Archive for July, 2010

La vida desde el nopal

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Hoy estuve presente en un evento organizado por la Secretaría de Economía, cuya invitación me llegó de rebote gracias a un tuitero (me encantaría recordar quién). El objetivo de la reunión era dar inicio a un proceso de selección para empresas mexicanas de animación y desarrollo digital en el que la idea es internacionalizarlas utilizando las facilidades que el gobierno canadiense da a esta industria. (Si alguien está en esta industria específica, con gusto le paso la información). Hasta el Embajador de Canadá en México estuvo presente a pesar de que éramos más de 50 personas.

Mas allá del interés que pudiera llegar a tener en esto, lo que quiero comentar es la abismal diferencia de las ópticas que tenemos entre los dos países en lo que al apoyo gubernamental y a la visión de cómo se debe desarrollar a una sociedad en términos de negocio.

Empiezo con el registro. A pesar que ya lo había hecho en la página, nos obligaron a llenar una forma a mano, no contaban con suficiente material de información y su actitud no era la mejor. Al entrar, me entero que era un desayuno; esto no tiene mucha relevancia y no porque ya hubiera desayunado, sino porque seguramente eso nos quitaría otra hora por lo menos, cosa que sucedió. Después vino la presentación de los encargados de las distintas oficinas por parte de la Secretaría de Economía. Aquí es donde me gustaría detenerme un momento.

Lo primero que realmente me molestó fue el tono condescendiente con el que todos los del gobierno mexicano hablaron, utilizando esos términos de los cuáles, por lo menos yo, ya estamos hartos: poner en alto el nombre de nuestro país, hemos trabajado muy duro pero falta mucho por hacer, los empleos que el país necesita, etc. Un discurso viejo, vacío, sin contenido, que solo demuestra la falta de interés real del gobierno en hacer crecer los distintos sectores de la economía y que tratan de dejar la responsabilidad del crecimiento en manos de extraños o de un grupo de empresarios que se tienen que dar de zarpazos para conseguir financiamiento u oportunidades de negocio.

Tocó el turno al gobierno canadiense y a los oradores. El Embajador dio un esquema muy claro de la situación de Vancouver, de su industria, alcances y de las oportunidades que ahí hay para la industria de la animación. Depués pasaron un grupo de empresarios que no solo dieron su punto de vista acerca de sus negocios en específico, sino que hablaron incansablemente de la manera como el gobierno participa activamente en la economía; el modo como piensan se puede reducir a esto: el dinero de los impuestos se debe utilizar para reactivar las economías locales y las industrias que le pueden dar una ventaja competitiva a las ciudades que deciden volverse focos de desarrollo de estas industrias. ¿Alguno de ustedes conoce algo remotamente cercano en México?

No quiero atacar las iniciativas; por el contrario, voy a hacer lo posible de formar parte de estas. No me queda muy claro qué es lo que acabará sucediendo, si lograré hacer negocios con una empresa canadiense, si me pedirán una cantidad absurda de papeles que nunca les podré dar, si participaré en el programa mexicano para que, según ellos, sea más fácil internacionalizar mi empresa. Lo que si me queda claro es que mientras no nos comportemos a la altura como lo hacen nuestros socios comerciales, trabajando desde la base, desde la educación hasta la comercialización de productos de altísimo valor agregado, no pasaremos de estar en la equivalencia moderna de sentarnos en un nopal a ver los burros pasar.

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Un año después.

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Se acerca el primer aniversario del blog. A pesar que no ha tenido las visitas que las estrellas de la red tienen (estoy arañando las 7,000 visitas desde su primera versión en WordPress.com), escribirlo ha sido una de las cosas más satisfactorias que me han sucedido en la vida. Y todo esto tiene una razón de ser.

Me refiero específicamente al número de visitas porque ahí es donde puedo partir para medir un impacto. Son 7,000 personas que voluntariamente se tomaron 5 minutos de su día para leer lo que a este compañero le dio a bien pergeñar. Alguna de esas personas fue impactada fuertemente por lo que dije (no es presunción, me lo dijeron y me encantó) y generó un cambio chiquito en su vida, pero cambio al fin. Muchas de las palabras que aquí se han vertido en este año han pasado desapercibidas, pero otras no y esa creo que es la magia de tener acceso a esta maravillosa ventana que es la red.

Estos blogs son como los llamados a misa, si quieres vas y si no, pues no. Casi todos los que escribimos y que no nos leen tantos lo hacemos más por un ejercicio diario o semanal de no olvidar la palabra escrita como el medio ideal para que luego no digan que yo no dije. Me gusta sostener mis ideas y a las palabras se las lleva el viento. Hoy mismo, Javier Matuk decía en Desde el Teclado la permanencia cuasi infinita de lo que se escribe en la red. No podemos echarnos para atrás los que se nos ocurre decir tal o cual cosa de algo o alguien. Y eso es algo que simplemente me encanta debido a mi personalidad sociópata.

¿Qué he ganado con escribir durante un año lo que Simón dice…? Además de algunas enemistades, principalmente de los #clientespiteros del mundo, la enorme alegría de saber que tengo un espacio en el que puedo decir lo que quiera, cuando quiera y cómo quiera y saber que alguien lo está leyendo. Y la mayor de todas es cuando comentan y aportan. Saber que hay alguien que se toma la molestia de escribir un par de líneas o un ensayo (como en alguna ocasión pasó) a partir de una opinión mía, me da la esperanza que hay espacios para el debate, para la confrontación sana de las ideas y para construir a partir de conceptos y no de madrazos.

Gran parte de lo que he escrito y de lo he nutrido este espacio se lo debo a Twitter. Ahí me he empapado de miles de opiniones tanto profundas como banales y que han servido como inspiración para esto. Les quiero agradecer a todos los que, sabiéndolo o no, me han ayudado a plasmar mi retorcida mente aquí.

Hoy tenemos  todos la posibilidad de ser escuchados como nunca antes en la historia. Desde un café internet perdido en la sierra hasta la computadora más sofisticada, lo importante, al final, es el que está golpeando las teclas. Estamos en el mejor de los mundos posibles; lo malo es que no nos damos cuenta y utilizamos nuestro ancho de banda para retroceder en lugar de para avanzar. Yo se que no soy el autor que el mundo está esperando, pero me congratulo de hacerme el tiempo para escribir. No solo porque me encanta que me lean, por qué no decirlo, sino porque voy dejando migajas de mi alma cada vez que lo hago. Y nada me podría hacer más feliz.

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El extraño retorno de #clientepitero

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De entrada y antes que me digan algo: si, soy un hocicón. Prometí no volver a trabajar con #clientepitero y lo estoy haciendo. No tengo más razones que mi deseo incontenible de volverme rico lo más pronto posible y la esperanza de lograr mejorar los métodos de trabajo de los ejecutivos de las empresas para con sus proveedores. Pero como soy un ser en busca constante de la sabiduría, les quiero compartir mis hallazgos de este último asalto.

No todo el #clientepitero es pitero. Había tratado con un área que evidentemente no hace constantemente el servicio que yo les presto. En esta ocasión, estoy tratando con el área que se especializa en estos menesteres y si hay una gran diferencia en el trato y en la manera de pedir las cosas. De ahi se deriva mi primera recomendación. Si vas a tener a alguien pidiendo cosas, de menos capacítalo o que se asesore con un experto interno. Si no existe un experto interno, confía en la experiencia de tu proveedor de cómo se deben hacer las cosas.

Se es #clientepitero de la cabeza para abajo. Tras un análisis transaccional de los usos y costumbres de #clientepitero pude llegar a esta conclusión. El cerebro de la organización determina el comportamiento de la misma. Las altas esferas van a enseñarle a los miembros a moverse de acuerdo a sus necesidades y a portarse en consecuencia. Entonces, como no se le pueden pedir peras a un olmo, no se le puede pedir a una organización que sea amable, inteligente o arriesgada si la dirección no lo es. No se tiene fuera lo que no se lleva dentro.

No le hago feo al dindero, pero si es desgastante. Por eso, les prometo una cosa. De mi cuenta corre que estos compadres dejen de ser #clientepitero no solo por mi bien sino por el de todos los demás que desean ingresar a sus filas de proveedores. Soy un santo, lo se.

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