Para mis lectores asiduos (si, les hablo a ustedes dos) les pido una disculpa por la demora en postear algo. Ya saben que esta pobreza no se va air sola y alguien tiene que pagar los ambigús (sean curiosos y busquen esta palabra).

Pero entremos en materia. Top Gear. Para ustedes que no tienen cable o no hablan inglés, este programa les sonará lejano o desconocido. El tema no es el programa, que en lo personal lo he visto algunas veces, se me hace ácido y bastante divertido. El tema es la facilidad con la que vemos la paja en el ojo ajeno y nunca, pero nunca, la viga en el propio.

El asunto es que los conductores de este programa, que se caracterizan por un estilo bastante rasposo, tuvieron a bien comentar acerca de un auto mexicano, el Mastretta (si alguno de ustedes había oído hablar de él, felicidades; para mi fue primera noticia) e hicieron comentarios en el estilo que siempre han manejado en el show, burlándose de su condición de auto mexicano y hablando acerca de los mexicanos y de México. Aquí está el video para que saquen sus propias conclusiones.

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Independientemente de la calidad de los comentarios, que si son abiertamente burlones de México y los mexicanos, es interesante ver la reacción de la gente que se enteró -que cabe destacar que fue mínima-, del embajador de México en Gran Bretaña y de la bola de azotados en las redes sociales. El consenso casi general fue que, de tenerlos enfrente, a los conductores de Top Gear les sacarían el corazón en la piedra de sacrificios del templo mayor para mandarlo en pedazos de vuelta al Palacio de Buckingham.

Estos son los momentos en los que hay que ser mexicano para entender esta actitud. Porque solo así se puede entender que alguien que glorifica en televisión los chistes de negros, españoles, chinos o gays se puede sorprender e incluso molestar porque hablen mal de él. Así entenderían porqué solo nosotros tenemos el derecho divino de hablar mal de México y le prohibimos al resto del mundo hacerlo. Sabrían porqué podemos solidarizarnos con haitianos o egipcios y nos importa muy poco lo que sucede todos los días en la esquina de nuestra casa. Tendría clara la razón por la cual nos sorprendemos de que un programa de TV en otro país hable basura de nostros y no se percata del narco, la corrupción, la falta de solidaridad, la pobreza y todos los males que nos aquejan. No nos gusta que piensen que andamos en burro y dormimos bajo un nopal, pero tampoco hacemos mucho por cambiar esa imagen, ni nosotros ni el gobierno. Nos parece “simpático” que un compadre se vaya a mear a la flama perpetua de los caídos de la Segunda Guerra Mundial en Francia (lo que es un insulto mayor) y no lo censuramos; por el contrario, le apludimos los “huevos de enseñarles a esos pinches franceses lo chingones que somos” (este es un quote que le oí a alguien que por supuesto suprimí de mi lista de amigos).

Como pueblo no podemos tener una doble moral tan absurda. No está bien, no es sano y no nos lleva a ningún lado. Las críticas hay que recibirlas sin tanta agresión; por el contrario, debemos leer entre líneas que nos quieren decir, entender que la percepción es la realidad. En México somos capaces de soltar un chiste de yucatecos bajo todo el estereotipo que esta condición conlleva. Mi familia es de Yucatán y les juro que nadie habla así. Pero eso no tiene nada que ver con la vox pópuli, que ya decidió que así es y que esa es la realidad. Pasa lo mismo con los ingleses que tuvieron la “osadía de hablar mal de nuestra patria” (esto fue leído en Twitter *unfollow directo).

Ahí les va una para que se sigan enojando. No sean Jarros de Tlaquepaque. Panzones, prietos y sentidos.

Comente, aporten y no se me llenen de tamales. Feliz Candelaria