Del timeline de @octavioislasEl pasado 25 de noviembre acudimos varios tuiteros (no se por qué nos identifican así) a una reunión muy extraña: nos invitaron a las oficinas de Manlio Fabio Beltrones, Senador de la República, coordinador del grupo parlamentario del PRI y posiblemente presidenciable. El antecedente es el siguiente: cuando se gestó el movimiento #internetnecesario una serie de políticos de todos los colores se treparon a la plataforma de Twitter, algunos para saber de qué se trataba, otros para estar al tanto, los menos para interactuar de manera inteligente y consistente. El el caso específico de Beltrones, al ser uno de los políticos más visibles de los últimos años, en el momento que entró, inmediatamente lo comenzaron a seguir varios miles de tuiteros, interesados en lo que podía decir. Beltrones, abrumado, se dió de baja a las 24 horas de haber entrado, bajo el pretexto que no podía darle batalla a todos.

Con esa consigna nos invitó. Quería saber como utilizar la herramienta, decía que quería entrarle fuerte. Todos aportamos, le dimos nuestros puntos de vista, él escuchó atento, apuntó, tenía gente a su alrededor que apuntaba más y al final nos dio las gracias muy amable, diciendo que iba a hacer todo lo posible por convivir con la comunidad.

Quién estuvo, quién convocó, cuáles son las intenciones de Beltrones para entrar a Twitter o a cualquier otra plaforma social, creo que son cuestiones que mentes más avezadas en el tema deben tratar. La parte que a mi me llama la atención y que me gustaría compartir es un punto interesante que se tocó en la reunión y que fue tema de mini debate: ¿cuál es la línea que divide lo público de lo privado en el caso de una figura así? Algunos decían que se agradecería más soltura y naturalidad en la interacción, mientras que otros sostenían que por ser quien era no se podía permitir más que cierto grado de conversación, de temas y de lenguaje.

En opinión de este humilde servidor, creo que el beneficio de las redes sociales para posicionar lo que sea (productos, personas, personajes, etc.) está en los dos extremos de la cuerda: el que dice tiene que ser interesante y para el que oye debe ser atractivo. Partiendo de esa base, el tema que se trata en el medio digital es fundamental, ya que lo que se encuentra de manera recurrente y consistente en un lugar causa hábito y hay pocas cosas tan importantes en esta paella llamada red como ser un referente de lo que sea.

El nivel de interacción es un punto que se tocó también. Habemos algunos que estamos pegados todo el día y contestamos de todo, todo el tiempo. En este caso, el uso de la herramienta se podría volver más receptiva que propositiva, un medio para recoger opiniones o solicitar consejos, manejado por un equipo de gente que compile, que resuma y que filtre de alguna manera la información.

El equipo de trabajo para el manejo de redes sociales es una realidad en un caso como este. Mi opinión es que es absolutamente necesario que no se filtre la información para desinformar. De nada sirve tener un canal de comunicación con una comunidad si se van a hacer oídos sordos de lo que en ella se dice. La conversación está sucediendo, participe o no y ,como muy correctamente comentó una de las asistentes, si van a hablar de uno mejor que salga de uno.

Beltrones dice que regresa. Denle la lectura que quieran. Pero si regresa, hay que asegurarnos que se convierta en un canal válido y en un interlocutor interesante. Si no, lo podremos invitar a la estadística del 50% de las cuentas inactivas y que nadie escucha.

Comenten y aporten.

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