Archive for January, 2010

La culpa no es del tuitero…

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Han pasado cosas terribles en los últimos días. El terremoto en Haití, con sus cientos de miles de muertos, la ayuda que no llega, la apatía de su pueblo. La represión brutal que los estudiantes venezolanos está sufriendo en Mérida en manos de su dictador Hugo Chavez. La inminente junta de los promotores del Acuerdo Antipiratería (ACTA) que se lleva a cabo en secreto. El ataque a Salvador Cabañas, delantero del América de México. Y en todos estos eventos, Twitter ha jugado un papel muy importante en conectar a las personas para informar, de primera mano, acerca de lo que está pasando.

Twitter como medio de comunicación tiene ventajas y desventajas. La principal es que normalmente es información en bruto, visto sólo a través del que publica, con las cargas educativas, emocionales o particulares que tenga el tuitero. Pero esto también es una de sus grandes ventajas, ya que por lo general no existe un interés particular más allá de dar un punto de vista. De ahí viene mi comentario.

Los medios, especialmente la prensa, se han dedicado a tener un grupo de personas que están moitoreando Twitter para saber de que va la conversación del momento. Identifica a algunos, los siguen, ven sus comentarios y a partir de ahi generan una nota que por lo general no tiene nada que ver con lo que en realidad se está discutiendo, ya que se editorizaliza en función de los intereses del periódico. Y no me refiero a los periodistas serios que utilizan Twitter para interactuar o como medio adicional, como Pepe Cárdenas, Carlos Urdiales, Leon Krauze o Jairo Calixto Albarrán, sino al medio como institución, que se nutre de fuentes para dar su punto de vista y que generalmente distorsiona.

Un ejemplo claro de esto fue el rumor que corrió acerca de la foto de Salvador Cabañas baleado. Inmediatemente surgieron voces en la prensa que los “tuiteros” (esos tuiteros revoltosos) la estaban haciendo circular, mientras justificaban esta “denuncia” publicando una imagen que además de ser muy violenta, levanta muchas cejas, las cuales no voy a comentar en este espacio.

Las redes sociales están diseñadas para que la gente comparta experiencia e ideas, no para ser fuente de información de periodistas mediocres. Me recuerdan un poco a #clientepitero, que son básicamente expertos de escritorio y que no son capaces de buscar sus propias experiencias e imprimírselas a su trabajo. La labor que los que estamos en las plataformas digitales desde nuestra trinchera está matizada definitivamente por nuestra percepción personal y por nuestros intereses; en ningún momento intentamos (salvo excepciones) imponer nuestro criterio. La mayoría queremos conocer gente con experiencas comunes, ayudar a una comunidad, desahogarnos de nuestro día a día. No pretendemos ser modelo de nada y si a alguien le interesa lo que decimos, sea bienvenido como comparsa o como crítico. Es por eso que en lo personal me molesta muchísimo que las instituciones informativas, pretendiendo ser muy “actuales, plurales y tecnológicas” se agarren de dos o tres comentarios de cualquiera que esté aquí y pretendan extrapolarlo a la opinión de una comunidad que si algo tiene es su diversidad.

Mejor ponganse a trabajar y den su opinión. Les van a comer el mandado.

Comenten y aporten.

El misterio atrás de #clientepitero

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Para todos los que me hacen el favor de seguir en Twitter, en las pasadas semanas he mencionado en repetidas ocasiones el hashtag #clientepitero. Aunque por el momento no voy a revelar si identidad, si quiero echar luz sobre sus prácticas y que ustedes, estimados, puedan entenderme e identificar a sus propios #clientespiteros y podamos hacer algo al respecto.

La principal característica de #clientepitero es su desorganización. Y no me refiero a ésta en lo particular, sino como una actitud institucional. Al grito de “es que nosotros somos así” pasan por encima de agendas, de compromisos, de presupuestos y del mínimo indispensable respeto del tiempo de los demás. No sólo son terriblemente desorganizados, sino que desorganizan a su vez la logística cliente-proveedor que debe de imperar en todas las relaciones comerciales que se precien de serlo.

El segundo punto, como bien lo dice un buen amigo, es su rotez. A la voz de “es que no tenemos dinero” exprimen y exprimen y exprimen hasta más no poder. Si no tienes dinero, ¿para que haces el proyecto? ¿O acaso soy yo, pequeño microempresario que se agarra con las uñas  para no desaparecer en la vorágine de la crísis, el que tiene que solventar los costos de una gran multinacional? #clientepitero cree que el nombre de una empresa lo es todo, olvidando que las empresas las hacen las personas y que estas son responsables de la buena imágen de lo que representan. Para mi, trabajar es cobrar y cobrar bien. Si pensara en la definición física de trabajo, que conlleva esfuerzo y movimiento, mejor me meto de banderero en la carretera y me ahorro muchas células del hígado.

Como tercera caracterísitca, #clientepitero es soberbio, pero a la vez ignorante de los más básicos conocimientos de las cosas que solicita a sus proveedores. Esto, conectado de manera directa a su rotez, es un coctel muy peligroso a la hora de facturar (y sobre todo, de cobrar). Los gastos extras en los que ha incurrido #clientepitero han llegado a ser hasta tres veces lo que ellos habían considerado “en sus números”, que son tan apegados a la realidad como las proyecciones de nuestro secretario de hacienda (en anterior, no este que todavía no da mucho de que hablar). Y como uno, ingenuamente, piensa que está rodeado de profesionales inveterados que saben que es lo que están haciendo y pidiendo, se compromete as un número que es tan fácil de mover como a Carstens de un plato de carnitas (para seguir con la analogía).

Como última característica (por lo menos de éste artículo, porque el tema da para mucho más), #clientepitero vive en el túnel del tiempo. Uno sabe a que hora entra, pero nunca a que hora sale. Aquí es donde se conjugan todas sus deficiencias. Al no saber que pedir, no saber cómo se hace, ser un desorganizado de quinta y no tener el más mínimo respeto por sus proveedores (“porque así somos”), el servicio al cliente se convierte en un viacrucis de horas y horas desperdiciadas, trabajando bajo las peores condiciones posibles por su retraso tecnológico (para referencia, consulten “Carta abierta al de sistemas” aquí en su blog de confianza) y sin poderle hacer entender que así no es la manera más profesional de hacerlo. Relamente lo que #clientepitero desea es tener su chaingang, una cadena de presos corporativos que solventen sus pobrezas y en los cuales soportar, aunque sea por breves días, la operación de sus grandes compañías.

#clientepitero es sólo un reflejo de una actitud, si no mexicana, si latinoamericana. Son compañías que están atrasadas tecnológicamente, sus ejecutivos no están capacitados, les encanta mentir en sus resultados, no saben comunicar ni a proveedores, jefes o fuerzas de ventas. Y como dijo Galileo, sin embargo, se mueven. Los negocios que manejan son tan nobles que venden y prosperan a pesar de ellos. No imagino que pasaría si tuvieran una verdadera crisis y tuvieran que funcionar como una sola entidad con un objetivo claro y urgente. La visión de los prncipales directivos no está en línea con la de sus subordinados y por supuesto, alejada de la realidad de sus fuerzas básicas.

Si eres proveedor, tienes una empresa y debes dar servicio como parte de tu mezcla de ventas, di no a #clientepitero. Se que siempre hay esquiroles que por el solo nombre de una empresa piensan que acaben de golpear una veta de oro. Lo que no saben es que es oro de trompeta.

Comenten y aporten.

¿Intolerancia o desinformación?

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http://mormonmatters.org/wp-content/uploads/2009/08/marriage.jpgA partir de la aprobación en la cámara local del DF del matrimonio entre personas del mismo sexo han surgido voces de todos los frentes atacando o alabando la medida. Diversos conductores, periodistas, políticos e intelectuales han externado su opinión, que va desde la intolerancia más pura hasta la indiferencia, ayudando a polarizar la discusión. La iglesia católica dijo lo que tenía que decir. Yo voy a dar la mía.


No creo que la homosexualidad sea la manera más normal de vivir. La naturaleza nos proveyó de un sexo para la reproducción y creo que lo natural es repetarlo. Pero en este momento no estamos hablando de lo que es “normal” o “natural”, sino de lo que es legal. Y ahí caemos en algo que los mexicanos estamos muy acostumbrados a pasarnos por el estrecho de los Dardanelos, por decirlo de alguna manera.
La decisión personal de con quién se relaciona uno no está regida por la ley. En México, las leyes nos dan esa libertad absoluta, sin restricción de sexo, posición social, altura, peso o algún otro factor. El matrimonio es una institución avalada por el estado mexicano en el que media un contrato del que se derivan derechos y obligaciones de ambas partes. En un principio, lo “normal” era que una de las partes fuera un hombre y la otra una mujer. Hoy, lo “normal” es que hay parejas de todos los tipos, homosexuales entre ellas y que tienen todo el derecho de exigir lo mismo bajo las condiciones de un contrato celebrado ante la ley. A mi nadie me impide asociarme en una aventura conjunta con una persona que tenga preferencias sexuales distintas a las mías o que tenga 15 puntos menos de IQ. Eso sería discriminación según la ley, ya que se está midiendo a una persona a partir de una decisión personal o de una característica física.
Cuando empezamos a medir las cosas desde un punto de vista particular o moral, normalmente logramos la parálisis. Nada se va a mover si dejamos que algo distinto a la ley sea el rasero de las cosas. México está increíblemente atrasado en términos de respeto a la ley y esa es una de las principales razones por las que tardamos años en que las cosas sucedan. Todos pueden tener su opinión y es tan válida como la del de enfrente. Pero la ley debe imperar y si existen razones legales por las que el matrimonio entre personas del mismo sexo sea una realidad, a callar y respetar.
Comenten y aporten.

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