Estoy pasando por un periodo de transición fuerte en mi vida. Una vez más me divorcio, otra vez a buscarme la vida. Mi negocio da tumbos, no necesariamente malos, pero sumamente desgastantes. Mis tiempos, mis movimientos, mis relaciones, todo está en un momento de transición. A mis 43 años tengo que reinventarme, buscar mi lugar en el mundo otra vez, tratar de no perderme como ya me ha pasado. ¿Estoy cansado? Si. ¿Desanimado? Un poco. ¿Esperanzado? Si. Y mucho.

Se que parece contradictorio, pero así me siento. No me cuestionen. Dentro del mar de muinas que he sido los últimos meses -tal vez años-  veo luz al final del camino. Estoy retomando mi rutina de ejercicio, estoy poniendo en orden mis cuentas, mi casa parece un lugar donde un humano puede vivir, estoy saliendo de manera estable con una extraordinaria mujer, veo a mis hijos prácticamente diario, tomé un curso que me hizo ver muchas cosas de mi vida. Estoy en limpieza profunda.

¿Cómo llegué aquí? Yo creía que era mi capacidad de solucionar las cosas, mi inteligencia y mi creatividad. I was so wrong. Lo que me trajo hasta aquí fue creer que siendo como soy iba a ser significante para los demás y que siendo visible -aunque fuera de la peor manera- los demás me iban a aceptar y a querer. Que fuerte para un adulto hecho y derecho descubrir de golpe y porrazo que sus decisiones de la infancia lo iban a perseguir hasta la edad madura. Pero así fue y hoy tengo la mitad de mi vida no para corregir, que es un error desde mi perspectiva, sino para redireccionar. El camino frente a mi ya no es una serie interminable de bifurcaciones. Hoy mi camino es un páramo abierto, vacío, en el que puedo sembrar y cosechar lo que se me pegue la gana, incluir a quien yo quiera, caminar en cualquier dirección sin temor a equivocar el rumbo o a perderme y ser la persona que siempre quise ser. Un buen hombre.

En el curso que tomé -si hay alguien interesado le puedo dar los datos, no quiero hacer anuncios aquí- hubo un punto en el que me tuve que cuestionar cómo hubiera sido mi vida si en ese punto de inflexión hubiera decidido no comportarme como lo hice y de pronto se me vino el mundo encima y no pude hacer mas que llorar. Porque me di cuenta de todas las personas a las que lastimé, todo el tiempo que perdí, todas las oportunidades que dejé pasar. Todo por manterme en una actitud que me sirvió a los 9 pero no a los 39. Y así fue y no me arrepiento, solo me entristece.

¿Qué sigue? No se. No quiero saberlo. Hoy me siento más ligero que ayer. Estoy dando tumbos aún, diciendo lo que me nace en ese momento y lastimando. Pero me disculpo, analizo y regreso. Hoy la vida me está regalando otra oportunidad. Y no me refiero a una falsa libertad, sino a la conciencia de cómo voy a ser a los 85 años y qué quiero para mi de hoy en adelante. Quiero estar conmigo y ser de utilidad a los demás. Quiero ser un buen hombre.

Comenten y aporten. Y pasen los kleenex, porfa.

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