Lo confieso. Soy adicto al Oscar. Me encanta la ceremonia, decir “órale, se murió tal” en el In Memoriam, el oropel y glamour de la alfombra roja. El cine es parte fundamental de mi vida; además de que entendo perfectamente bien el proceso de producción de una película, me gustan las historias, los actores. Disfruto ver carotas de 3 metros en la pantalla grande y ver una peli en mi casa, sin importar que la haya visto 22 veces. Como decía Ibargüengoitia, uno de los mejores críticos de cine que he leído, ver películas es como el chocolate: algo barato, muy sabroso y que no le hace daño a nadie. Por eso, me sorprende muchísimo cuando veo reacciones como las que tuve oportunidad de disfrutar el día de ayer.

Por un lado, el caso Bichir y Lubezki. Me siento muy orgulloso que compatriotas talentosos tengan oportunidades fuera de México, pero no por eso siento que me representan como mexicano. Es su esfuerzo y se los reconozco. Ver reacciones ridículas como “no se lo dieron por ser mexicano”, “le robaron el premio”, “solo un mexicano puede ser nominado 5 veces y no ganar” y similares, hacen que pierda un poquito más la fe en la humanidad. Hay decenas de ejemplos de cineastas, actores, fotógrafos, editores y demás que han sido pasados por alto por los premios de la Academia y que tienen trabajo todos los días. El trabajo de Bichir y de Lubezki es extraordinario, pero también el de los demás. Seis mil tipos votan en los premios. No es “la Academia” como un ente malvado que está viendo a quien se jode.

Por el otro lado, está el tema político. Leí un comentario que decía algo como “Me gustó El Artista, pero no confío en una industria que premia un homenaje a si misma”. O sea, está bien que se haga la película, que salga un galán, una mujer bellísima, que paguen por ir a verla, QUE LES GUSTE, pero no que la premien. Perdón, pero esto es borderline a la esquizofrenia. El cine es lo que es. Diversión y entretenimiento. Son pocos los cineastas que tienen en mente segundas o terceras intenciones al momento de estar filmando y estos son muy evidentes. Algunos políticos se aventaron la puntada de decir que si a Bichir no le daban el Oscar era porque se estaba fraguando un plan desde Washington para endurecer las leyes anti inmigrantes en todos los estados de la Unión Americana. Hubo personas, con el tema de ACTA (la propuesta de ley anti piratería) que dijeron que no entienden la fascinación por una industria que manipula gobiernos para mutilar derechos y que solo ve película de cineastas independientes que sus películas no tienen copyright. Con todo respeto, esto es una idiotez. Pensar que hay un plan maquiavélico detrás de una película se me hace muy enfermo.

A mi que me gusta el cine y que soy capaz de disfrutar casi cualquier película, este tipo de comentarios me parecen más nocivos. La industria del cine norteamericana es la más importante del mundo y genera, además de millones de dólares, millones de sonrisas por todos lados. Para todos los que me quieren quitar la diversión del fascinante momento del primer puñado de palomitas mientras abrazo a mi novia cuando la máquina de sueños se echa a andar, solo les puedo decir: consíganse una vida.

Comenten, aporten y no nos cierren Reforma.