¿Cómo le hacemos?

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Dando un poco de contexto.

En Facebook (ya se, ya se), escribí lo siguiente con respecto a las declaraciones de Peña Nieto del resultado de las investigaciones de Ayotzinapa. Para los que viven en una cueva, el presidente declaró, mutatis mutandi, que ya es hora de dejar Ayotzinapa atrás y seguir adelante como país.

Pocas veces estoy de acuerdo con Peña Nieto. En esta ocasión, al decir que no podemos quedarnos atrapados en Ayotzinapa lo estoy. A los agoreros de la tragedia es lo que les encanta. Buscar su 68, su halconazo, su Aguas Blancas, su guardería ABC. Las cosas pasan, buenas y malas, y en ningún caso podemos clavarnos un pie en ellas para pensar que siempre serán así. Que se haga justicia, si. Que se castigue, si. Que se legisle y se impida que pasen estas cosas, si. Que se mantenga en la memoria colectiva como un terrible y vergonzoso momento de la historia, si. Pero de ahí a moldearnos como nación y que el rumbo de todo lo determinen algunos cientos de personas, jamás.

Mi querida Ceci Yegros @ceciyegros, atinada como siempre, me preguntó:

¿Y qué podemos hacer como nación para que se haga justicia, se castigue, se legisle y sobre todo: Se recuerde? Como diría mi cuate Don Arthur Miller, “El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”

A esta pregunta, yo, desatinado como de costumbre, contesté:

Esa, mi querida Chechu Yegros, es la pregunta de los 10 millones. Te voy a contestar de manera simplista. Es responsabilidad de los ciudadanos.

 

Como sociedad, no podemos doblarnos y dejar que nos follen a su conveniencia, pero los métodos son importantes. Desorden, guerra civil, violencia no son la respuesta. Se ha demostrado y además ya no estamos para eso.

 

El asunto es que estos grupos son minoritarios. Cuando tienes una abstención del 60% en elecciones federales y mayor en intermedias, te dice mucho el tipo de sociedad que tienes. La gente no se involucra. NO le interesa. Lo que le encanta es decir que todo está mal, levantar un dedo flamígero para apuntar al gobierno, a los narcos, a los rateros, a los políticos, a todos, pero nunca lo levanta y se señala a si mismo.

 

El problema siempre está fuera. La solución siempre está fuera. Un país como Canadá o como Finlandia tienen un discurso ciudadano muy distinto. Medios distintos. Ideas grupales. Preocupación por el otro. Nuestros paises que aplauden a los toros y le rezan a la virgen de Guadalupe tienen una visión distinta a otras latitudes. Somos ladinos, vemos de lado, hablamos entre dientes, secretamente queremos ser ese antiheroe que siempre sale bien librado de sus tropelías. No nos da coraje la corrupción, nos da coraje no estar metidos en el negocio.

 

Cuando dicen que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, es cierto. Un país que propone que Cuauhtemoc Blanco, un cuasi analfabeta, que Quico, un “comediante” que no ha hecho nada relevante en 40 años, o Yuri, una cantante de valores volátiles y acomodaticios, sean sus próximos gobernantes o legisladores, es un país que se está quedando sin ideas y está apostando al bling bling político, exactamente igual de lo que se quejan con Peña Nieto -el subproducto que una televisora puso en el poder (si, este es el nivel de discurso). Si esto es lo que aceptamos, nos merecemos todo lo que nos pasa.

 

Al final, somos muchos más los que queremos un país mejor, donde podamos trabajar dignamente, salir a la calle, educar a nuestros hijos y poder tener tiempo libre. Eso no se logra con guerras. Se logra con un enfoque en ser un país de primera, desde la casa. Con respeto a los otros y al bien común. Involucrándonos en lo que pasa en nuestra calle, en nuestra colonia.

 

Si los padres de los de Ayotzinapa no empiezan por quejarse de las razones que tuvo una escuela sin director para mandar a un grupo de estudiantes de primer año a un municipio a 200 kilómetros de su comunidad para ir a protestar algo que no les afecta y prefieren, como lo hacíamos en esta tierra hace 600 años, exigir al tlaotani que le resuelva sus problemas, o peor aún, culparlo a él por su unción divina, estamos muy lejos de tener una sociedad responsable de sus decisiones y del país que se supone que queremos tener.

 

Iba a ser simplista, mi querida Chechu, pero me clavé.

 

Comenten y aporten.

 

 

Ahí se los dejo

 

¿Periodismo o activismo?

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Escuchando las noticias de la mañana, lo que casi me causa una embolia, pasaron la nota del “periodista” que un comando armado secuestró en el municipio de Medellín, en Veracruz.

No quiero minimizar la violencia y el total descontrol que se vive en ciertas zonas del país. Es lamentable que pasen estas cosas y mis pensamientos van con la familia de este señor. A lo que me quiero referir es al entrecomillado de unas líneas arriba. El “periodista”.

Informar es una labor seria. Hay gente que estudia años para refinar el arte de la palabra escrita, de la incisiva opinión en la radio o por lo menos de la cara conocida en la televisión. La apertura de estos medios sociales -que de eso tienen poco- hace que cualquier palurdo con diez pesos y acceso al café internet vierta sus ideas en un blog, del cual este sería un triste ejemplo, y se autodenomine periodista.

Todos tenemos derecho a nuestra opinión y de ponerla donde nos de la gana. Pintarla en las paredes de una dependencia oficial, tener nuestro chuirer, feis o tombler. Podemos grabar nuesto videoblog al mas puro estilo de German o del Werever. Gritar a los cuatro vientos que el alcalde de tal o cual es un ratero o que el delegado no hace su trabajo porque hay baches en las calles. Expresarse libremente es una garantía consignada en nuestra Carta Magna.

Lo que si les encargo de favorcito es que no se cuelguen medallas que no les corresponden. Tener mi blog y decir lo que pienso no me hace periodista. Ser un taxista de Medellín, Veracruz con un montón de ganas de participar en la vida pública y repartir un panfleto con sus opiniones, tampoco. Eso se llama activismo y hay harto. Que lo hayan secuestrado o matado por sus opiniones tampoco lo hace periodista. He sabido de muchos casos de gente que la matan en una fiesta solo porque lo que dijo no le cuadró al que traía la pistola. Como pasó con Charlie Hebdo, pisó el callo que no debía y se la cobraron, pero hay que distinguir entre eso y la labor de un verdadero periodista, que influye en la opinión pública, que marca tendencias de pensamiento, que hace reflexionar a la sociedad con sus letras.

Bájenle dos rayas y no se la crean tanto, mis adorados.

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No soy Charlie

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Lo que pasó en París está muy cabrón. Meterse a una empresa a balacear gente porque no les cuadra lo que dicen no debería pasar en ningún lado. Pero esto me pone a reflexionar acerca de la tan llevada y traida “Libertad de Expresión”
Para la religión musulmana, burlarse de Mahoma es simplemente inaceptable; dibujarlo, representarlo de algún modo distinto a sus cánones está penado incluso con la muerte. ¿Qué necesidad tiene alguien de estar haciendo esto? Dicen que los perros se lamen el culo porque pueden. También cualquiera puede decir lo que sea de quien sea, pero todo tiene consecuencias. Escudarse detrás de la Libertad de Expresión para burlarse de las creencias de otros y esperar que no pase nada es muy irresponsable.
Porque este es el punto medular. Son creencias. No son hechos refutables. Si alguien me discute que la tierra es cuadrada o que los dinosaurios convivieron con los humanos es un argumento facil de destruir, pero cuando pasamos al terreno de la fe, el juego es otro. La gente está muy loca y es capaz de lo que sea con tal de defender sus creencias.
Esto no se limita a los musulmanes, que tienen larga cola que les pisen… en los últimos 15 años. Si nos arrancamos con la iglesia católica, tenemos 2,000 de muy amenas historias de matanzas por contradecir sus creencias. Se espantan porque matan a unos caricaturistas que se burlan abiertamente de la fe de un pueblo pero ni chistan cuando les recuerdan las quemas de mujeres librepensadoras (millones, según algunas fuentes) por no cuadrarse ante la fe católica.
La libertad lleva responsabilidad. Si le rascas los huevos al tigre dudo que te de las gracias. Y estos compas se los patearon y quemaron y echaron ácido durante muchos años. Siempre hay un loco. Siempre.
Ojalá respetaramos más y nos dejáramos de meter en lo que no nos importa. Si los demás quieren vivir cubiertos en sangre y eso los hace felices, ¿a mi que?

Inicio de año

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Desde que tengo razón, la gente dice que el año que termina estuvo muy difícil, las empresas solo hablan de años “complicados”, pura crisis y que no hay nada de que estar contento u orgulloso. No se de verdad como hemos sobrevivido.

Hay tiempos buenos y malos. Ni siquiera son cíclicos. Algo pasa que descompone todo y de pronto pasa otra cosa que lo compone. La verdad es que la humanidad nunca ha estado tan bien. Estamos, aunque no lo parezca, en el periodo más largo en muchísimo tiempo con los menores conflictos bélicos. La gente en general en el mundo come mas y mejor. La tecnología nos tiene mas comunicados que nunca. La expectativa de vida es mayor que en ningún otro momento de la historia.

Pero también tenemos a la sociedad más cínica, nefasta e impaciente que se tenga memoria. Parecemos niños chiquitos que nos quitan la paleta y hacemos rabieta porque las cosas no funcionan como queremos. Nos enojamos ante el pequeño milagro que es tener una computadora portátil que se comunica con el espacio para que subamos la foto de nuestros perros a internet solo porque se queda pensando un poco. Cada vez convivimos menos. Creemos que convivimos porque estamos en las redes “sociales”,que de eso no tienen nada. Nos polarizamos ante ideas porque queremos pertenecer y parecer que nuestra opinión vale. Ya no vemos al otro como igual, lo vemos como enemigo solo porque no piensa como nosotros.

Para mi, estas son las razones por las que siempre vemos todo mal. Nos gana la avaricia, nunca nada es suficiente, todo nos urge. Somos la generación a la que ningún Chile le embona. Vivimos en un perpetuo estado de insatisfacción. Y todo es por decisión.

Cambien el switch. Vean mas a los ojos que a las carteras de las personas. Cuando alguien les pregunte a qué te dedicas contesten “a ser feliz” en vez de explicar su curriculum. Hagan un acto random de bondad. No quieran cambiar al mundo. Sean menos nocivos con el.

Que tengan un buen inicio de año.

¿Estado fallido?

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La soltura con la que utilizamos los términos en México es pasmosa. “Estado fallido” es un lugar donde el colapso es tal que nada funciona, hay revueltas en las calles, escasea el alimento, los servicios básicos son inexistentes, etc. Dense una vueta por Irak o por Burma.

Lo que aquí nos pasa es un descontento de los grupos que no han accedido a la chequera. Usan el financiamiento de los partidos para pagar grupos de choque que desestabilizan todo. Y en estos grupo también está metido el gobierno federal. Todo se hace con la intención de mantener pendiente a la gente de lo urgente y que no vean lo importante.

¿Y qué es lo importante? Que a pesar de que tenemos todo para ser uno de los principales actores en el concierto mundial, no dedicamos a discutir idioteces que los países que nos están rebasando ya pasaron hace décadas: China, India, Chile, el mismo España con todos sus problemas, Nueva Zelanda y un vergonzoso etcétera. Todos están trabajando, produciendo, creciendo. Y nosotros, discutiendo de la casa de una actriz como si eso fuera lo que va a cambiar el rumbo de un país.

Como ejemplo. ¿Ustedes creen que la construcción del tren México Querétaro se detuvo por una mala licitación? Mi padre compró un terreno a 15 km de Qro hace 40 años porque allá íbamos a vivir, ya que se iba a contruir un tren de alta velocidad entre México y Querétaro. ¿Se contruyó? Pos no. Y por las mismas razones que este tren se volvió a detener: por presión de los transportistas (uno de los gremios más corruptos y sucios que se tenga noticia) y por el negocio que se le va de las manos a gobiernos federales, estatales y municipales si sacas de circulación cientos de autobuses por un servicio más eficiente, seguro, rápido y limpio. Que la gente se joda. Que todos tengamos que seguir transportándonos por carreteras en mal estado o en autobuses de dudoso grado de conservación. Todo sea por que los grupos de dinero mantengan su estado actual.

Sigamos haciendo el juego de los políticos. Sigan creyendo a un lado o a otro. Todos son lo mismo, no tienen mayor interés que ver cómo le meten mano a las arcas públicas. Y nosotros pidiendo por Ayotzinapa, que está más manoseado y podrido que nada.

‪#‎QueNoRenuncienQueTrabajen‬

El contenido que uno quiera

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Les tengo una pregunta seria a mis adorados activistas de bolsillo: ¿donde dice que las televisoras tienen la obligación contractual con el gobierno que les da la concesión de que toda su programación debe ser de calidad?
Si analizamos la oferta de contenido de televisa hay cosas rescatables (las menos para no ser linchado). Pero eso no es el punto. El punto es que la gente tiene la opción y la libertad de consumir el contenido o las ideas que quiera. Si quieres ser idiota, es el ultimo de los derechos que deberían quitarte. Así como leer el Manifiesto del Partido Comunista o los discursos del Peje, si quiero llenar mi cabeza de las historias vacías de Televisa es MI DERECHO. Al final, Proceso también provee contenidos (desde mi punto de vista de cuestionable calidad) y hay gente que los consume como si fueran la Biblia o el Coran. Y eso no esta mal. Es SU DERECHO.
El problema es cuando se erigen los dueños de la verdad diciendo que televisa es una mierda y proceso es lo que rifa.
A mi me parece que la diversidad es buena. ¿Cómo voy a saber que una telenovela es de dudosa hechura si nunca he visto una película de Woody Allen? Y eso que hay gente que todavía no entiende su humor.
No es responsabilidad de un productor de entretenimiento educar a la población. Es responsabilidad de los maestros que prefieren andar de revoltosos, de grillos, “queriendo cambiar al gobierno y buscando la igualdad social”. Ese no es su trabajo. Ese es de todos. Que ellos lleven conocimientos a las aulas y que abran la mente de los alumnos y de las generaciones que vienen. Su trabajo es en los salones, no en las calles.

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2 de Octubre. ¿Y si ya lo olvidamos?

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Otra vez es 2 de Octubre. Otra vez saldrán miles de personas a la calle a protestar por un México que ya no existe. Otra vez tendremos que soportar esos discursos retrógrados que lo único que logran es anclarnos al pasado y que vulneran nuestra capacidad de establecernos en el futuro. Otra vez.

Entiendo perfectamente lo traumático que es un evento de esta naturaleza. Cada generación tiene el suyo. Lo que me parece más sorprendente es la capacidad que ha tenido el 2 de Octubre para convertirse en algo parecido a la mitología popular. Hoy, casi ninguna persona que se presenta a protestar por esta fecha estuvo en el evento; bueno, ni siquiera vinculada. La gran mayoría ni siquiera habían nacido. Entonces, ¿de donde viene la fascinación por esta fecha?

Yo creo que es la base de la actitud que tenemos los mexicanos hacia todo lo que nos pasa. Necesitamos tener un culpable y de preferenica que no seamos nosotros. Por eso la figura sempiterna de un gobierno represor, que no me deja crecer y que solo ve por sus interese y nunca por los del pueblo, que paga con su sangre la afrenta de levantar el rostro para intentar ver el sol, es un gran pretexto para evitar avanzar por nuestros propios medios. ¿Para qué esforzarse si el gobienro al final se va a quedar con todo? Bastó un día, el 2 de Octubre de 1968, para dejar en el inconciente colectivo la idea que al gobierno no se le habla de de frente.

Han pasado casi 50 años (46 para ser precisos) y México y el mundo son otros que en 1968. Por supuesto que hay libertad de expresión. Está representada en las cámaras, que antes estaban copadas por el PRI. En cualquier teléfono uno puede verter veneno en contra de Enrique Peña NIeto y hasta donde se, no pasa nada. Cualquier noticiero de radio dice lo que quiere, los periódicos están repletos de crítica, las redes sociales ni se diga. Y ni así estamos contentos.

Yo lo que creo es que no sabemos que queremos. Somos como ese niño que en la escuela estaba enojado con todos pero nadie sabía por qué. No importaba que lo cambiaran de lugar, que le dieran el balón, que lo dejaran tocar la campana; todo, absolutamento todo, estaba mal y en su contra. Así estamos. Con los pies en el pasado, sentados en el presente y dándole la espalda al futuro, esperando que mágicamente las cosas se solucionen por la intervención de un gobierno, que sin importar sus colores, siempre es represor, perverso, mala leche y anexas. Ya nadie se salva. Le han dicho represor a todos los presidentes desde Díaz Ordaz. ¿En serio? ¿Todos los presidentes, sin excepción alguna y sin importar sus creencias personales y partidarias, todos son unos represores? Aunque estadísticamente esto es muy poco probable, la lógica nos dice que es una idiotez. Si asi fuera, yo no podría ni siquiera escribir esto para que lo lean 15 personas y un personaje como Martí Batres ya lo hubieran desparecido hace mucho tiempo.

México es otro. Nosotros somos otros. Seguir con un gancho en el pasado es la mejor manera de no avanzar. Las decisiones que un gobernante y una sociedad tomaron en un momento dado son puntos de inflexión de los cuales cambiamos la tendencia para evolucionar. Continuar con el discurso de Juárez, de Cárdenas, del 68 o de Calderón solo nos ancla al pasado. Revisemos la historia, saquemos conclusiones y a otra cosa. Creo que ya es momento de olvidar el 2 de Octubre de 1968 y centrarnos en el 2 de octubre de 2014. O mejor aún, en el 3.

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El rey a punto de morir.

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Ya se me quemaban las habas por regresar al blog. Bueno. Por regresar. Cuando estás perdiendo el camino dejas abandonado lo que te gusta y escribir aplica muy alto en esta lista.

Bueno. Basta de de quejas. A lo que te truje.

Hoy quiero compartir mis impresiones con respecto a lo que ha sucedido en últimas fechas (casi dos años diría yo) en la industria del contenido, definido como textos, imágenes, videos y audios originales que deben poblar no solo la blogósfera (ay que bonito término) sino todos los medios a los que estamos expuestos.

Algo está pasando en México. No solo son razones económicas, las que sigo sin entender porqué estamos tan jodidos, sino también son razones creativas: nos hemos vuelto huevones intelectuales, poco profesionales y pichicatos a la hora de generar. Los contenidos que consumimos en la televisión y radio nacionales los dejo aparte, porque su patetismo me parece insultante; adoramos a figuras que no aportan, entronamos ideas sin fundamento. Desde los noticieros y programas de revista hasta las emisiones puramente de entretenimiento, llenamos de vacío horas y horas del día. Y la televisión por cable no se queda atrás. nos atascan el buche con programas iguales, en lo que cambia es el personaje pero no la aportación.

Internet se está contagiando de este mal. Los sitios de noticias publican información sin respaldo, con fuentes ridículas o refritos de sitios internacionales. La repetición hasta el cansancio, amplificada por las redes sociales, que lo único que logran es ampliar la confusión, ha logrado una indigestión digital de la que veo dificil que podamos salir bien librados. El exceso de información como la clave de la desinformación.

Pienso que hemos perdido el respeto por el contenido. Consumimos lo que sea. Mis hijos (que imagino que serán reflejo fiel de su generación) pasan horas viendo videos que lo único que promueven es la idiotez, la violencia y el desapego. Basta con que alguien exprese una opinión contraria en Twitter o Facebook para que los verdugos de las buenas ideas la estandaricen, la ataquen y la destruyan. YouTube puede contener cientos de millones de horas de video pero muy poco aporta, educa o sorprende. Estamos en el vértice de una estrepitosa caida hacia el vacío de las ideas.

A los que nos dedicamos a la producción de contenido como una forma de vida y queremos aportar de verdad las puertas se cierran por presupuestos raquíticos o ejecutivos miopes que son incapaces de ver una buena idea aunque estuviera envuelta en Bárbara Mori. Se van por el camino más fácil, tienen pánico a innovar. Con copiar está bien, con seguir la moda de poner un hashtag basta, con hacer una promoción y ganar likes en Facebook están conformes. A pesar del altísimo consumo de contenido (sin importar su calidad) que existe hoy, continúan usando fórmulas que contravienen los principios más básicos de la comunicación. Y así estamos, tratando de sacar al buey de la barranca.

O nos quitamos la venda o nos vamos a dar de frente contra la pared. El contenido es el rey y parece que se está muriendo. Si no lo respetamos, falta poco para que la realidad de esa aldea global nos devore por completo. Ya perdimos varios encuentros. A ver si no perdemos para siempre el campeonato.

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El ojo infinito

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El Ojo Infinito • Foto de Lorena Cejudo Rodríguez

La primera vez que tuve una cámara entre las manos tenía 9 ó 10 años. Era una cámara Kodak 126, de las que usaban flash de cuadrito. Los rollos eran unas cápsulas sensacionales, donde para mi se escondían las personas y los paisajes que les tomaba foto. Mi mamá se los llevaba (supongo que se los daba a mi abuelo, que era un clavado de la foto) y unos días después volvía un sobre lleno de caras, paisajes, comidas y recuerdos. Quedé atrapado para siempre.

La foto en tiempos de mi infancia no era un arte ni mucho menos. Era una manera de atrapar el momento, la sonrisa, el grupo que se repetía en cada evento y que por alguna razón extraña pensaban que si se tomaban una foto tendrían recuerdos indelebles y que con solo verla evocarían cada detalle de esa comida o de ese viaje. Nada más alejado de la realidad. Las imágenes iban a parar a un album que rara vez se veía y, por si fuera poco y como me enteré años más tarde, mi madre tiraba (si, querido lector, dije bien) TIRABA los negativos. Su lógica era que si ya tenía las fotos, ¿para qué quería los negativos?

Viví en este engaño durante toda mi adolescencia. Las fotos eran meros apéndices de comidas familiares que no llegaban a ningún lado. No recuerdo que nadie nunca dijera “que buena foto tomaste cuando fuimos a Tepetlaoxtoc” (este lugar si existe); nadie en mi familia consideraba la foto como una forma de vida o siquiera como algo más allá del album. Para mi, en cambio, la foto era una urgencia. Me encantaba tener una cámara en las manos, aunque fuera una 110, esos remedos plásticos ochenteros que tenían un cartucho por rollo y que a la fecha es el peor formato posble, pero que me permitía guardar lo que yo quería: edificios, flores, paisajes, todo lo que no tuviera una persona presente. Bastantes grupos de tios y primos había visto para mancillar mis fotos. Todos me decían que para qué quería una foto en la que no salía nadie. La verdad nunca supe que contestar, pero la mera idea de tener a alguien parado enfrente de la torre Eiffel o de una puesta de sol solo para recordar que estuvo ahí me daba mareos.

Para mi la imagen tenía que ser pura. Algo que comunicara por si misma. Las personas eran simples elementos que le dieran fuerza, no los protagonistas de un recuerdo vago y vacío. Cada vez me fui metiendo más y más, experimentando y haciéndole moño el hígado a mis compañeros de viaje cuando regresaba con diez rollos y tres fotos con alguno de ellos presente. Empecé a comprar libros de foto, mejoré la calidad de mis cámaras, estudié. Pero esto tuvo un downside. Mis fotos empezaron a ser técnicamente correctas pero perdieron algo que creo que es fundamental en la fotografía: el alma.

Cuando un fotógrafo se lleva la cámara al ojo no solo está capturando un momento: le está imprimiendo su espíritu. He visto a decenas de personas que sin ningún entrenamiento previo logran imágenes de una fuerza sorprendente. A muchos de estos les he ayudado a conocer sus cámaras, explicándoles conceptos como encuadre, composición, exposición o proporción aurea. Pocos entienden de que hablo, pero sus imágenes hablan solas. Y yo, que tanto amo la fotografía, perdí en algún momento ese ojo infinito que puede ver más allá de los elementos y que deja plasmado un sentimiento, un instante mágico. No digo que no lo he logrado, pero la proporción de fotos que tomo (un promedio de 1,500 imágenes en un viaje de una semana) contra las que me siento realmente orgulloso es muy dispar.

Hoy vivo de la imagen. En mi productora me dedico principalmente a vender y a fotografiar en video. Pero no es suficiente. Cada vez me siento más frustrado de no lograr esa ballena blanca, esa imagen que con solo verla se ponga la piel de gallina, la que cualquier persona quisiera tener en su casa; decenas de miles de fotos después, mi ojo está perdido y yo desesperado por recuperarlo. Quiero desaprender, regresar a esa inocencia de ver más allá y que sea natural. Mi primer paso, fue regresar a la cámara de rollo, que mi buen amigo Jazzrockman me hizo favor de venderme (que, dicho sea de paso, siempre fua la cámara de mis sueños, una Nikon F4s) para volver al misterio de la imagen, no saber el resultado y ser más cuidadoso al fotografiar, esperando el momento adecuado para disparar y seguir, sin tener esa satisfacción inmediata.

A mis 45 años he vivido muchas frustraciones y la fotografía sigue siendo el gran solaz en el que retozo libremente. Ahi soy yo y nadie me dice que hacer. Si de verdad quiero ser feliz, la fotografía será un elemento fundamental. Por eso quiero recuoerar mi ojo infinito.

Click. Comenten y aporten.

 

El negocio del video, segunda parte.

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La organización de un proyecto audiovisual es como el amor: todos hablan de él pero nadie sabe como hacerlo. Como aquel, la organización requiere de dedicación, atención, detalles, consistencia y mucha práctica. Por esto y porque soy bien buena persona, les voy a pasar algunos tips de cual es la mejor manera de hacerlo. La organización, no el amor, que eso está en mi cuenta alterna.

Lo primero que hay que considerar es la naturaleza del proyecto. No es lo mismo organizar una película, un comercial, un video corporativo, un proyecto online o un documental. Cada uno tiene detalles particulares, aunque los principios de organización sean los mismos.

Vamos a poner como ejemplo un video corporativo, que es lo que tengo más a la mano.

Por la naturaleza de estos proyectos, es muy posible que tengamos material en video con distintos formatos, bajados de YouTube, DVDs, MP4, MPEG, MOV, Full HD; fotos de celular, de internet, de una cámara profesional; gráficos en Illustrator, PSD, CMYK, RGB,PNG, JPEG, TIF, pegados en un Power Point; audios en MP3, WAV, AIF. El peor escenario posible. Hay que recordar que para este tipo de proyectos trabajamos con gente que no necesariamente sabe de producción y los están nutriendo áreas que a duras penas pueden conseguir los materiales necesarios; dependen por completo de nuestro expertise para sacar adelante el proyecto.

Por más ganas que tengan de brincar directamente a demostrar sus dotes de editor, hay que pensar siempre en el peor escenario: que nosotros no vamos a poder terminar el proyecto. Esto nos obliga a que la organización sea perfecta, para que dado el caso, cualquier persona pueda entender como está preparado y que la dinámica de producción no se detenga.

Una vez que tenemos el material con nosotros hay que estandarizarlo. Las normas para cada plataforma son distintas, así que me voy a centrar en un proyecto realizado en la suite de Final Cut Studio 2, en full HD, 1080p. Insisto, cada plataforma maneja normas similares pero distintas, así que hay que investigar cuales son y hacerlo asi para óptimos resultados. Recuerden. Este es un ejemplo de un video corporativo que seguramente será utilizado en una convención o se verá en una pantalla de computadora. Otros proyectos tienen normas distintas.

Empezaremos con las normas de cada uno de los materiales necesarios y después pasaremos a la organización del proyecto.

VIDEO

Si vamos a trabajar en Full HD 1080p, el mejor CODEC que hemos utilizado es Apple ProRess LT, por el peso de los archivos y la calidad de imagen. Un programa excelente para hacer la conversión de todos los archivos de video es MPEG StreamClip que permite cambiar prácticamente de cualquier formato a cualquier formato. Es un programa muy amigable e intuitivo. Si trabajan con RED o con P2 de Panasonic, es necesario tener los plugins de estos para poder bajarlos a la computadora y hacer la conversión. Chequen la información de su cámara para saber si es necesario un programa adicional para la conversión.

GRAFICOS

El estándar de colores en la televisión es RGB y todos nuestros materiales deben ser así. Es muy posible que si solicitan materiales gráficos a su cliente este los pida a la agencia de publicidad o diseño; los diseñadores gráficos NUNCA trabajan en RGB a menos que sean digitales. Los materiales que lleguen de esta fuente es casi seguro que sean CMYK.

La regla que yo sigo es que las imágenes fijas (fotos, logos, gráficos, etc.) debes ser 30% más grandes que el tamaño del cuadro de video, que es de 1920×1080 pixeles. Esto nos da 2500×1400 aproximadamente. Esto nos sirve en caso que queramos hacer un zoom en una foto, por ejemplo. Tomen en cuenta (y esto es importante que su cliente lo sepa desde el principio), que los pixeles no se pueden crear donde no existen. Una foto de un Blackberry, que se ve del rabo en la pantalla de la computadora, se va a ver del rabo pero en una pantalla de 6 metros en la convención.

El formato correcto para una fotografía es: JPEG o PNG, 2500×1400 pixeles a 72dpi. Usar fotos de 300 dpi no sirve, alenta el proceso y no da ningún valor adicional a la imagen.

Los gráficos que vienen de Photoshop (PSD): si tienen fondo blanco o neutro, eliminarlo y guardar en PNG con canal Alpha, con mismo tamaño y resolución. Si son gráficos complejos, rasterizar los efectos, mantener los layers, tamaño y resolución iguales a la anterior.

Los gráficos que vienen de Illustrator (AI): Específicamente Final Cut no recibe gráficos de Illustrator, por lo que hay que exportarlos a Photoshop y hacer el proceso antes descrito.

Imágenes que vienen de un Power Point (PP): la peor opción posible pero que sucede muy a menudo. Lo mejor es crecer la foto o el gráfico lo que más puedan (seguramente serán de mala calidad, pero es lo que hay), copiarla, abrir un archivo nuevo en Photoshop, pegarla y seguir el mismo procedimiento.

AUDIO

Los formatos más socorridos son WAV o AIFF. No usen MP3. Les va a pedir render cada vez que hagan un cambio.

ORGANIZACION

Una vez que tienen todos sus materiales estandarizados, es necesario organizarlos.

La mejor manera de hacerlo es hacer carpetas en el Finder de Mac manualmente. Hay que tener una carpeta de Gráficos, Video, Audio, Textos, Información, etc. y dentro de estas carpetas, sub carpetas con materiales específicos, como locaciones o stock para video, animaciones, fotos del cliente, fotos de internet, etc. No importa cuantas carpetas generen; lo importante es que los materiales estén organizados de tal manera que cualquier persona pueda entenderlos, no solo ustedes.

Es fundamental que cada archivo tenga un nombre. Es muy desesperante abrir un proyecto y encontra un archivo que se llama 143O3456.jpg. Nombren sus archivos. Si tienen una carpeta con fotos de niños, puede ser algo tan simple como nino01.jpg, nino02.jpg, etc. Lo que más les acomode.

Una vez que definan un modelo de organización, quédense con él. No lo cambien de proyecto en proyecto. Los nombres de los archivos y carpetas pueden cambiar pero la esencia de la organización es la misma. Stick to it.

En breve anunciaremos el inicio de cursos para desarrollo de proyectos audiovisuales, visuales y digitales. Si están interesados, mandar un correo o feedback en este post con lo que les gustaría ver.

Comenten y aporten.

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