que aceptamos, nos merecemos todo lo que nos pasa.

 

Al final, somos muchos más los que queremos un país mejor, donde podamos trabajar dignamente, salir a la calle, educar a nuestros hijos y poder tener tiempo libre. Eso no se logra con guerras. Se logra con un enfoque en ser un país de primera, desde la casa. Con respeto a los otros y al bien común. Involucrándonos en lo que pasa en nuestra calle, en nuestra colonia.

 

Si los padres de los de Ayotzinapa no empiezan por quejarse de las razones que tuvo una escuela sin director para mandar a un grupo de estudiantes de primer año a un municipio a 200 kilómetros de su comunidad para ir a protestar algo que no les afecta y prefieren, como lo hacíamos en esta tierra hace 600 años, exigir al tlaotani que le resuelva sus problemas, o peor aún, culparlo a él por su unción divina, estamos muy lejos de tener una sociedad responsable de sus decisiones y del país que se supone que queremos tener.

 

Iba a ser simplista, mi querida Chechu, pero me clavé.

 

Comenten y aporten.

 

 

Ahí se los dejo

 

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