Archive for May, 2011

La Chilanga Chinga

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En 1972, un grupo variopinto de académicos, industriales, filósofos y científicos publicaron un reporte derivado de una investigación colectiva de un año, en la que detallaban las consecuencias de un crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos.

En Los Límites del Crecimiento, el Club de Roma hace análisis muy estrictos con respecto a la manera como el crecimiento no puede ser ni ilimitado ni caótico. Esta publicación, cercana a los 40 años, podría ser un gran libro de cabecera para los que hoy están planeando (?) la nueva cara de la Ciudad de México.

Desde hace algunos años, la Ciudad de México ha sufrido una cirugía mayor. Avenidas, pasos a desnivel, metrobuses, líneas del metro, segundos pisos, centros comerciales, edificios, nuevas zonas habitacionales, etc. Amigos, conocidos y familiares que se fueron a vivir a otro lado y que regresan por cualquier razón, se sienten aplastados y anonadados de estos cambios, al grado de no reconocer los caminos que tantas veces transitaron. Los edificios, con miles de departamentos, están tomando zonas donde antes había naves industriales. Avenidas que antes eran fundamentales para el desahogo de vehículos, hoy están siendo transformadas en paso casi exclusivo del transporte público. Y estos son solo algunos ejemplos de lo que hoy acontece aquí y de lo que me gustaría, con la venia del respetable, dar mi opinión.

La Ciudad de México siempre ha sido el campo de batalla favorito de todos los mexicanos. Aqui se viene a dirimir desde una disputa laboral en Chiapas hasta la firma de unos análisis médicos para uan operción en Caborca. Con los esfuerzos de descentralización, uno pensaría que esta dinámica ha cambiado, pero no es así. Miles de cosas que deberían pasar en otro lado siguen pasando aquí, lo que implica una alta concentración de gente que nada tendría que estar haciendo el DF. Este factor hace que la Ciudad de México siga siendo el corazón de México y no en el mejor sentido de la palabra.

Una buena parte de las grandes inversiones en infraestructura se siguen haciendo aquí. Cada vez más gente viene a vivir al DF, lo que ha hecho que zonas enteras cambien el uso de suelo para albergar a más y más gente, que requiere agua, luz, teléfono, celulares, transporte, alimentos y vestido. Las periferias tienen un ritmo descontrolado de crecimiento; la voracidad de políticos y empresarios por ganar votos y dinero dan cabida a cuanto proyecto aparece, sin que estos tengan un sustento real en lo que en cualquier parte del mundo sería planeación urbana básica. Las adecuaciones de vialidades existentes para colocar transporte público son contraproducentes y en la mayoría de los casos, improvisadas. Y ni hablar de las nuevas vialidades, en las que el tranporte público no está ni siquiera contemplado.

En el caso de la vivienda, los grandes conjuntos y los edficios surgen como hongos. En lugares donde había una casa con 4 personas, un auto y dos baños, hoy hay edificios de 12 pisos, con 36 departamentos, 72 baños y 80 autos, sin que la infraestructura hidráulica y de energía eléctrica se haya modificado. Zonas como Polanco e Interlomas son claros ejemplos de esto. Y ni empecemos con  los grandes conjuntos habitacionales, colocados en zonas industriales, deonde antes llegaban obreros en transporte público y hoy hau miles de departamentos, miles de coches y además están aderezados con cines, centros comerciales y restaurantes, con un consumo masivo de recursos que es a todas luces insostenible.

Las ventajas del desarrollo urbano son evidentes. Pero estas deben llevar planeación. Falta muy poco, desde mi perspectiva, para que la Ciudad de México se vuelva un lugar inhabitable. La ilusión de las obras de infraestructura está haciendo que cada vez seamos más aqui y estemos más cerca del otro, sin espacio vital. Yo escribo esto muy cerca de un lugar que estará cerrado durante los siguientes 8 meses, si bien nos va, y que es una arteria fundamental para conectar el poniente con el centro de la ciudad. Se nos avisó apenas hace unos días y eso fue en su mayoría de boca en boca.

Tenemos que cambiar nuestra dinámica como ciudad. Desde los que habitamos aquí hasta la absurda concentración de responsabilidad que tiene la capital del país. Yo tengo la teoría que, si en el DF no tenemos las balaceras que hay en otras partes del país, es por el tráfico. Nada más ridículo que un grupo de sicarios que fue acorralado en Tezontle y eje 6 por un autobús que se quedó atravesado en la avenida. Pero por otro lado, los niveles de tolerancia de los habitantes están bajando de manera alarmante. La agresividad con la que la gente se conduce es preocupante. Y esto es resultado directo, según yo, de la ceguera y sordera de políticos y empresarios a entender que si algo necesita la Ciudad de México es hacerse más pequeña y no más densa.

Por lo pronto, para quien le interese, les dejo el link para que sepan las obras que se están llevando a cabo en la ciudad y planeen lo que puedan.

Comenten y aporten. Total, les quedan dos horas en el coche.

El fin del mundo

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Estamos a menos de 100 días del siguiente fin del mundo. Les quiero compartir este texto que escribí el año pasado. Si. El mundo también se iba a acabar el año pasado. (Entran risas grabadas).

Disfrútenlo.

Tras algún tiempo de ausencia, retomamos esta bonita costumbre de vaciar las ideas en el blog. Muchas cosas han pasado en mi vida; si las quieren saber, les recomiendo que me mejor me inviten unas cervezas, ya que no suelo ventilar mis asuntos personales así como así.

Pero hoy nos compete algo mucho más importante: el fin del mundo. Como este puede ser mi último post, preferí dejar por escrito, en caso de que sobrevivan los servidores que amablemente hostean estas palabras, mi opinión con respecto a esto.

Cada cierto tiempo, los agoreros de terror nos dicen la hora y el día en el que dejaremos de existir. Hoy, gracias a todos los que participamos de las redes sociales y de los medios digitales, logramos darles una amplificación que nunca hubiera pensado el loco con el cartel colgando en el cuello. Recibimos como verdades absolutas cualquier contenido que pasa por nuestras manos, móviles y computadoras. Las repetimos hasta el cansancio. Como dijo Hitler, mientras más se repita una mentira, más pronto se convertirá en verdad (o algo así).

Nunca he creido en estas maldiciones; estoy convencido que el orden cósmico es perfecto y el día que nos cargue el payaso no tendrá que ver nada con nosotros o con nuestras supersticiones. Pero como hay que que abonar al terror colectivo, les voy a pasar la lista de las cosas que es imprescindible tener para pasar un fin del mundo como Dios manda.

Primero y antes que nada, una conexión móvil a internet. No creo que haya nada más molesto que ver venir una ola de 2 kilómetros de altura y no tener nadie con quien compartirlo. “Estamos a punto que nos cargue la chingada. Pls RT”

Por supuesto, tenemos que tener cerca a todos nuestros políticos. Debemos estar absolutamente seguros que también se van a extinguir, no vaya a ser.

Tener cerca a tu pareja es opcional. Siempre cabe la posibilidad que en el último momento te vaya a decir lo que realmente piensa de ti y esa no es una buena manera de irte.

Yo optaría por estar completamente desnudo cuando el meteorito nos acabe. Por ninguna razón en especial, solo me gusta andar encuerado.

Por múltiples razones que sería banal describir aquí, tener una botella del vino más fuerte y una banderola de Universidad.

Si crees en eso, ten cerca todos tus objetos religiosos. Total, te falta muy poco para ver lo equivocado que estuviste toda la vida.

Definitivamente es un momento de reflexión. Un espejo sería ideal para lograr esto.

Todas las demás cosas que estuvieron acumulando durante la vida, desde sus cepillos de dientes hasta sus iPads, van a desaparecer en unas horas. No vale la pena traer nada de esto. Como desde el principio no valía la pena.

Por último, si se sienten muy exclusivos y no desean formar parte de una orgía de cadáveres sanguinolientos, una cápsula de cianuro siempre es efectiva e indolora. En caso de que no se acabe el mundo, hay muchas personas a las que se las recomendaría de cualquier manera.

Comenten y aporten, en caso de que les alcance el tiempo.

Que tengan un feliz fin del mundo

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