Tengo la extraña sensación de estar en el limbo. No se si les ha pasado. Cuando quieres entender todo y no entiendes nada, cuando quieres todo y todo se escapa, cuando sabes cual debe ser la fuente de tu alegría y no quieres que esa sea, cuando crees que las cosas van bien y pues no. Así, normal.

He pasado por días aciagos, de esos que no le deseas a nadie. Demasiada realidad. Mucho contacto conmigo. No estoy acostumbrado. Parece que lo que más quiero me elude y soy lo suficientemente necio para no aceptarlo. No tengo idea cual será el resultado final de mi necedad; se cual quiero que sea, pero eso no depende de mi, no lo controlo y solo puedo esperar por lo mejor. He recibido grandes consejos y sorpresas -buenas y malas- de las personas que menos me lo esperaba y esto me mantiene en un subibaja emocional que no termina de detenerse, no acaba de cuajar. Esto no me exime de seguir adelante con lo que tengo que hacer, aunque no me apasione, a pesar de que no quiero hacerlo. Estoy en automático. Soy como Tom Hanks en Naufrago: otro día para seguir respirando, otro día para seguir existiendo, esperando nada más.

Entiendo -porque de verdad lo entiendo- que hay que moverse hacia adelante; sin embargo, cada que alguien me lo dice, que lo pienso, que lo racionalizo, que trato de convencerme, me doy cuenta que no necesariamente esto es lo correcto, por lo menos no para mi. La felicidad no es un estado constante. Es una serie de picos en tu vida. Pero la verdadera felicidad consiste en reconocer estos momentos que te quitan el aliento y dar la vida por recrearlos, por hacer lo que sea necesario para que no desaparezcan. ¿Dónde esta la ganancia en negarlos, en echarlos abajo de la alfombra como polvo viejo, si esos fueron los momento que le dieron y que seguramente le podrían seguir dando sentido a la efímera vida que tenemos en esta tierra? Yo no creo en la trascendencia del alma, ni en la continuidad de la la vida ni en nada que tenga que no tenga que ver con el aquí y ahora. Bastante complicado es encontrar esas chispas como para dejarlas morir lentamente en la oscuridad de los recuerdos.

Creo firmemente que la vida no son opciones sino la capacidad de tomar riesgos, de atreverte a transitar el camino más improbable, el que parece más lleno de espinas. Los valles más hermosos son los que están escondidos en lo más profundo del bosque y llegar a ellos es el verdadero premio de tomar el riesgo de buscarlos. Puedes recorrer estos caminos quejándote a cada paso o con una sonrisa en los labios, sabiendo lo que está esperando. Esas son las decisiones que hacen que tenga sentido la vida.

No estoy contento con este momento de mi vida. Hay muchas cosas que no hubiera hecho o que me gustaría cambiar para que hoy no fuera así. Pero no siempre depende de lo que uno quiera y el hubiera es el pretérito de los pendejos. Solo me queda la seguridad de que se cuanto valgo, que tengo mucho que dar, que soy capaz de dar y recibir amor y qué y quién me hace feliz. He visto la felicidad a los ojos, la he tocado y la he sentido hasta la última célula de mi ser. Si se todo esto, ¿cual es la razón para no luchar hasta el último aliento? Me lo pregunto.

Ni comenten ni aporten. Así esta bien por hoy.