Ya se me quemaban las habas por regresar al blog. Bueno. Por regresar. Cuando estás perdiendo el camino dejas abandonado lo que te gusta y escribir aplica muy alto en esta lista.

Bueno. Basta de de quejas. A lo que te truje.

Hoy quiero compartir mis impresiones con respecto a lo que ha sucedido en últimas fechas (casi dos años diría yo) en la industria del contenido, definido como textos, imágenes, videos y audios originales que deben poblar no solo la blogósfera (ay que bonito término) sino todos los medios a los que estamos expuestos.

Algo está pasando en México. No solo son razones económicas, las que sigo sin entender porqué estamos tan jodidos, sino también son razones creativas: nos hemos vuelto huevones intelectuales, poco profesionales y pichicatos a la hora de generar. Los contenidos que consumimos en la televisión y radio nacionales los dejo aparte, porque su patetismo me parece insultante; adoramos a figuras que no aportan, entronamos ideas sin fundamento. Desde los noticieros y programas de revista hasta las emisiones puramente de entretenimiento, llenamos de vacío horas y horas del día. Y la televisión por cable no se queda atrás. nos atascan el buche con programas iguales, en lo que cambia es el personaje pero no la aportación.

Internet se está contagiando de este mal. Los sitios de noticias publican información sin respaldo, con fuentes ridículas o refritos de sitios internacionales. La repetición hasta el cansancio, amplificada por las redes sociales, que lo único que logran es ampliar la confusión, ha logrado una indigestión digital de la que veo dificil que podamos salir bien librados. El exceso de información como la clave de la desinformación.

Pienso que hemos perdido el respeto por el contenido. Consumimos lo que sea. Mis hijos (que imagino que serán reflejo fiel de su generación) pasan horas viendo videos que lo único que promueven es la idiotez, la violencia y el desapego. Basta con que alguien exprese una opinión contraria en Twitter o Facebook para que los verdugos de las buenas ideas la estandaricen, la ataquen y la destruyan. YouTube puede contener cientos de millones de horas de video pero muy poco aporta, educa o sorprende. Estamos en el vértice de una estrepitosa caida hacia el vacío de las ideas.

A los que nos dedicamos a la producción de contenido como una forma de vida y queremos aportar de verdad las puertas se cierran por presupuestos raquíticos o ejecutivos miopes que son incapaces de ver una buena idea aunque estuviera envuelta en Bárbara Mori. Se van por el camino más fácil, tienen pánico a innovar. Con copiar está bien, con seguir la moda de poner un hashtag basta, con hacer una promoción y ganar likes en Facebook están conformes. A pesar del altísimo consumo de contenido (sin importar su calidad) que existe hoy, continúan usando fórmulas que contravienen los principios más básicos de la comunicación. Y así estamos, tratando de sacar al buey de la barranca.

O nos quitamos la venda o nos vamos a dar de frente contra la pared. El contenido es el rey y parece que se está muriendo. Si no lo respetamos, falta poco para que la realidad de esa aldea global nos devore por completo. Ya perdimos varios encuentros. A ver si no perdemos para siempre el campeonato.

Comenten y aporten.