Muere un escritor, nace un villamelón.
Las pérdidas recientes de grandes de la cultura universal -Gabriel Vargas, creador de la Familia Burrón, pilar de la historieta mexicana y que plasmó como nadie la idiosincracia popular; Carlos Monsivais, cronista, escritor, ensayista, comentarista de todo; y José Saramago, gloria lusitana de las letras universales, premio Nobel de Literatura- más allá de dejar un profundo hueco, ha destapado otro que pienso que es más grave: el de los villamelones.
Yo debo confesar que conozco poco de la obra de Saramago, de Monsivais he leido mucho de opinión y lo ví comentar acerca de todo un millón de veces y que a Gabriel Vargas lo conozco desde niño gracias a la obsesión de mi abuelo por juntar sus historietas. No me siento ni con mucho en la capacidad de comentar cualquiera de sus obras más allá de lo que podría investigar o de lo que caiga en mis manos. Y creo firmemente que la gran mayoría de la gente que me rodea se encuentra en una situación similar o peor que la mía. Entonces, ¿de dónde viene ahora esa extraña explosión de intelectuales que citan a Saramago, a Monsivais y hasta a Borola Tacuche de Burrón en blogs, Twitters, Facebooks, programas de radio y televisión? ¿Cuál es la necesidad de tratar de demostrar que sabemos de algo cuando en realidad agarramos Wikipedia, retomamos dos frases y las copiamos para que los demás digan, “wooo!!, íralo”?
Ibargüengoitia (y de ese si se un rato) decía que no entendía cual era la necesidad de entrevistar escritores, ya que la razón principal por la que escribian era que preferían dejar sus ideas plasmadas. Lo mismo podría yo decir de la andanada de comentarios que desatan las muertes de los escritores. Si estuvieran en la flor de la edad, productivos y con las ideas enla punta de la lengua, serían una pérdida irreparable. Pero hay que tomar en cuenta que casi todos estos creadores mueren a edades avanzadas y que sus mejores años ya pasaron. Pero para eso dejaron plasmadas sus ideas, como decía Don Jorge. Escribieron lo que tenían que escribir, dejaron su marca en la cultura y lo mjor de todo es que sus obras están al alcance de todos con solo ir a Gandhi, Sanborns o prender la computadora.
Dentro de los comentarios que leí -y siento no dar la fuente, no la recuerdo- el mejor fue este: “Se están muriendo los escritores. Los lectores se murieron hace mucho”. Dejen de rasgarse las vestiduras por lo que apenas conocen. Mejor, cómprense su librito y vayan leyéndolo en el metro.
Comenten y aporten.

¿Qué le dicen a Simón?