Archive for June, 2011

#clientepitero: El Regreso

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Tras una excursión de varias semanas por los procelosos caminos del exceso de trabajo, regreso a mis actividades normales (tuitear y escribir). En este último periplo, tuve la oportunidad única de reencontrarme con #clientepitero. ¡Ah, cómo extrañaba yo sus necedades, sus incoherencias, sus groserías y su falta de profesionalismo!

Ya tenía tiempo que no trataba con #clientepitero. No por eso la memoria de sus métodos de trabajo se ha diluído; al contrario, cada vez se hace más presente y empeora conforme pasan los años. Afortunadamente, la relación con ellos ya se acabó. Ellos aún no lo saben, pero ya se enterarán.

#Clientepitero no es único. Ojalá. El mundo está plagado de ellos y mi responsabilidad es mostrarlos tal cual son: empresas que funcionan como dinosaurios, con mucho cuerpo y muy poca cabeza. Son empresas que no respetan la experiencia y el conocimiento de sus proveedores, lo que tenemos años especializándonos para poder eser expertos y ofrecer un buen servicio. Una buena manera de identificar a #clientepitero es darte cuenta cuál de tus clientes es el que siempore te da problemas, siempre salen mal sus cosas, siempre hay diferencias de presupuestos. A esos clientes, húyeles como a la rabia. Son #clientepitero

La última de mi #clientepitero es pensar que porque medio hicieron una de las cosas que hacían contigo y medio les salió, tienen, primero, la capacidad de hacerlo ellos. Y segundo, el derecho de reclamarte por cada uno de los pequeños errores que van sucediendo en el camino. Como #clientepitero no tiene idea de los procesos de trabajo de sus proveedores (hemos hablado en otros momentos de su proverbial ignorancia), no está en sus capacidades comprender que si tu ingresas mierda en un sistema, seguramente no te entregará flores. Sus flujos de procesos y entrega de información son tan deficientes que no sabe que está mandando, que es urgente, que es importante y cómo debe entragar sus cosas. Y además, reclama.

Proveedores como yo trabajamos con información que debemos transformar en algo que no tiene nada que ver con la información original. No somos un proveedor común. Si vendiéramos kilos de cartón, estaría de acuerdo en la mitad de las cosas que estes #clientespiteros reclaman. Pero no podemos ser tratados como gente que vende tangibles. Nuestros clientes tienen la responsabilidad de saber qué es lo que están pidiendo, cuales son los tiempos y los costos de hacerlo. Es lo mínimo que una empresa debería pedir a “ejecutivos” que pretenden saber y que solo ladran mucho y creen que sus dizque políticas de terror funcionan.

Yo le huyo a los #clientespiteros. Tengo de vez en cuando la mala fortuna de cruzarme con uno y a veces no lo identifico a tiempo y me enredo en un proyecto que se que tengo que terminar pero con un costo de hígado y bilis muy alto.

#clientepitero. Un favorcito. No nos hagas perder el tiempo. Si puedes hacer nuestro trabajo, contrátate a ti mismo. Es más facil y nos vas a tener a todos más contentos. Ahora, si quieres que te ayudemos, abre tu mente, abre tus oídos y cierra tu boca. Escuchar a tus proveedores te va a hacer más sabio, que hagas mejor tu trabajo y vas a repartir riqueza. Y en una de esas, hasta amigos puedes hacer. A mi me pasa todos los días.

Comenten y aporten.

Chespirito y la vorágine informativa.

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Hace unos días desperté con la noticia que Chespirito, a sus 82 años, está en Twitter. Esto levantó una ola bastatnte peculiar, de defensores y detractores, que logró que el creador del Chavo generara decenas de miles de seguidores en sólo unas horas (al momento de escribir esto, tiene más 600,000).

Pero esta es solo la primera de las cosas de las que me debo ocupar en mi travesía por el mundo digital; me entero de lo “último” de la Guardería ABC, debo chutarme los pormenores de las celebraciones del triunfo de los equipos deportivos de los que son hinchas, enterarme que jugará México contra Cuba en algún torneo. Me mandan decenas de ligas, las cuales reviso, que van desde chismes de farándula hasta la última mejora de Windows Wathever para que dependas más de los antivirus. Todo esto sin contar las expresiones personales, los dolores de amor, las pedas sabatinas, los poetastros y las damas sexosas. Las cenas, los escándalos, los desayunos, los buenos días y las buenas noches. Y apenas son las 8 de la mañana. Y apenas he revisado el timeline de Twitter.

Si me pongo a revisar mi(s) correo(s), la situación es similar. Peticiones de cotización, información de clientes, newsletters a los que estoy suscrito, los RSSs, los Daylies y los blogs. Además, entro a las páginas que habitualmente reviso, busco en google alguna información que quedó pendiente de la semana o que se me cruzó en el camino. Y no he salido de mi casa.

Tengo evento de mis hijos y su escuela. Salgo y tengo que revisar las nuevas rutas para salir de casa, ya que toda la ciudad está en obras. Al pasar por Periférico, veo todos los mensajes de la información de la obra: cuanto tiempo me voy a ahorrar, cuanto se está invirtiendo, a cuantos habitantes va a beneficiar (supongo que soy uno de ellos). Voy pasando por calles y avenidas que me dicen que refresco tomar, con qué crédito embarcarme, qué condón usar para estar seguro, a dónde dirigirme si soy una muchachita embarzada, el teléfono del consumiro si soy víctima de un abuso, cientos de bellas mujeres se me presentan en los anuncios, tratando de convencerme con su imagen de consumir desde colchones hasta rasuradoras. Y todavía no llego al estadio donde es el juego de mi hijo.

Llego con los papás, me tengo que acordar de la última vez que los vi, sus nombres, de qué hablamos, del nombre de sus hijos, sus posiciones en el juego. Me tengo que acordar de hacer checkin de Foresquare, porque solo me faltan 5 visitas al Starbucks para ser el mayor. Mientras me tomo mi café, tuitéo. Me tengo que acordar de las conversaciones vigentes, de los temas de los que se hablaban. Recibo una llamada de un cliente. Tengo que recordar todo de su proyecto, el status y la liga donde debe revisar sus cosas. Y son apenas las 11 am. Y ya quiero que me hagan una lobotomía para sacarme de la cabeza toda la información que he tenido que procesar en las últimas 3 horas.

Yo me considero una persona bastante capaz. Pero hay momentos que, de plano, me dan ganas de tirar la toalla. La vorágine de estímulos informativos que tenemos que procesar todos los días en enorme, dispersa, contradictoria. No hay modo que un país con 8 años promedio de escolaridad la gente pueda tomar decisiones correctas con la paella informativa que se le presenta. Y mi teoría es que todo esto es un plan perfectamente bien orquestado para mantener a la gente dentro del huracán y que nunca pueda salir de ahí.

Y Chespirito, ¿qué?

Comenten, aporten y síganme los buenos. Porque yo como digo una cosa, digo otra.

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