¿Cómo sería un mundo en el que los medios se convirtieran en personas? ¿Donde el poder regrese a la gente? ¿Donde los periódicos, la televisión y el radio buscaran su información en blogs, twitts, faces, podcasts, wikis y demás? No está muy lejos.

Hay ejemplos de esto. Cuando el avión de US Airways se cayó en el rio Hudson, cientos de personas armadas sólo con sus teléfonos celulares se acercaron al desastre y comenzaron a tomar fotos, mismas que inmediatamente fueron publicadas en diferentes redes sociales, como Flickr. Horas después, varias de estas imágenes estaban publicadas en los diarios y portales del mundo, sin que mediara pago alguno hacia los autores. Para cuando se publicaban, los medios tradicionales estaban apenas mandando a sus reporteros. Este es sólo un ejemplo de lo que el poder de la gente con un dispositivo móvil puede lograr.

Ahora, llevemos esto a cuestiones más de fondo. El drama de las elecciones en Iran desató una animadversión por parte de sectores de la población que fué rápidamente sofocada por el gobierno. La manera como la gente se enteraba de lo que sucedia fue gracias a Twitter; esto llamó la atención de monstruos como Time que le dedicaron tiempo y espacio en sus abultadas columnas.

El poder de la comunicación está en la gente. Las redes sociales van más allá de poner nuestro status o qué estamos comiendo. Tenemos en nuestras manos gracias a la tecnología un estudio de TV, una sala de redacción y una cabina de radio. Pero como dice El Hombre Araña, con un gran poder viene una gran responsabilidad. Los que de alguna manera estamos tratando de meter los pies en este mar proceloso confiamos en el poder de la gente para nutrirnos, para leernos, para comentarnos y para recomendarnos. Y juramos solemnemente hacer buen uso del poder que nos confieran.