Bits, bytes y palmeras.
Ya sabemos que estamos en un mundo interconectado. Y muchos de nosotros (me incluyo) sufrimos ya de estar en un ambiente hiperconectado. Hace varios años, leí una definición de este término que decía que los hiperconectados eran los individuos que recibían por lo menos una llamada a un teléfono fijo, una a celular, un correo electrónico y un fax al día. Por lo del fax se podrán dar cuenta de las fechas en que leí esto y ya desde entonces yo me consideraba en esta categoría. Hoy, con el arribo de la web 2.0, podríamos redefinirlo e incluir redes sociales, blogs, mensajes de texto y cuanta conectividad le quisiéramos incluir.
Ahora que se avecinan las vacaciones, leo en mis redes la preocupación de muchos de manterse en esta vorágine de conexiones en los sitios más recónditos a donde se irán a “desconectar” unos días.
La pura contradicción en los términos me dice muchas cosas; por ejemplo: estar al lado de una alberca, degustando de una bebida con una sombrilla de colores y viendo los gráciles cuerpos de hombre o mujeres semidesnudos tostándose al sol es un momento perfecto para tomar de entre nuestra playera o bolso nuestra BlackBerry, iPhone o cualqier teléfono inteligente para postear en Twitter o en Facebook el momento, despertando la oleada de envidias o felicitaciones de parte de la red, dependiendo de su estátus vacacional. Y de paso, porqué no revisar el correo y ver la última entrada del blog de Alex Simón, que siempre es divertidísima y súper interesante, además de ver el video que nuestro cuate subió a Vimeo o a YouTube. Todo esto sucede en un momento en el que nos estamos tratando de “desconectar” de nuestra rutina diaria, lo que me lleva a una segunda reflexión.
¿De qué nos queremos desconectar? Es claro que de nuestras redes no. Sin importar dónde nos encontremos, buscamos la manera constante de estar compartiendo nuestras vidas con aquellos que conocemos, con los que no conocemos o incluso con aquellos que sabemos que no nos tragan. Hemos generado relaciones de confianza con personas que probablemente nunca vamos a ver. Hablamos como somos y de los que pensamos si reparo alguno y vamos configurando nuestras tribus con nuestros similares. De eso no nos queremos despegar, tratamos denodadamente de estar ahí presentes. De lo que si queremos huir es de nuestras vidas diarias, del trabajo, la familia, las cuentas, el tráfico. Todo esto lo vemos como resposabilidades, como “lo que tenemos que hacer” no necesariamente lo que queremos hacer.
Pensar que estar amarrados a un aparatito es algo que queremos hacer nos coloca en un contexto muy distinto. Sabemos que ese pequeño aparato es una ventana a un mundo de experiencias, conocimiento y diversión, a nuestros amigos y familia que están en cualquier lado, a conversaciones a las 4 am tirando netas y a poder compartir nuestras borracheras, dolores, amores y rompimientos. ¿Cómo vamos a querer desconectarnos de todo esto?
Ahora que se vayan de vacaciones, los que lo van a hacer, llévense su máquina, su BB o su iPhone y compartan con nosotros sus experiencias. No se nos desconecten.
Punto y coma.
Quiero dejar constancia, antes de irme y para que quede plasmado en este medio electrónico por toda la eternidad el asco que me da saber que alguien pueda matar a una niña discapacitada de 4 años, meterla en una bolsa y dejarla debajo de una cama. En este momento no se sabe quién es el responsable de la muerte de la pequeña Paulette Gebara, aunque hay muchas dudas con respecto a la participación de uno o de los dos padres. Si fueron ellos, no me imagino dormir en una casa donde sabes que está el cadaver de tu hija que tu mataste. Pero hasta este momento y sin acusar a nadie, solo suponiendo, la pura idea me revuelve el estómago.
Gracias por chutarse este final.
Comenten y aporten.

¿Qué le dicen a Simón?