Archive for January, 2015

¿Cómo le hacemos?

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Dando un poco de contexto.

En Facebook (ya se, ya se), escribí lo siguiente con respecto a las declaraciones de Peña Nieto del resultado de las investigaciones de Ayotzinapa. Para los que viven en una cueva, el presidente declaró, mutatis mutandi, que ya es hora de dejar Ayotzinapa atrás y seguir adelante como país.

Pocas veces estoy de acuerdo con Peña Nieto. En esta ocasión, al decir que no podemos quedarnos atrapados en Ayotzinapa lo estoy. A los agoreros de la tragedia es lo que les encanta. Buscar su 68, su halconazo, su Aguas Blancas, su guardería ABC. Las cosas pasan, buenas y malas, y en ningún caso podemos clavarnos un pie en ellas para pensar que siempre serán así. Que se haga justicia, si. Que se castigue, si. Que se legisle y se impida que pasen estas cosas, si. Que se mantenga en la memoria colectiva como un terrible y vergonzoso momento de la historia, si. Pero de ahí a moldearnos como nación y que el rumbo de todo lo determinen algunos cientos de personas, jamás.

Mi querida Ceci Yegros @ceciyegros, atinada como siempre, me preguntó:

¿Y qué podemos hacer como nación para que se haga justicia, se castigue, se legisle y sobre todo: Se recuerde? Como diría mi cuate Don Arthur Miller, “El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”

A esta pregunta, yo, desatinado como de costumbre, contesté:

Esa, mi querida Chechu Yegros, es la pregunta de los 10 millones. Te voy a contestar de manera simplista. Es responsabilidad de los ciudadanos.

 

Como sociedad, no podemos doblarnos y dejar que nos follen a su conveniencia, pero los métodos son importantes. Desorden, guerra civil, violencia no son la respuesta. Se ha demostrado y además ya no estamos para eso.

 

El asunto es que estos grupos son minoritarios. Cuando tienes una abstención del 60% en elecciones federales y mayor en intermedias, te dice mucho el tipo de sociedad que tienes. La gente no se involucra. NO le interesa. Lo que le encanta es decir que todo está mal, levantar un dedo flamígero para apuntar al gobierno, a los narcos, a los rateros, a los políticos, a todos, pero nunca lo levanta y se señala a si mismo.

 

El problema siempre está fuera. La solución siempre está fuera. Un país como Canadá o como Finlandia tienen un discurso ciudadano muy distinto. Medios distintos. Ideas grupales. Preocupación por el otro. Nuestros paises que aplauden a los toros y le rezan a la virgen de Guadalupe tienen una visión distinta a otras latitudes. Somos ladinos, vemos de lado, hablamos entre dientes, secretamente queremos ser ese antiheroe que siempre sale bien librado de sus tropelías. No nos da coraje la corrupción, nos da coraje no estar metidos en el negocio.

 

Cuando dicen que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, es cierto. Un país que propone que Cuauhtemoc Blanco, un cuasi analfabeta, que Quico, un “comediante” que no ha hecho nada relevante en 40 años, o Yuri, una cantante de valores volátiles y acomodaticios, sean sus próximos gobernantes o legisladores, es un país que se está quedando sin ideas y está apostando al bling bling político, exactamente igual de lo que se quejan con Peña Nieto -el subproducto que una televisora puso en el poder (si, este es el nivel de discurso). Si esto es lo que aceptamos, nos merecemos todo lo que nos pasa.

 

Al final, somos muchos más los que queremos un país mejor, donde podamos trabajar dignamente, salir a la calle, educar a nuestros hijos y poder tener tiempo libre. Eso no se logra con guerras. Se logra con un enfoque en ser un país de primera, desde la casa. Con respeto a los otros y al bien común. Involucrándonos en lo que pasa en nuestra calle, en nuestra colonia.

 

Si los padres de los de Ayotzinapa no empiezan por quejarse de las razones que tuvo una escuela sin director para mandar a un grupo de estudiantes de primer año a un municipio a 200 kilómetros de su comunidad para ir a protestar algo que no les afecta y prefieren, como lo hacíamos en esta tierra hace 600 años, exigir al tlaotani que le resuelva sus problemas, o peor aún, culparlo a él por su unción divina, estamos muy lejos de tener una sociedad responsable de sus decisiones y del país que se supone que queremos tener.

 

Iba a ser simplista, mi querida Chechu, pero me clavé.

 

Comenten y aporten.

 

 

Ahí se los dejo

 

¿Periodismo o activismo?

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Escuchando las noticias de la mañana, lo que casi me causa una embolia, pasaron la nota del “periodista” que un comando armado secuestró en el municipio de Medellín, en Veracruz.

No quiero minimizar la violencia y el total descontrol que se vive en ciertas zonas del país. Es lamentable que pasen estas cosas y mis pensamientos van con la familia de este señor. A lo que me quiero referir es al entrecomillado de unas líneas arriba. El “periodista”.

Informar es una labor seria. Hay gente que estudia años para refinar el arte de la palabra escrita, de la incisiva opinión en la radio o por lo menos de la cara conocida en la televisión. La apertura de estos medios sociales -que de eso tienen poco- hace que cualquier palurdo con diez pesos y acceso al café internet vierta sus ideas en un blog, del cual este sería un triste ejemplo, y se autodenomine periodista.

Todos tenemos derecho a nuestra opinión y de ponerla donde nos de la gana. Pintarla en las paredes de una dependencia oficial, tener nuestro chuirer, feis o tombler. Podemos grabar nuesto videoblog al mas puro estilo de German o del Werever. Gritar a los cuatro vientos que el alcalde de tal o cual es un ratero o que el delegado no hace su trabajo porque hay baches en las calles. Expresarse libremente es una garantía consignada en nuestra Carta Magna.

Lo que si les encargo de favorcito es que no se cuelguen medallas que no les corresponden. Tener mi blog y decir lo que pienso no me hace periodista. Ser un taxista de Medellín, Veracruz con un montón de ganas de participar en la vida pública y repartir un panfleto con sus opiniones, tampoco. Eso se llama activismo y hay harto. Que lo hayan secuestrado o matado por sus opiniones tampoco lo hace periodista. He sabido de muchos casos de gente que la matan en una fiesta solo porque lo que dijo no le cuadró al que traía la pistola. Como pasó con Charlie Hebdo, pisó el callo que no debía y se la cobraron, pero hay que distinguir entre eso y la labor de un verdadero periodista, que influye en la opinión pública, que marca tendencias de pensamiento, que hace reflexionar a la sociedad con sus letras.

Bájenle dos rayas y no se la crean tanto, mis adorados.

Comenten y aporten.

No soy Charlie

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Lo que pasó en París está muy cabrón. Meterse a una empresa a balacear gente porque no les cuadra lo que dicen no debería pasar en ningún lado. Pero esto me pone a reflexionar acerca de la tan llevada y traida “Libertad de Expresión”
Para la religión musulmana, burlarse de Mahoma es simplemente inaceptable; dibujarlo, representarlo de algún modo distinto a sus cánones está penado incluso con la muerte. ¿Qué necesidad tiene alguien de estar haciendo esto? Dicen que los perros se lamen el culo porque pueden. También cualquiera puede decir lo que sea de quien sea, pero todo tiene consecuencias. Escudarse detrás de la Libertad de Expresión para burlarse de las creencias de otros y esperar que no pase nada es muy irresponsable.
Porque este es el punto medular. Son creencias. No son hechos refutables. Si alguien me discute que la tierra es cuadrada o que los dinosaurios convivieron con los humanos es un argumento facil de destruir, pero cuando pasamos al terreno de la fe, el juego es otro. La gente está muy loca y es capaz de lo que sea con tal de defender sus creencias.
Esto no se limita a los musulmanes, que tienen larga cola que les pisen… en los últimos 15 años. Si nos arrancamos con la iglesia católica, tenemos 2,000 de muy amenas historias de matanzas por contradecir sus creencias. Se espantan porque matan a unos caricaturistas que se burlan abiertamente de la fe de un pueblo pero ni chistan cuando les recuerdan las quemas de mujeres librepensadoras (millones, según algunas fuentes) por no cuadrarse ante la fe católica.
La libertad lleva responsabilidad. Si le rascas los huevos al tigre dudo que te de las gracias. Y estos compas se los patearon y quemaron y echaron ácido durante muchos años. Siempre hay un loco. Siempre.
Ojalá respetaramos más y nos dejáramos de meter en lo que no nos importa. Si los demás quieren vivir cubiertos en sangre y eso los hace felices, ¿a mi que?

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