De entrada y antes que me digan algo: si, soy un hocicón. Prometí no volver a trabajar con #clientepitero y lo estoy haciendo. No tengo más razones que mi deseo incontenible de volverme rico lo más pronto posible y la esperanza de lograr mejorar los métodos de trabajo de los ejecutivos de las empresas para con sus proveedores. Pero como soy un ser en busca constante de la sabiduría, les quiero compartir mis hallazgos de este último asalto.

No todo el #clientepitero es pitero. Había tratado con un área que evidentemente no hace constantemente el servicio que yo les presto. En esta ocasión, estoy tratando con el área que se especializa en estos menesteres y si hay una gran diferencia en el trato y en la manera de pedir las cosas. De ahi se deriva mi primera recomendación. Si vas a tener a alguien pidiendo cosas, de menos capacítalo o que se asesore con un experto interno. Si no existe un experto interno, confía en la experiencia de tu proveedor de cómo se deben hacer las cosas.

Se es #clientepitero de la cabeza para abajo. Tras un análisis transaccional de los usos y costumbres de #clientepitero pude llegar a esta conclusión. El cerebro de la organización determina el comportamiento de la misma. Las altas esferas van a enseñarle a los miembros a moverse de acuerdo a sus necesidades y a portarse en consecuencia. Entonces, como no se le pueden pedir peras a un olmo, no se le puede pedir a una organización que sea amable, inteligente o arriesgada si la dirección no lo es. No se tiene fuera lo que no se lleva dentro.

No le hago feo al dindero, pero si es desgastante. Por eso, les prometo una cosa. De mi cuenta corre que estos compadres dejen de ser #clientepitero no solo por mi bien sino por el de todos los demás que desean ingresar a sus filas de proveedores. Soy un santo, lo se.

Comenten y aporten.