Acabo de pasar un par de días en San Miguel de Allende, en Guanajuato. He ido infinidad de veces gracias a que mi familia tiene una casa allá. Para los que no conocen San Miguel, además de ser un pueblo colonial hermoso, tiene la característica que ahí es donde realmente se gestó la Independencia de México. Ahi vivieron Allende y Aldama, dos de los principales promotores de la gesta y era lugar constante de visita de Miguel Hidalgo, cura del pueblo de Dolores, a algunos kilómetros de la ciudad.

Más allá de esta pequeña reseña histórica, que a nadie le hace mal, hay un par de puntos que me gustaría tocar. Por un lado, la importancia intrínseca del lugar. En San Migue fué donde SI se fraguó la Independencia de México. Ahí se juntaron los conspiradores, ahí se organizó el movimiento, ahí se financió. No quiero entrar en discusiones acerca de la efectividad de la lucha ni de que si solo se cambió de manos el poder. Mi punto es que el lugar donde todo esto sucedió es, o debería ser, un verdadero altar a la Patria. En cualquier otro país, un sitio neurálgico como este sería punto menos que venerado, es el símbolo que representa la libertad, los valores como país, la esperanza de ser independientes y poder tomar decisiones. Para los que nunca han estado ahí, les comparto dos imágenes para que sepan las condiciones de nuestro altar:

Así es. El lugar de donde deberían emanar todos nuestros sueños de ser una nación que se autodetermine es ocupada el día de hoy por una tienda de artesanías. ¿Se podrían imaginar por un momento que la casa de Paul Revere, uno de los héroes de la independencia norteamericana fuera un IHOP? ¿O que la casa de Gandhi estuviera a la venta al mejor postor? ¿No se lo imaginan? Pues en México todo es posible.

A pesar de haber estado cientos de veces en San Miguel de Allende, nunca me ha dejado de sorprender esto. Y en estos días de tanta violencia, de polarización social, política y económica y sobre todo de celebraciones bicentenarias, me pone a pensar a dónde vamos como nación.

Desde mi punto de vista, este desdén por los símbolos es una de las proyecciones nacionales más reveladoras de lo que significa México para los mexicanos. Al no tener el menor respeto por aquellas cosas que nos definen simplemente no tenemos identidad. No tenemos de que agarrarnos. Los gobiernos se han dedicado de manera consistente a hacernos creer que la salvación viene de ellos, mientras que la iglesia ha hecho su parte también, manteniendo un país sin valores fundamentales más allá de los que dicta el poder, sumido en la ignorancia, en la pobreza no solo económica sino intelectual, en la desesperanza hasta que llegue un padre tricolor o bicolor protector que nos ayudará a malpasalra y en la tristeza que se resume en un “aquí nos tocó vivir”.

Los más recientes acontecimientos violentos que están literalmente sacudiendo las esferas del poder y la conciencia de algunos mexicanos sólo se pueden explicar en un país así. Los mexicanos tiene mucho tiempo que perdimos nuestras ganas de ser un país. “Ai la vamos llevando. Sacaremos al buey de la barranca. Las reformas que el país necesita. La máxima casa de estudios. El empresario de origen argentino”. Todo se convierte en una anécdota, en una frase hueca, nada tiene sustancia. Lo importante es lo que marca la moda, nadie se hace responsable de nada y que a todos se les olvide. Somos como una gran familia disfuncional, de esas en las que si no se habla no existe, no vaya a ser que a la abuela le de un soponcio si decimos que el primo gay se quiere casar. No somos una sociedad adulta por la simple razón que no queremos asumir ninguna responsabilidad ante nuestros actos y siempre estamos esperando a que alguien nos venga a solucionar el problema.

Muchos se quejan de la inseguridad, pero más de uno fuma mota o toma pastillas y se sorprende que maten a miles al año en la guerra del narco. Todos se quejan del gobierno, pero no somos capaces de tomar la iniciativa y reclamar nuestros derechos -el movimiento #internetnecesario demostró que es posible. Todos queremos que la policía nos cuide, pero a la menor provocación les untamos la mano para evitar una sanción. Todos nos quejamos de la falta de agua, pero pocos la cuidan y siempre es culpa del gobierno por no darnos más y más barata, si no es que gratis. Todas estas son representaciones de lo mucho que nos hace falta crecer no como pueblo sino como personas responsables. El pueblo es la bestia de mil cabezas, pero cada una de esas debería ser un ente pensante y responsable, capaz de tomar sus propias decisiones. Históricamente, esto no existe. El pueblo es ciego, sordo y mudo. Pero hay un grupo que no lo es. Y ese grupo es el responsable del cambio. Si no lo empezamos a hacer desde hoy, desde nuestra casa, desde nuestro trabajo, desde nuestra escuela, podemos irnos despidiendo de ser un país realmente independiente. ¿Quién se suma a fraguar la nueva independencia de México?

PS

Para cerrar y para enojarlos un poquito más, les comparto un correo electrónico que recibí de parte del Diputado Ariel Gómez León, que en días pasados hiciera desafortunadas declaraciones acerca de la ayuda que se estaba entregando a los haitianos. Si no conocen la historia, leanla aquí. Como buen ciudadano responsable, le mandé un airado correo reclamándole su postura, a los que el ínclito legislador respondió de este modo:

Palacio Legislativo de San Lázaro,

a 30 de enero de 2010.

Por este conducto, agradezco a usted, sus comentarios relacionados a mi persona, he ofrecido mis más sentidas y humildes disculpas, con la única finalidad de cumplir moralmente con mis sentimientos, en estos momentos de tribulación, pero creo que no han sido escuchadas, y mucho menos tomadas en cuanta, ya que más bien los medios se han dejado llevar por el amarillismo de la nota.

Lo digo no como político, sino como ser humano imperfecto, que está asumiendo su responsabilidad.

Me despido no sin antes enviarle un caluroso saludo y, reiterarle las seguridades de mis más altas consideraciones distinguidas.

Respetuosamente

Ariel Gómez León

“Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

A mi se me hace que, además de que no entendió, le urgen unas clases de redacción. Comenten y aporten.